Por Persus Nibaes

Hola querida Laura

Hoy temprano leí tu libro dos veces. Me produjo una sensación telúrica, como si tu canto estuviera conectado a cada planta y a la corteza terrestre.

Vengo desde un país terremoteado a este país tropical y me encuentro con que los orgasmos del planeta son terremotos que nos sacuden de placer y muerte.

Veo en el libro en general una voz que dialoga con sus deseos a través de las cosas vivas de la selva. Los ríos tropicales abundantes de insectos son a la vez senos y cuerpo terrestre, deseo de vivir como pulso sexual de clítoris y lenguas. Me sentí muy identificado, dije guau!, así escribe una mujer segura de su cuerpo, sin los complejos que le otorga a la mente el frío austral de mi país.

Esta poesía me parece que al desear de manera nocturna el propio cuerpo y el de otro, hace una analogía con los movimientos de la naturaleza húmeda colombiana. En mi mente hago el símil entre selva y cuerpo. El viento, la lluvia, los truenos, los rayos, toda la geografía hace el amor, tiene sexo, folla y no tiene complejos.

Mi mirada como chileno a la literatura erótica escrita por mujeres colombinas siempre va a ser de admiración, pues mi conservadurismo, a pesar de que me creo de izquierdas como dicen los españoles, va ser la de admirar la valentía para decir; esta soy, este es mi cuerpo de mujer libre, estas son mis ganas y mis deseos y quiero dejarlos estampados en poesía. Este es el cuerpo que me gusta, así es. Es masculino, viril, fálico, y no tengo problemas con cierto sector del feminismo que quiere desmontar mis ganas de mujer, no, yo deseo el cuerpo de un hombre y punto. Quiero que me penetren en lo más profundo de mi alma. Esta soy yo. Gracias por la paráfrasis, pero más que las formas, me gusta el fondo del libro. Explora el placer desde el cuerpo femenino. A mí que tanta falta me hace el cuerpo de mujer en mi cama, duermo solo. Entonces Laura me regala su libro en un restaurant bien lindo en el Jardín Botánico de Medellín, en el que un aguacero nos obliga a refugiarnos y al lado hay un concierto de música electrónica.

Me llama la atención el poema Saciarte, pues ve el acto sexual como una lucha en el que el hombre al ya no tener más energía sexual después de haber eyaculado, es visto como un derrotado, como si el encuentro erótico sexual fuera una lucha titánica en el que debe haber un ganador y un perdedor, y el macho, ganador en apariencia en las selvas del deseo, se retira derrotado del campo de batalla amatorio, seco, como un boxeador a su esquina. El libro de Laura Bastet Kali, Anatomía del Deseo (2020), explora los deseos eróticos de una mujer del trópico y se enmarca en la tradición erótica de Safo, poeta griega cuyos 9 libros contenidos en la Biblioteca de Alejandría fueron quemados por orden del Papa Gregorio VII en el siglo IX por considerarlos inmorales.

Hoy leemos el poema Manos: Tus manos/logran dominarme/conducirme a inhóspitos pasajes/es donde el placer/se funde/con el centro de mi tierra.

O el poema Boca: Tu boca/me recuerda/las rosas/arreboles del verano/los algodones de azúcar del parque/el almíbar de las flores de cerezo/quiero saborearlos/para luego/ lamer todo tu cuerpo. Desde mi cultura chilena, provinciana, conservadora, admiro esta poesía abierta, sin ropa, de una piel morena suave y exuberante, tropical y que tanta falta nos hace allá en el frío.

Quisiera que las colombianas y venezolanas que por miles se mudan a Chile por estos días, nos lleven también junto a su piel morena, el clamor de los hoteles que por las noches no me dejan dormir y me enfermaron de insomnio en Medellín, un insomnio musical, plagados de gritos de placer, que tanta falta nos hace en el horroroso frío del mojigaterío ohigginiano, que nos quitó el carnaval y nos agregó un desierto de camas heladas y culposas. En Anatomía del Placer de Laura Bastet Kali no existe esa culpa cristiana. Son los primeros versos de una nueva mujer liberada de curas y papas a los que les encantaba quemar mujeres y libros.

Medellín, 30 de enero del 2022.

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