La pena de azotes

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Formando el batallón, rígido humilla
Al pobre desertor aprehendido
Que sobre el patio del cuartel tendido
Siente el roce brutal de la varilla
Sobre sus carnes ulceradas brilla
Rojiza mancha. Escúchase aullidos
Cada brazo en el aire da un chasquido
Que las entrañas del soldado trilla.
El sol que sale en el nevado quicio
Irónico sonríe ante el suplicio
Y mientras que vertiendo vibraciones
La banda el patio de sollozos llena,
Una estatua cubierta de galones
Mira impasible la salvaje escena.
Carlos Pezoa Véliz.

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