Por Gonzalo Figueroa Cea
No me cabe la menor duda que los hinchas del fútbol en general y de Colo Colo en particular, al asociar a Mirko Jozić con nuestro país, recordarán los momentos más emblemáticos del croata en el equipo popular: las obtenciones de la Copa Libertadores de 1991, la Interamericana y la Recopa del 92 y los torneos nacionales de 1990, 1991 y 1993.
En lo particular afloran en mis recuerdos los partidos coperos del 91 en Santiago: la semifinal ante el Boca Juniors de Tabárez, la final ante el Olimpia y aquel partido perfecto ante Nacional de Montevideo por cuartos de final.
Sin embargo hay momentos igualmente inolvidables que explican también el sello Jozić al margen de todo aquello que lo hizo distinguible. El punto de inflexión fue igualmente su punto de partida: ante Universidad Católica en el estadio Monumental en septiembre 1990. Se conjugaron allí juego asociado, posesión, intensidad, frontalidad, no dar una sola pelota por perdida, y, como resumen, un fútbol agresivo en el mejor sentido de la palabra. Dicho de otro modo, vertiginoso. Colo Colo ganó bien el duelo y Católica sintió el golpe de aquel despliegue de fútbol total.
Dio la casualidad que, ante el mismo rival, a pocas fechas del término de ese mismo campeonato y muy cerca de ganar el título, a fines de 1990, la escuadra dirigida por el europeo exhibió otros argumentos para salir airoso en una circunstancia clave. Un gol de Rodrigo Barrera y otro de José Percudani luego de jugadas muy bien hilvanadas por los cruzados y errores posicionales de la zaga alba, pusieron cuesta arriba el duelo para el elenco albo jugada la media hora.
Además de los jugadores referidos, el accionar de jugadores como Jorge Contreras, Gerardo Reinoso, Andrés Romero y Mario Lepe, entre otros, confirmó la superioridad cruzada ante un Colo Colo que no encontraba respuestas eficaces para batir la portería de Cornez, pero que no se entregaba y luchaba por cambiar su suerte. De hecho tras el descuento de Pizarro vía penal, paulatinamente el partido adquirió otro matiz, sin que Católica perdiera protagonismo pero con un Colo Colo mejor parado en defensa y deseoso de lograr el empate, con Barticciotto, Dabrowski y Rubén Martínez como «puntas de lanza» para cambiar la historia.
A dos minutos del final, luego de un tiro libre de Pizarro desde la izquierda, José Daniel Morón cabeceó la pelota (sí: el arquero albo adelantado), Garrido evitó que se perdiera en la última línea al redirigirla de «chilena» al centro del área, Moyano remató en medio del caos, la esférica fue a parar por casualidad en el brazo de Rubén Martínez mientras Lepe habilitó a él y al resto de sus adversarios al estar en la línea de sentencia, y el goleador hizo el gol del empate sin una milésima de segundo de titubeo. Los jugadores de Católica reclamaron, pero el árbitro Gastón Castro no dudó en validarlo y, poco después, decretó el final del partido. Colo Colo dio un paso fundamental a un nuevo título que finalmente ganó con holgura.
El fútbol como un todo
Inclaudicable es una forma de sentir el fútbol añadida a ese juego virtuoso que evita jugar para el lado o para atrás. Esa manera de pensar y ejercer el balompié ya era parte del estilo Jozić cuando fue contratado por Colo Colo tras haber dirigido a la selección juvenil de Yugoslavia que ganó el mundial de la categoría jugado en nuestro país en 1987.
A cargo de las inferiores del club de Pedreros se esmeró en inculcar una forma más eficaz de llegar al gol: pases para adelante, no hacia el lado (aspecto reconocido por el dirigente Jorge Vergara). Sonaba algo irrisorio pero revelaba una brecha detectada por el propio técnico tras ver partidos de las series menores. Y era coherente: su propósito era obtener el máximo rendimiento. Pero había otro desafío crucial: sacar el mayor potencial físico posible, lo que pudo apreciarse, ya con Jozić al mando del primer equipo, durante la pretemporada en La Leonera, previa a la campaña de la Libertadores del 91.
Ese fútbol total importado desde los Balcanes a Sudamérica no solamente se reflejó en los partidos contra la UC en 1990, sino que en la mayoría de los cotejos de Colo Colo durante ese campeonato que la escuadra alba ganó (y donde Arturo Salah y, en breve interinato, Eddio Inostroza, también fueron detés). Pero también fue posible apreciarlo en muchos pasajes de la Copa Libertadores de 1991: múltiples cachañas, fintas y desbordes transformadas en acciones de peligro; generación de espacios ofensivos en zonas de marcas asfixiantes, combinaciones perfectas en escasos metros cuadrados y hasta goles en posiciones casi inimaginables, fueron parte de un repertorio generoso de jugadas extraordinarias. Rubén Espinoza, Jaime Pizarro, Gabriel Mendoza, Patricio Yáñez, Marcelo Barticciotto, Ricardo Dabrowski y Rubén Martínez se transformaron en visitantes regulares de las áreas rivales. La cantidad de atacantes ocasionales hecha contundencia nunca había tenido tanta evidencia.
No quisiera subrayar con lo planteado que haya existido una diferencia casi sideral entre Jozić y Salah (el plantel fue heredado), pero sí que el perfil del discípulo de Fernando Riera era, aunque estudioso, más cauto.
Pero en cuanto a ese «ingrediente extra» que combinó fuerza, garra y corazón (como rezaba un lema de la antigua barra oficial del club) cuando las ideas empezaron a escasear, irrumpieron auténticos «actos de magia» : desde un zapatazo casi de fantasía de Barticciotto en un gol a Concepción, pasando por el gol que Morón detiene en la raya para evitar que el cabezazo de «Balán» González vulnerara la valla colocolina en el duelo con Universitario, hasta el «mano a mano» que Morón le ganó a Batistuta en el pleito con Boca Juniors. Por cierto hay mucho más que contar sobre esa campaña. Todo aquello ocurrió con el maestro como testigo en la banca. Su aparente y caballerosa quietud disimuló mucha observación y movimientos de piezas mentales que derivaron en una que otra solución ante las dificultades que se presentaron. Los autores de los goles de la final (Luis Pérez por dos y el de Leonel Herrera hijo) fueron parte de su solucionática dentro de un plantel maduro y rico en alternativas.
Durante los últimos días, a raíz de su regreso a Chile, Jozić fue objeto de homenajes de Colo Colo y del parlamento en el marco de una agenda, por cierto, más amplia. Es más: la diputada Marisela Santibáñez, reconocida hincha del club, lidera una iniciativa que busca la nacionalización chilena por gracia del técnico. Por mientras, la casa que cobija a jugadores jóvenes del club, fue rebautizada con su nombre, lo que constituye un tremendo reconocimiento en vida al mejor entrenador de la historia de Colo Colo conforme a números y logros. Me permito agregar el reciente lanzamiento del libro de perfil biográfico «Mirko: Historia de un destino» del periodista, ex presidente del Círculo de Periodistas Deportivos y director de la carrera en la Universidad de Las Américas, Ignacio Pérez Tuesta.
Lo anterior y más revela la calidad de leyenda viva que Mirko Jozić representa en la historia de Colo Colo y del fútbol chileno.