Manuel Cabieses
Un periodista con mayuscula se ha ido de este estrecho margen de tierra. Manuel Cabieses, siempre comprometido con los derechos de los trabajadores y el pueblo desde sus inicios en la prensa sindical de Copec, en las radios Portales, Nuevo Mundo y Yungay, luego en el diario El Nacional de Venezuela seguido de su desempeño en El Siglo. Más adelante Cabieses fue redactor del vespertino Ultima Hora y desde 1965 en forma paralela a su trabajo en el diario, dirigió la revista Punto Final, que fundó junto a su colega Mario Díaz. El nuevo medio, único de su tipo en Chile, se fue convirtiendo en una tribuna no partidista del pensamiento de la izquierda revolucionaria a nivel latinoamericano. Su línea editorial coincidía en general con los planteamientos del MIR, la organización que dirigía como secretario general Miguel Enríquez.
Tras el golpe cívico-militar el periodista sufrió prisión y exilio, y Pinochet prohibió su ingreso al país. Sin embargo en 1989 retornó clandestinamente para integrarse a la lucha de resistencia en Chile, dirigiendo El Rebelde, el periódico del MIR. Poco después del plebiscito, Cabieses, ya en la legalidad, reinició la publicación de Punto Final, editado en México en dictadura.
El apoyo a Fidel, y a la revolución cubana y al comandante Hugo Chávez, dirigente del gobierno bolivariano de Venezuela, y a los procesos que ambos han liderado en sus países han sido parte sustancial de la línea de la revista en materia internacional.
El periodista Juan Guillermo Figueroa da su impresión acerca de Cabieses:
«Sorpresiva y conmovedora, la noticia sobre el fallecimiento de Manuel Cabieses nos lleva a evocar la imagen de un periodista cabal, respetado por amigos y adversarios. Manuel tuvo fama de hombre serio, de bajo perfil, ponderado y reflexivo. Siendo dirigente del Colegio convivió sin conflictos con quienes discrepaban de sus ideas y –junto a ellos– defendió las prerrogativas y derechos de la institución. A pesar del silencio impuesto por la dictadura sobre los medios informativos no afines, Cabieses supo sortear con buen éxito los malos tiempos. «Punto Final», la revista que fundó junti a Mario Díaz y Hernán Soto en la década de los 60, resurgió fortalecida con el aporte de numerosos colaboradores nacionales y extranjeros. Si bien en los últimos años el papel fue reemplazado por una edición digital, el sello de Cabieses siguió presente.
Uniéndonos a familiares, amigos, dirigentes polìticos y ex compañeros que estuvieron junto a su féretro, desde esta modesta tribuna rendimos homenaje a la memoria de un periodista inolvidable».
En las siguientes líneas publicamos una breve y simple entrevista a Cabieses acerca de su relación con otro periodista excepcional: Elmo Catalán.
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-Elmo Catalán fue colaborador —no sé si fue permanente o esporádico— de Punto Final, y esa es la primera pregunta que quiero hacerle: ¿si él fue colaborador permanente?
—Fue colaborador.
—¿Ocasional?
-Punto Final se fundó en 1965, entonces va a hacer ahora 50 años, en septiembre, y Elmo ya a esa altura, ya había dejado —quizás no soy muy preciso en los detalles, porque estamos hablando de cosa de medio siglo—, pero bueno, ya había dejado el ejercicio del periodismo y ya estaba en otra fase de su vida, que fue la de secretario del senador Carlos Altamirano. Y por esa vía, que era, digamos, su trabajo formal, trabajo político que estaba desarrollando con la revolución cubana, de ir generando condiciones para lo que sería la experiencia del Che en Bolivia.
Con Elmo habíamos sido compañeros de trabajo en el diario Noticias Última Hora, un vespertino que terminó su última fase siendo propiedad del Partido Socialista. Ahí habíamos sido compañeros de trabajo, éramos amigos y seguimos siendo. Más tarde, cuando con un compañero —Mario Díaz— fundamos Punto Final, Elmo colaboró en algunas oportunidades con nosotros, que yo me recuerde. No recuerdo exactamente qué cosas, pero colaboró. Pero él ya había dejado, digamos, el camino de la profesión del periodismo para dedicarse ya más intensamente a sus actividades políticas.
—¿Y en ese diario Noticias Última Hora él escribía…?
—Era un diario de la tarde, vespertino.
—¿Y ahí él desempeñaba una función específica en alguna…?
—Sí, era redactor, reportero.
—¿De cualquier tema?
—Sí.
—¿O exclusivamente de política?
—No, no, incluso creo que no de política, cosas diversas, digamos.
-Venía de Buenos Aires, fue militante comunista, después fue socialista. En esa condición él fue redactor del diario El Siglo. Del Partido Comunista. Él venía de esa fuente, digamos. Después dejó de ser militante comunista y comenzó como reportero en la radio Minería.
—¿Cómo lo recuerda a él como persona?
-A ver, como persona… mire, estamos haciendo un esfuerzo tremendo, estoy retrocediendo a mi juventud. Éramos jóvenes periodistas de izquierda.
—¿Bohemios?
—Muy moderados. No, no éramos de esa generación del periodismo bohemio, digamos; ya había terminado o estaba terminando. Entonces, gente como Elmo, como yo, la generación nuestra ya no estábamos en esa onda, digamos. La compartíamos porque había residuos de eso en el ambiente periodístico.
—Perdone, ¿no eran bohemios por qué? ¿Porque políticamente era como mal visto ser bohemio?
—No. Porque ya eran otros hábitos, otras costumbres, por ejemplo. La época de bohemia del periodismo está muy vinculada a la época de la, digamos, súper explotación de los periodistas de las empresas periodísticas. Luego viene una etapa donde empiezan a nacer los sindicatos; nace el Colegio de Periodistas, por otro lado, que era muy distinto, con muchas más facultades que las que hoy tiene. Entonces la profesión de periodista comenzó a ser más evaluada —o valorada—; hasta entonces había sido muy… Esa bohemia iba de la mano, como te digo, con la súper explotación del periodista: le pagaban tarde, mal o nunca, o le pagaban, qué sé yo, con comida, con tragos. Esa era la realidad. Estamos hablando, eso debe ser de forma aguda, digamos, en los años 40. De manera que cuando llegamos la generación de Elmo y la mía, ya estábamos en otra época, en otra onda. Estábamos luchando por eso, por los derechos laborales de los periodistas, en el imperio de las normas éticas en el ejercicio de la profesión. Entonces no era una cuestión de mirar con desprecio; al contrario, veíamos la bohemia periodística de aquellos años con bondad, con comprensión, incluso también con buenos recuerdos, en el sentido de que los viejos periodistas contaban anécdotas, etc., de la vida de la bohemia, que a nosotros nos hacía disfrutar también de conocer aquello.
—¿Y cómo era Elmo Catalán, su amigo de esos años?
Bueno, Elmo era una persona de convicciones muy fuertes, digamos, y sólidas, y muy fuertes, como lo demostró incluso en su vida hasta su muerte. Entonces hacía que su manera de ser, su carácter, fuera, digamos, regido —llamémoslo así— por una norma de conducta, una visión de la vida que estaba regida por principios ideológicos y políticos. Era un tipo de personalidad fuerte, peleador cuando había que serlo. Digamos, incluso antes de que hubiera que serlo. Elmo era una persona que reaccionaba con mucho rigor cuando algo le molestaba o que ofendiera su idea, que lo incomodara. No era un hombre de quedarse callado, digamos, y aguantar, como suele ser la conducta de la gente en general: hacerse los lesos con alguna cosa para no fastidiarse la vida. Elmo era una persona que reaccionaba sin ninguna precaución cuando algo le parecía mal.
Resumiendo: una personalidad de ideas, con carácter fuerte. Yo no recuerdo bien los detalles de su vida, pero entiendo que había sido una vida sacrificada. Su etapa de joven había tenido, no sé, problemas; tengo la impresión que venía de una familia modesta. De manera que él también estaba marcado por la vida. Él tenía un —no sé yo si era su mejor amigo—, pero pienso que probablemente era su mejor amigo otro periodista llamado Luis Muñoz, que tenía también esa misma trayectoria: venía del Partido Comunista y se había hecho socialista. Entonces Lucho Muñoz y su mujer —él murió, no sé si su mujer habrá muerto—, Lucho Muñoz y su señora eran la pareja amiga de Catalán y su esposa.
¿Y ustedes, cuando conversaban, tenían diferencias políticas? O sea, convergían en lo mismo, pero ¿había diferencias en puntos de vista, cosas así?
-Mire, no, porque lo central en la vida de Elmo Catalán, cuando yo lo conozco, cuando compartíamos y éramos amigos, el eje político central era la revolución cubana, y ambos compartíamos aquella adhesión a la revolución cubana, a sus principios, a las líneas políticas que de ahí fluían. Así que no recuerdo haber tenido —probablemente teníamos puntos distintos en cosas menores—, pero en lo esencial, lo principal, no, no la había.
—¿Se lo podría definir como guevarista, a Elmo Catalán?
—Sí, claro.
—¿Sí? ¿Era fuerte la influencia del Che Guevara?
—Sí.
—¿En todos ustedes?
—Sí, cómo no.
-Tal vez por eso decide irse luego a la guerrilla de Bolivia.
-De ahí él va tomando un camino, verdad, que lo va a llevar, dentro del Partido Socialista, a participar en lo que aquí fue el Ejército de Liberación Nacional, la sección chilena del… El Che Guevara lo había fundado en Bolivia, digamos. Elmo Catalán es un constructor, digamos; participa en la construcción, en el Partido Socialista chileno, de esa sección de Bolivia. Ahí está gente como Beatriz Allende, la Tati, hija de Salvador Allende, y el abogado Arnoldo Camú… que fue el principal dirigente de esa sección, y otros chilenos que se prepararon para ayudar al Che en Bolivia. Finalmente los sorprendió la muerte del Che, la caída de sus fuerzas, pero entonces ellos emplearon esa disposición en ayudar a los compañeros que reemplazaron al Che en Bolivia.
Elmo Catalán tiene bastante que ver con la historia del rescate de los sobrevivientes de la guerrilla del Che. Eso revela la conexión que había entre nosotros. El mensaje de los guerrilleros sobrevivientes, que trataban de salir, me llega a mí, y yo lo primero que se me ocurre es hablar con Elmo Catalán. Yo sabía que estaba en esa; no sabía qué hacía exactamente ahí, pero sabía que estaba.
—¿Cómo le llega el mensaje a usted?
—Un boliviano que llega a mi casa. Tocan el timbre. Ahí se habló con Elmo, y Elmo puso en marcha lo que se trató de hacer desde aquí, de solidaridad, incluyendo la solidaridad de Salvador Allende.
—Aparte que él conocía muy bien toda la zona norte, trabajaba en la Confederación del Cobre y todo.
—Claro, claro.
—Tenía gente ahí.
—Claro.
—Podía ayudar.
—Claro.
-Ahora, otra cosa que me gustaría preguntarle es sobre Prensa Latina. ¿Cómo llega? ¿Elmo Catalán fue uno de los fundadores de Prensa Latina? ¿Sí?
—¿En Chile?
—Sí.
—Se podría decir que… No, más bien los fundadores aquí… uno es Carlos Jorquera, que todavía vive. El “Negro” Jorquera fue secretario de Prensa de Salvador Allende.
Y otro fue —el primer corresponsal, si no me equivoco— un periodista que era de derecha: Rafael Otero, que murió posteriormente; fue parlamentario.
—¿De derecha?
—Creo que fue el primer corresponsal del…
—¿Siendo de derecha?
—Claro, pero bueno, todavía no era el personaje de derecha que fue después, que hoy recordamos. Era un periodista profesional, muy buen periodista; incluso escribió en Punto Final, cuando Punto Final era un folleto. Él escribió un folleto sobre el conflicto de límites con Argentina; era muy buen periodista, pero bueno… Pero Elmo Catalán es colaborador de Prensa Latina. Entiendo que sí, pero no sé de ningún rol muy significativo.
-Ahora, ¿cuál es la enseñanza que deberían sacar las nuevas generaciones de la labor de Elmo Catalán, tanto profesional como humana? ¿Ha sido poco rescatada la figura de Elmo Catalán, piensa usted?
-Bueno, entiendo que en estos últimos días se han hecho algunos homenajes en su memoria, en la Escuela de Periodismo, etc. De manera que hay un hijo —usted ha hablado con él—.
—Sí, claro.
-Hay un hijo que se ha movido en ese sentido. Yo, lamentablemente, no he podido participar en esas actividades, pero eso demuestra que hay un interés. Me informaron que el acto ese de homenaje estuvo bastante bien; había bastante interés de los jóvenes. Bueno, eso demuestra, por lo demás, que sabemos que en esta revista y en la juventud chilena hay una cuota de jóvenes importante —quizás no la mayoría, pero importante— que busca la inspiración en esos personajes, en la historia. Dentro de los personajes y la historia, no cabe duda que está Elmo.
-Ahora, ehhh, para mí —y yo pienso que para mucha gente más— es admirable el desprendimiento de Elmo Catalán de las cosas materiales, o sea, en pos de los ideales. Él, como periodista, era un periodista muy destacado y deja todo eso por irse a la guerrilla a Bolivia. ¿Elmo es un caso aislado de esa generación o es un ejemplo de esa generación?
—No, no, no, no era un caso aislado.
—¿La mayoría de ustedes eran así?
—No sé si la mayoría, pero cuando se habla de Elmo Catalán estamos hablando de una época también. De una época donde predominaban esos valores; eran muy fuertes, estaban muy presentes en la gente de esa época, sobre todo los que éramos jóvenes entonces. Y Elmo no fue ninguna excepción en ese sentido, como lo demuestra todo lo que ha ocurrido en la historia de este país, digamos. Estoy pensando en la dictadura, etc., la cantidad de gente que puso o arriesgó sus vidas, o que las perdió sencillamente luchando contra la dictadura, etc. Son, de alguna manera, herederos de Elmo. Y el mismo Elmo, cuando se va a Bolivia, y también otros chilenos que van a pelear allá, y por supuesto los bolivianos que estaban ahí. Entonces era un tiempo, una época en que —no digo todo—, pero una mayoría de quienes se inspiraban en esa idea estaban dispuestos a dar la vida por esas ideas. La encarnación mayor de ese pensamiento, de esa línea, de ese ejemplo, es el Che Guevara. A mi juicio, los muchos Elmos que están en esta historia.
Ahora, referente a su muerte, hay varias versiones y todo. Incluso ustedes publicaron algunas durante aquellos años, pero después, con el tiempo, aparece otra versión: que lo habría asesinado un mismo compañero de armas. Al final, ¿con cuál versión se queda usted?
—Con esa, la última.
—¿Con la última?
—Está comprobado.
—Ya.
—No cabe duda que fue él.
—Que fue un personaje que ahora es un poeta muy conocido en Bolivia.
—Yo no sé.
—Entiendo que en Bolivia ha dado entrevistas y esas cosas; yo me he leído algo.
-Hay un historiador boliviano, Rodríguez Ostías. Parece que él conversó con este personaje y le preguntó si él había sido, y él dijo: “Sí, yo fui”.
-Pero en ese tiempo no se sabía muy bien; había muchas versiones contradictorias. Había mucha confusión. Todos creíamos…
—¿Que había sido la CIA?
—Sí, o los servicios de seguridad bolivianos, probablemente enviados por la CIA; fue lo que creímos. Y fue lo que el propio TVN, creo, difundió en su momento: la muerte de él y de la compañera. Y después, con el tiempo, se aclaró la cosa perfectamente. De eso no cabe ninguna duda: que fue esa persona. Los motivos exactos, bueno, por lo menos yo no los tengo claros; no sé qué dijo este hombre. Entiendo que él vivía con ellos, era parte de su equipo de trabajo. No sé, alguna cuestión surgió entre ellos… pudo haber… y el tipo se sintió ofendido. Uno puede hacer mil suposiciones, pensar muchas cosas, pero no sabemos cómo exactamente ocurrió, por qué, digamos. Al parecer no fue exactamente un infiltrado, sino un tipo desequilibrado mental, qué sé yo.
—Ahora, ¿recuerda algo que le haya dicho Elmo Catalán que le haya quedado grabado, o alguna situación, algo puntual?
-No, francamente no. Quizás, justamente, cuando uno vive esa época de la historia no está muy atento a recordar, a pensar que estamos viviendo tiempos históricos; entonces todo lo da por natural, digamos. Pero no, no recuerdo nada específico, frases, palabras. Y yo a Elmo Catalán, como así a todos sus amigos aquí en Chile, un día los dejé de ver sencillamente; ya no supe más hasta que supe de la muerte.
—Él se ausentaba de repente harto tiempo, ¿no?
—No sé, porque ya le digo, ya habíamos dejado de trabajar juntos. Pero lo que quiero decirle es que ya no supe más de él hasta que supe de la muerte.