Por Raquel Correa
Foto de Claudio Jara
 
Las responsabilidades del líder socialista en 1973:
 
«Con mi retórica contribuí a armar los espíritus y las manos»
 
 
El ex secretario general del Partido Socialista analiza las causas del desastre de la Unidad Popular. Desde la intervención de Estados Unidos y la derecha chilena, pasando por las propias culpas del gobierno de Allende. Y concluye que «no era posible una vía democrática a la revolución».
 
 
Rodeado de arbustos y flores en su casa quinta de La Florida, con mucho pasto, varios gatos, tres perros y hasta gallinas, vive bucólicamente Carlos Altamirano, el hombre símbolo de la revolución de ayer. Conserva intactas su brillante inteligencia, su ironía, la verba que lo hizo famoso y los modales de caballero de alta cuna.
 
– Me siento identificado con mi Rottweiler – dice después de hora y media de entrevista, señalando a su perro que duerme tranquilamente al sol- . Tienen tan mala fama, pero son pacíficos. Depende del trato que reciban…
 
Altamirano sonríe rara vez. Ya cumplió los 80 años. Muy delgado y atlético, quien fuera campeón sudamericano de salto alto en 1946, tiene el pelo entrecano y la misma manera de hablar de los tiempos de la Unidad Popular. Bien pronunciado, remarcando las palabras, separando las sílabas. Con traje Mao de franela gris y camisa a rayas en el tono, se somete a responder las preguntas que cualquiera le haría hoy a quien fue el ícono en los borrascosos tiempos de Salvador Allende.
 
Aunque vive en el presente, sin nostalgias, la serie de programas sobre el gobierno zde la UP y su trágico fin, lo han obligado a volver al pasado. Se siente atacado. Alega que para qué aclarar las cosas: – Mientras yo sea el gran culpable del fracaso de Allende, todos los demás pueden dormir tranquilos- repite, como hace más de una década, en las postrimerías de su exilio.
 
Revivir esa época ha sido desgarrador para él.
 
– La mayoría de los personajes que ahí figuran eran amigos míos. Y aparecen muertos, torturados, prisioneros… Muy doloroso, pero ha sido extraordinariamente positivo para las posiciones nuestras. Sobre todo para la imagen de Salvador Allende. Porque los jóvenes de hoy no habían visto nunca a Allende, ni La Moneda en llamas, ni a los jefes militares expresándose con la vulgaridad y brutalidad con que lo hicieron el 11. Algo horrendo. Mientras, el último discurso de Allende es bastante bello. Diría que para Allende, a los 30 años se han comenzado a abrir las grandes alamedas como él señaló en sus momentos finales.
 
– A usted lo acusan de que su discurso del 9 de septiembre del 73 en el Estadio Chile provocó el golpe.
 
– Es infantil y estúpido pretender que un discurso dicho 24 horas antes del golpe hubiera podido producirlo. El golpe lo prepararon con meses de anticipación. Pero yo no saco nada con decir estas cosas: al día siguiente viene otro periodista y me sale con que «usted en su discurso del Estadio Chile…». La única respuesta sería: si es inteligente, contéstese usted mismo la pregunta.
 
– Incluso Isabel Allende en estas páginas lo señaló como un error suyo.
 
– Sí, lo leí. Es una opinión, pero me temo que la Isabel no ha leído ese discurso. Nadie lo ha leído. Pero se repite que fue terrible.
 
– En «Altamirano», de Patricia Politzer, está transcrito.
 
– Una parte. La que le pude entregar, porque conservé una parte, no más. Apareció en «La Última Hora» de entonces, pero fue confiscada. En ese discurso no estoy llamando a la revolución armada sino a la defensa del gobierno y denuncio la información que me habían dado unos marineros sobre las intenciones golpistas de la Armada…
 
Después de todo
 
Desde que volvió a Chile – prácticamente el último de los exiliados en retornar- se ha mantenido fuera de la política contingente.
 
– ¿Por qué este autoexilio?
 
– Porque el mundo cambió radicalmente. A eso se refiere el libro que publiqué, junto con Hernán Dinamarca («Después de Todo»). El mundo entero ha cambiado. La milenaria sociedad china está hoy en el proceso de industrialización, de todos los valores modernos. India está en el mismo proceso. Ahí está la mitad de la población humana.
 
– ¿Y usted no cambió?
 
– Sí. También yo cambié. Pero mis cambios fundamentales provienen de cuando vivía en Europa. Seguía los grandes debates que se producían allá. El Partido Comunista italiano ya establecía separaciones definitivas con la Unión Soviética. Surgía el eurocomunismo. Había una multiplicidad de movimientos culturales y políticos que revelaban que el mundo de «mi» izquierda, del mundo en que yo había vivido, ya es pasado. Por eso, en cierta medida lideré el proceso llamado de renovación del Partido Socialista chileno. Tenía conciencia de ese cambio y de que, dada mi personalidad, mi temperamento, yo no estaba dispuesto a intentar liderar una posición absolutamente contraria a la que había sostenido…
 
– Pero, ¿no habría sido un aporte muy importante…?
 
– Sí, pero usted ha visto mi casa. Tiene cosas bellas. Podría decir que soy un esteta y, en cierta medida, también lo soy para mis ideas políticas. No me parecía estético liderar las posiciones absolutamente contrarias a lo que yo había sostenido por 50 años… Y, sobre todo, tanta gente que fue bárbaramente asesinada, muerta, torturada, en defensa de esas ideas y que de repente Carlos Altamirano…
 
– ¿Siente una responsabilidad moral sobre esas muertes?
 
– Claro que tenemos una responsabilidad en todo ese proceso… Por eso, desde un comienzo creí que no me correspondía a mí, sino – como decía Salvador Allende en sus últimas palabras- «a otros hombres…»
 
Pirámide de culpas
 
– Si tuviera que jerarquizar las causas del golpe del 73, ¿a quiénes pondría en la cúspide de la pirámide?
 
– … Todavía veo que las pasiones están muy fuertes. Vea la polémica que se ha armado por si se le rinde un homenaje a Salvador Allende. Patricio Aylwin se defiende que él no era golpista y aparecen varios parlamentarios atacándolo. Falta serenidad, objetividad y capacidad de raciocinio. Ahí juega un papel muy importante la prensa escrita. Monopolizada por una persona y por un grupo, transmite una sola opinión, no da margen para reflexiones. Chile sigue en una polarización tremenda. Eso hace que cualquiera opinión que uno dé sea instrumentalizada en función de unos u otros. Si yo aparezco reconociendo errores – como lo hizo Guastavino- , los partidarios piensan inmediatamente que uno «se está ubicando» y los adversarios dirán «por fin este loquito ha recuperado el sentido común».
 
– En el caso de la Democracia Cristiana…
 
– Lo que importa es cuál es, en definitiva, la actitud de la DC. No que si Aylwin o Frei estaban en tal o cual posición. El hecho concreto es que la DC estaba dividida en tres tercios. Uno apoyaba al gobierno de Allende; otro estaba dispuesto a tenderle un salvavidas y no estimulaba el golpe, y otros estaban a favor del golpe e, incluso, asumieron cargos en el gobierno militar.
 
– En cuanto a los factores que llevaron al golpe – continúa- varios intervinieron. Los enormes esfuerzos y recursos que empleó la CIA. La declaración de guerra que le hizo el gobierno de Nixon a Allende: antes que asumiera se refiere a él como «este hijo de puta» y anunció que harían «aullar» a la economía chilena. El rol de EE.UU. fue importantísimo, pero se cometería un error si se dijera que a eso se debió el golpe. También está el enorme esfuerzo que hizo la derecha chilena, que sí estuvo detrás del golpe. Hace unos días salió en «El Mercurio» – y tiene el recorte a la mano- una insersión de figuras de la derecha justificando el golpe, pero condenando los crímenes posteriores. Que hoy Jarpa u otros digan que no estaban en eso… ahí hay veintitantas personalidades de la derecha admitiendo que sí estuvieron. Si era obvio.
 
– Y usted ¿qué responsabilidad admite?
 
– Yo creo que contribuí con mi retórica…
 
– ¿A armar espíritus y manos…?
 
– Es evidente que contribuí con mi retórica a armar espíritus y manos.
 
– ¿Era consciente de eso?
 
– No, no lo era. Como dijo Marx, «los hombres hacen la historia, pero no saben la historia que hacen».
 
– A la UP se la acusa de crímenes, atropellos, ilegalidades…
 
– De todas maneras queda en pie que el nivel de barbarie y de criminalidad no sucedió durante el gobierno de la Unidad Popular.
 
– La excusa de esos crímenes es que había una guerra irregular.
 
– No – se molesta- ¿Para qué meterse en ese cuento? ¡No hubo ninguna guerra! Varios militares han dicho ahora que a la semana estaba ab-so-lu-ta-mente controlada la situación. De los documentos publicados en «La Conjura» de Mónica González, se deduce que el personaje brutal fue Pinochet. No me puedo explicar el porqué de esa barbarie. En la Revolución del 91 los historiadores hablan de hasta 15 mil muertos. Para qué recordar las grandes masacres de La Coruña, Santa María de Iquique, de San Gregorio. Chile tiene la imagen de ser un país de una gran estabilidad, legalista, constitucionalista, civilizado… Esa imagen ha continuado dominando, pero en el trasfondo de la sociedad hay una terrible violencia. Se manifestó en el golpe del 73.
 
– ¿Y el Plan Z?
 
– Una mentira. En su redacción participó Gonzalo Vial. Es inconcebible que un historiador católico y de cierta seriedad haya colaborado en algo que motivó las peores torturas.
 
– Después del golpe se exhibieron muchas armas…
 
– Las que había en Tomás Moro. Armas que tiene todo gobierno. La Ley de Control de Armas permitía a las FF.AA  allanar y no descubrieron armas, porque ¡no había armas! Ni Plan Z ni Libro Blanco.
 
– ¿No le parece grave haber desahuciado la vía electoral y propiciar la toma del poder por las armas?
 
– Sin duda fue una infortunada declaración del partido, de cinco renglones… Si algo se nos puede criticar, a nosotros y a mí, es que no hayamos sido consecuentes con esa declaración del congreso de Chillán. Fuimos por la vía electoral. La derecha fue la que recurrió a alcanzar el poder por las armas. No esperó las elecciones, no respetó la Constitución, ni presentó una acusación constitucional como Dios mandaba.
 
– ¿Y qué pasó con el aparato armado de la UP?
 
– Había 50 hombres del GAP con armas livianas. Li-via-nas que no son para enfrentar un Ejército ni una comisaría.
 
– Usted reconoció que el PS tenía un aparato armado…
 
– Mínimo. Se hablaba de 20 mil hombres armados, una exageración. Ni 150 en total.
 
– El Mapu, el MIR, el Partido Comunista también tenían armas.
 
– Según mis informaciones, no llegaban a mil 500 hombres en total, con armas livianas. El MIR tendría 600 hombres, el resto con preparación en algún polígono. Pero preparación militar, de estudios estratégicos y tácticas militares, ¡nadie, nadie!
 
– ¿Entrenados en Cuba?
 
– Sí, se entrenaban en Cuba para disparar en un polígono. Y eso está absolutamente confirmado por los hechos.
 
– Usted lamentó que no se hubieran coordinado los diferentes grupos armados.
 
– He lamentado que el Gobierno de Allende no hubiera tenido una política militar que incluyera este mínimo contingente popular, y también a las enormes masas que apoyaban al gobierno y a las FF.AA. Que no haya habido una estrategia militar de defensa del gobierno.
 
– Se habría producido una guerra civil.
 
– Existía ese riesgo. Pero si hubiera existido esa política militar, algunos sectores de la Marina habrían depuesto sus afanes golpistas. Así se explica que entre los asesinados por fuerzas de derecha, por grupos de derecha, por inspiración de la derecha, no sólo estén los dos Comandates en Jefe del Ejército- Schneider y Prats- , sino que el Comandante Araya. El Partido Socialista ¡jamás! ha asesinado a nadie. La derecha en Chile ha sido extraordinariamente violenta. El gobierno de Alessandri Palma armó a cien mil hombres, a los que llamó Milicia Republicana. Un ejército paralelo. En nuestra época se llamaron guerrilleros: podría decir que mantuvieron cien mil guerrilleros.
 
LA GRAN CONTRADICCIÓN DE ALLENDE
 
¿Demócrata o revolucionario?
 
– A usted lo acusaban de termocéfalo.
 
– Todas esas descalificaciones… Hay que ponerse en el contexto de la época. El mundo se había radicalizado, y Chile, en consecuencia. Un Hitler pretendió dominar el mundo en función de una concepción racista, un Stalin quería conquistar el mundo para imponer su verdad comunista. La propia Iglesia Católica realizaba su Concilio Vaticano II, que importaba una verdadera revolución. En América Latina aparecía la Teología de la Liberación y curas guerrilleros también.
 
– ¿Cuál era su sueño entonces, su utopía?
 
– Mi sueño era cambiar la sociedad chilena, que para mí era una sociedad basada en la injusticia, la explotación, la dominación de un pequeño sector social que yo conocía bien – parte de la odiosidad que se centró en mí fue por mi origen social- . El hecho es que yo, como Allende, aspirábamos a este cambio profundo. Por ejemplo, no se ha analizado – porque aquí nada se analiza ni se reflexiona- que Allende se radicalizó. En la época en que yo lo conocí, por 1945, en que inicié una muy grande e íntima amistad con él, dentro del partido era considerado un social demócrata. Y la social democracia no era bien vista en el PS. Muy derechista, no revolucionaria. Sin embargo, Allende, en la década del 60, fue experimentando un proceso de radicalización al punto que es él quien aprueba el programa de la UP, y una y mil veces afirma que lo cumpliría implacablemente. El programa de la UP era revolucionario; por algo llevó a lo que llevó.
 
– Entonces, ¿lo de la vía al socialismo en democracia y libertad no era posible?
 
– No. Para mí no era viable con ese programa. Uno no puede adoptar un programa muy radicalizado, revolucionario y una vía muy pacífica y reformista. Ahí hay una contradicción muy profunda. Y esa contradicción estaba en Salvador Allende. Entre ser un auténtico demócrata y reformista y haber asumido posiciones francamente revolucionarias.
 
– Por ejemplo – cambia de tema- , se dice que el PS estaba en posiciones más extremistas que el PC. Le tendría que decir que es cierto, pero, si le digo eso, al día siguiente aparece en la prensa «Altamirano reconoce que el PS era más extremista que el PC», sin agregar en qué contexto lo digo. El PC tenía posiciones más moderadas por su carga histórica horrenda: haber suscrito las 21 tesis de Lenin que obligaba a todos los PC del mundo a transformarse en apoyadores del régimen soviético con sus luces y sus horrendas sombras. Si lee los documentos de la CIA, el problema para Nixon y Kissinger era que una alianza comunista gobernara en Chile. El PC, que, donde había triunfado, había establecido lo que se llamaba la dictadura del proletariado.
 
– ¿La dictadura del proletariado no estaba en sus planes?
 
– No. El PS tenía posiciones decididamente más revolucionarias que los comunistas. Cuando hablo de revolucionario me refiero a cambios radicales y profundos en las estructuras de una sociedad y, además, de que esos cambios son imposibles a través de una vía pacífica, democrática.
 
– ¿Eso lo pensaba en los años 70?
 
– Lo pensaba y más de una vez dije que el gobierno estaba condenado a un inevitable enfrentamiento. En ningún lugar del mundo se ha producido el cambio radical de una sociedad sin guerra o revolución.
 
– ¿Le dolería que lo tildaran de renegado?
 
– Por supuesto. Pero desde un comienzo fui partidario de que el partido abandonara su fundamentación en el marxismo, aunque el marxismo fue una gigantesca contribución al desarrollo progresivo de la humanidad desde el siglo XIX. Más allá de los horrores que se cometieron invocando a Marx. No es culpa de Marx que un Stalin, invocando su pensamiento, asesinara a 20 millones de rusos.
 
– Las tomas de fundos, de industrias, ¿fue algo espontáneo?
 
– Creo que en un 60-70% eran espontáneas. En menor porcentaje eran provocadas por dirigentes del PC, el MIR y el PS. El PS es el que menos tomas promovió. Otro error fue implementar un programa tan radical sin tener una mayoría política y social que apoyara esos cambios.
 
– ¿Allende quería convertir a Chile en una segunda Cuba?
 
– No. Así como reconozco que Allende fue tomando posiciones cada vez más revolucionarias, le digo que una segunda Cuba ¡jamás!
 
– Para usted ¿Cuba es un modelo?
 
– No. Tiene muchos aspectos extraordinariamente favorables – educación, salud, el fin de la discriminación de los negros- , pero es un régimen asentado en un sistema dictatorial. Fidel tiene un pretexto: el bloqueo americano. Para mí esa disculpa no es válida porque ha mantenido a su país durante décadas sin poder expresarse democráticamente.
 
– ¿Cómo ve hoy al PC chileno?
 
– …Esas son las cosas que no me gusta decir, pero la verdad es que el PC está fuera de la historia. No es actor de la historia hoy día.
 
POLÉMICA RÉPLICA
 
«Obsesivo afán» de la DC
 
Después de hecha la entrevista, Altamirano leyó el artículo «Allende y el Partido Socialista» de Ignacio Walker («El Mercurio», 27 de agosto) y reaccionó dictando su respuesta:
 
– No logro comprender el obsesivo afán de diversos dirigentes de la DC en intentar eludir sus responsabilidades históricas excusándose en presuntas decisiones de la directiva del PS.
 
– Para Patricio Aylwin, no habría llegado a un acuerdo con el gobierno de Allende por oposición del PS. Ignacio Walker insiste también en la misma afirmación. Y Luis Pareto, en otra declaración, sostiene que en una reunión en que participaron Renán Fuentealba, Patricio Aylwin, dos parlamentarios del PC y yo, me habría negado a buscar una salida como deseaba hacer el PC y me habría retirado de la reunión.
 
– Debo decir que jamás existió tal reunión y basta preguntarle a Renán y a Patricio si alguna vez estuvieron en algún tipo de negociación conmigo. No veo por qué Patricio Aylwin no responde directamente a quienes lo están acusando de golpista y que no son, precisamente, miembros del PS y que, por el contrario, contribuyeron a su elección como Presidente, le colaboraron lealmente, a pesar de haber sido un tan grande opositor al gobierno de Allende. Y por qué Ignacio Walker, «buen analista político», no emplea su talento y conocimientos en hacer un análisis de las «correlaciones de fuerza» de su propio partido, tanto durante el gobierno de Frei como en el período de la UP y cómo él explica la cerrada oposición de Rafael Agustín Gumucio, a la sazón presidente de la DC, a su propio gobierno. Y por qué más tarde se escindiría un número tan alto y brillante de jóvenes DC para incorporarse a la coalición de la UP. Y cómo explica la reciente afirmación del senador Rafael Moreno en orden a que él, junto con Bernardo Leighton, habían redactado el voto de apoyo a la proclamación en el Congreso de Salvador Allende con la cerrada oposición de Patricio Aylwin. A pesar de haber sido el PS un partido díscolo y portador de diversos grupos y facciones, como lo advierte Ignacio Walker, bajo mi dirección permaneció absolutamente unido y leal a su Presidente, a diferencia de lo ocurrido en el gobierno de Frei Montalva.
 
IDENTIDAD
 
Carlos Altamirano Orrego, 80 años, casado en segundas nupcias con Paulina Violier, tres hijos.
 
Estudios: Primarios y secundarios Liceo Alemán.
 
Profesión: Abogado U. de Chile.
 
Filiación política: Partido Socialista.
 
Trayectoria: Abogado de la Papelera (42-43), la Cía. Chilena de Electricidad, Banco Sudamericano y Consejo Nacional de Comercio Exterior (53-58). Subsecretario de Hacienda en segundo gobierno de Ibáñez. Diputado por Valdivia, La Unión y Río Bueno (1961-65). Senador por Santiago (65-73) Reelecto. Secretario General del PS (1971-73). Exiliado 20 años en Alemania Oriental y Francia, hasta 1991.
 
Publicación: «Después de Todo».
 
 
 
Raquel Correa

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