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Crónicas - marzo 1, 2021

52 días en Medellín

Por Persus Nibaes

Hace un año exacto.

Estuve 52 días en Medellín. Mi octavo viaje. Los primeros días -aparte de salir con mi hijo a todos los parches- tuvo lo bueno de haber conocido un artesano venezolano. Nos hicimos amigos de una, en el hostel al que solía llegar. Después me fui de ahí pero esos primeros días compartí con este man. Pertenecía a un pueblo indígena de Venezuela y llevaba años viajando con su artesanía. Nos juntábamos e íbamos a fumar a la plaza de la Bailarina. Se llama así porque en esa plaza del municipio de El Poblado mataron a una chica que era bailarina. Entonces antes había un vestido en un árbol que dicen era de ella. Es una plaza muy linda con vista a la ciudad donde siempre me encanta ir a leer. En esas vueltas con el artesano conversamos de todo. Me llamaba la atención como a cierta hora de la mañana la plaza era visitada por un niño drogadicto. Todas las mañanas pasaba buscando angustiado restos de baretos tirados en el suelo, cigarros, bolsas con restos de cocaína a la que le pasaba la lengua. Se metía todo lo que encontraba con tal de sacar su mente de su pobreza. Es tal la abundancia de Medellín que alcanza para los rezagados del parche al otro día en la mañana. Un par de veces pasó y el artesano que tenía un gran corazón le decía que espere, que le íbamos a dejar la cola. El niño drogadicto esperaba por ahí sin hablar, pendiente que no nos fuéramos a fumar todo. Así como él se cuentan 30 mil personas drogadictas en Medellín en situación de calle según algunos medios. Corre el rumor que algunos los matan y los venden como falsos guerrilleros, los llamados falsos positivos y que cobran 5 millones por cada uno muerto. Pero no sabría decir si las cifras son verdaderas o no. El artesano me contó que viajaba por todo el continente vendiendo y haciendo sus artesanías. Me recomendó visitar la Riviera Maya al sur de Cancún. Dijo que ese lugar era mágico. Me contó de Venezuela, lo que todos saben, Chávez, Maduro, etc. Pero nunca me voy a olvidar de algo que me dijo.

-Mira broda, Venezuela es un país riquísimo webón, yo sé que ese país va a salir algún día adelante, eso es inevitable porque los venezolanos son trabajadores. Pero esto que está pasando broda, esto es un baño gigante de humildad hermano. Los venezolanos hemos tenido que mordernos la lengua, secar nuestras lágrimas, aprender a pedir, a sufrir y eso broda, eso no es malo hermano.

-Si le dije yo, me imagino, en el fondo la humildad no es mala pero no es una buena forma de llevar a tu país a la humildad, matándolos de hambre.

-Si eso es verdad hermano, no es la forma. Yo no sé, pa mí que Maduro trabaja pa EEUU y dice ese discurso anti imperialista y al final no gana nada, cada vez más pobres webón, y quién gana con la pobreza de Venezuela? EEUU obvio. Obvio que si.

-Bueno ahora el país está dolarizado. Le dije como para argumentar a su favor.-Hace rato home, hace rato, si esa plata no vale nada la plata nuestra, el Bolivar no vale nada. Hace tiempo ya que pagamos todo en dólar, ahora que el gobierno lo venga a reconocer es otra cosa.

-Igual que Ecuador- le dije-, también un país con petróleo y una economía dolarizada, que raro no?

-Si broda, eso está muy raro allá. Yo me pregunto; si Guaidó se declara presidente encargado, porque no lo detienen? No eso está raro home.

Me dijo fumando y pasándome el bareto mientras se arreglaba el pelo largo. El artesano se parecía al bajista de Metallica ese que está ahora. A Robert Trujillo.Después de unos días el artesano se fue y me cambié de hostel a un hotel con baño privado. Un poco sencillo el hotel pero me sirvió tener baño privado porque esos días me enfermé del estómago. Desperté una noche y tenía unos retorcijones tremendos que me tuvieron desde las 3 de la mañana en el baño. Ese día me reporté enfermo y no pude salir con mi hijo y me lo pasé todo el día en cama pensando qué fue lo que comí que me hizo mal, si fue la arepa que comí la noche anterior, o el agua o la fruta. Luego me volví a mudar a otro hotel ya más tranquilo y me tocó ir de invitado a la Universidad EAFIT a un homenaje a la Pola. Me tocó exponer con mi amiga poeta Johanna Carvajal que también es historiadora y conocer a la investigadora y docente Carolina Mejía quien me invitó al Coloquio. Aprendí varias cosas que no sabía sobre la Pola en especial que ella no era blanca como decía la historia, sino que era morena y los historiadores la habían blanqueado en su trabajo de contar el pasado. Ahí fue cuando me dieron ganas de decirle a los soberbios historiadores que habían en el lugar, que la disciplina histórica era una forma de literatura para mí, y que el método histórico no era más que solo eso, un método para escribir el pasado de un grupo de personas que les conviene que la Pola sea blanca y no morena, pues así hemos pasado la historia. Contando historias que nos convienen, como ésta en que no les puedo contar todas las cosas que me pasaron en los 52 días. En fin, allá los historiadores con sus proyectos todos muy serios y planificados en excel.

Medellín y sus recovecos

También un día hubo amenaza del ELN: que al otro día iba a haber un atentado terrorista en territorio colombiano. Paro Armado le llaman. Yo pensé que siempre iba a estar a favor de una revolución social pero que no me gustaría que le hagan daño a mi familia. La situación en Colombia es compleja en materia de guerrillas como el ELN y ahora resulta que las FARC se están matando entre ellos, los movilizados con los desmovilizados y que Timochenko ahora es un padre de familia que quiere la paz y ya no un temible guerrillero, qué poco romántico! No sé, hay muchas cosas raras en la política colombiana que mejor no meterse sin saber todos los problemas a fondo, pero si me llamó la atención que el propio General del Ejército Colombiano haya enviado disculpas fúnebres a los familiares del difunto Popeye, ex jefe de sicarios de Pablo Escobar. Eso si ya me pareció muy garciamarquiano. Demasiado diría yo y mi antigarciamarquismo que había empezado con la lectura de algunos textos de Andrés Caicedo terminó de configurarse con la lectura de los Manifiestos Nadaístas de Gonzalo Arango. Ese tipo si que era anti garciamarquiano y anti todo. En el fondo pienso hay que entender muy bien a Colombia como Andrés Caicedo y Gonzalo Arango para ser antigarciamarquiano. Si cuando uno lee Cien años de Soledad uno ama al Gabo, lo ama y lo adora como se aman los grandes escritores, pero bueno igual Caicedo y Arango tienen razón y por algo les están estudiando su obra siempre, no es cosa que hablen desde la envidia al Gabo, sino quizás un poco desde el sobrino travieso que vio a su tío trabajar en la pala y después cuando se hizo millonario se fue con los ricos y se olvidó que fue pobre. Esa es un poco la idea. De todas maneras terminé de leer los Manifiestos Nadaístas y voy a escribir una reseña. También aproveché de escribir el índice de mi próxima novela El Revisorio.

Pasaron los días y me tocó conocer la historia de unas niñas que habían perdido a su padre por sicarios. La verdad nunca había escuchado una historia tan fuerte y creo que merece ser capítulo de la novela Papelillo que estoy escribiendo y donde se narran hechos delictuales en los cerros de Medellín. El cuento es simple, el papá de las niñas se hizo narco digamos micro y se ganó una olla en la que le iba bien. Creció y creció su olla hasta que decidió dar el gran salto y pasarse de la venta de baretos a la venta de merca.

Ahí firmó su sentencia de muerte y un día cuando iban con su hermano a la olla aparecieron unos sicarios en moto y bang, bang. Lo mataron. Al hermano igual le dispararon pero no murió, en cambio el cuerpo del papá de las niñas lo tiraron a un barranco de donde hubo que rescatarlo para darle sepultura. Obviamente el negocio de la merca se terminó en la familia.Otro día me tocó algo muy inusual y es que los que viven en el Caribe saben de esto. Medellín fue visitado por un temporal tan grande que tiró al suelo árboles y cables eléctricos. Lo primero fue que al desatarse la tormenta salieron tremendos rayos y truenos y pasó una mucama desesperada pidiendo que cerremos todas las ventanas del hotel. Luego se fue la luz y la internet y comenzó una lluvia despiadada. Parecía que todas las calles eran ríos y justo tenía que ir a ver a mi niño, así que me armé de valor y salí en una ciudad caótica con árboles cortando las calles que ya de por si son congestionadas.

Otro día me tocó comprarme una mascarilla porque la contaminación me estaba haciendo arder los pulmones. La verdad es que Medellín es una ciudad difícil para vivir y yo nunca había pasado una experiencia como la de salir con miedo al terrorismo. Ese día me tocó llevar a mi niño a hacer unas vueltas y pensaba ¿qué pasa si los del ELN ponen una bomba en una estación del metro y nos vamos a la cresta? Pero bueno, quizás esas cosas así a uno le entreguen experiencias de vida que son imposibles de vivir en su país. En Chile no existen ese tipo de guerrillas y al otro día se supo que el ELN había actuado y que habían no sé cuantos muertos por allá por unos pueblos cerca de Venezuela. Lejos de donde estaba, pero si me asusté.

Otro día iba para la estación de metro y escuché una conversación de dos chicas, una decía que en su barrio no se puede entrar después de las 10 de la noche. Que es peligroso y los bandidos del barrio cobran peaje por entrar o no dejan entrar. Entonces la otra chica le decía que se quede en su casa a estudiar. Luego recibí la gran noticia que me iban a publicar una novela en Bogotá en una editorial más o menos grande y así pasé los días respondiendo correos para afinar el tema del contrato. Esos días que necesitaba trabajar concentrado me iba al Centro Comercial Arkadia que queda cerca del aeropuerto donde murió Gardel y luego me iba a buscar a mi niño al colegio para llevarlo a Kumon. Siempre pasamos jugando cerca del aeropuerto pues a él le encanta jugar con su papá a los robots y le encantan los aviones, así que espero que sean unos lindos recuerdos que tiene de su papá que lo viene a ver desde Chuchunco city, para pasar 52 días con él. Quizás es poco pero en calidad es mucho.

Después volví a Chile y me fui a ver a mi amigo Guaxo que vive en Puerto Varas con su esposa alemana y su hija bilingüe. El cambio de clima desde el trópico a la humedad del Lago Llanquihue y el frío del volcán Calbuco me dieron una gripa que me tiene aquí, tirado en una habitación de la casa de mi mamá en Alerce. Recorrí medio planeta, tomé 4 aviones y terminé como siempre pidiéndole a mi mamá que me haga un tecito caliente mientras comemos milcaos para pasar los escalofríos y miramos el Festival de Viña, no tenemos guerrilla pero tenemos al Monstruo, aunque eso no signifique nada.

Alerce, 1 de marzo del 2020, todavía no se desataba la pandemia.

Medellín y sus anaranjadas brasas

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