Por Cristóbal González Lorca
Siempre observé con una cierta distancia a Charly. Cuando en el marco de lo que era la movida del rock latino de los años 80. Lo escuchaba en la radio, junto a Soda Stereo, Los Prisioneros, G.I.T, y sentía lo mismo que pensaba Jorge González: que Charly era un “viejo metido a lolo”. Lo sentía como mayor al resto, tratando de hacerse pasar por joven. Su lírica me parecía un tanto extraña, algo rebuscada y su figura, excéntrica y lejana, no me identificaba con él. Sin embargo, sus canciones, de alguna manera, siempre estuvieron allí; todos las cantamos y él siempre fue parte de nuestro paisaje. Era un referente, qué duda cabe.
Lo vi por primera vez (y única) en vivo en 1989, en Caracas, Venezuela, en el Poliedro, con Fito Páez y Sentimiento Muerto. Era impresionante lo alto y flaco que era y la expectación que generaba su música y figura. Era un rito verlo en directo. Los amigos con los que he hablado y que lo vieron acá en Chile en 1984, confirman que ese show fue un hito para el movimiento del pop chileno. De a poco fui descubriendo y entendiendo mejor su música.
Los Dinosaurios, por ejemplo, es una obra maestra del cancionero latinoamericano. La simpleza con la que Charly habla de sus amigos y conocidos desparecidos en dictadura versus la genial metáfora de los dinosaurios para referirse a los militares que ya en 1983, en argentina, iban en retirada, como una especie en extinción, es increíble. Es algo sublime, conmovedor; un himno.
No bombardeen Buenos Aires es también un temazo que traslada directamente al oyente a la época de la guerra de las Malvinas, cuando no pocos bonaerenses tenían ese temor: que la locura y el horror de la guerra se desplazara hasta su propia ciudad. Algo de ese miedo se deja ver también (aunque más metafóricamente) en Un Misil en mi Placard, de Soda Stereo, piezas con las que los rockeros argentinos abordaron el sentimiento de angustia y absurdo al ver a su propio país metido en esa dramática guerra, sin destino alguno.
Nos siguen pegando abajo, la escuché por primera vez en vivo en 1991, en el festival de rock iberoamericano, en Caracas. La tocó el español Miguel Ríos, como homenaje a Charly, el gran ausente del festival. El tema hace referencia a cómo la economía mundial, los grandes líderes y los políticos le daban (y le siguen dando) golpes bajos a los pueblos del tercer mundo: tres décadas después sigue con vigencia total.
Demoliendo Hoteles es otro clásico ochentero, donde Charly nos entrega un potente relato autobiográfico, hablando de lo que fue crecer en dictadura, haberse ido con los hippies, tener un amor y también mucho más, para luego convertirse en una estrella (un tanto decadente, de algún modo), que hace eso: destruir hoteles. Es un tema crítico, auto crítico,y a la vez irónico, donde Charly en su estilo frontal y directo, – y también con humor-, no solo afirma sino que alimenta su fama de personaje polémico, destructor de hoteles.
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No me dejan salir es también un tema genial, una pieza bailable, muy ochentera, cuyo origen y sentido desconozco, pero me gusta imaginarme que es un grito de Charly internado, en alguna clínica, donde está “verde”, porque no lo dejan salir. Charly ha vivido en una sociedad cínica y con un doble discurso, que a veces lo celebra, y otras lo censura. Claramente él nunca ha “encajado” del todo y este texto expresa eso mismo: la sensación de aprisionamiento que como artista libre siente en medio de una sociedad conservadora que no lo entiende.
No voy en Tren es el correlato de No me dejan salir. Acá Charly nos cuenta que viaja en avión porque “no hay nadie que su piel resista”, así como Luca Prodán usaba lentes oscuros, para alejarse de los caretas, de “la gente que le da asco”. Son piezas donde los autores, desde su sensibilidad (y un poco desde su ego) marcan una distancia con el resto, muestran su soledad, incomprensión y rabia ante el mundo en que les toca vivir.
Raros Peinados Nuevos es también un clásico, donde Charly ironiza respecto de la new wave, aunque a la vez, con este mismo tema, saluda su participación en ella. Charly en efecto era un viejo metido a lolo, él tenía todo un trayecto en los 70, pero supo – de manera vanguardista y no oportunista – entender el cambio de paradigma, y no solo se adaptó a los 80, sino que lideró musicalmente todo ese movimiento; Charly define, sin duda, gran parte del sonido latino 80’s.
Grabado junto a los Paralamas, el Rap de las Hormigas es un interesante experimento musical, que muestra el lado más bailable de Charly, al igual que temas como Funky. También hay otro rap, suyo, dedicado al exilio; sin duda, García fue un vanguardista de la escena porteña. La sensibilidad humana de Charly, esa misma que se expresó en temas como Los Dinosaurios, reaparece en piezas como Hablando a tu corazón, Yo no quiero volverme tan loco, Buscando un Símbolo de Paz, Suicida y Rezo por vos, canciones que hablan de almas destrozadas y de la soledad que se vive en las grandes urbes
de fin de siglo; son piezas tan hermosas como conmovedoras y que dan cuenta de la extrema sensibilidad de Charly como persona y autor. Hay una versión en vivo muy interesante de Rezo por Vos, de Charly y Spinetta y existe además otra versión del grupo ska Los Calzones, para muestra de la transversalidad del trabajo de Charly. Mi amigo Mariano Pavez grabó Nos Siguen Pegando Abajo en su disco Personal Stereo. En fin, Charly ha sido muy versionado y homenajeado.
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Promesas sobre el bidet es una obra mayor, un tema cuya imagen central nos lleva a las falsas promesas en medio de la resaca, pero también, a la descomposición de las relaciones humanas y de paso, a la demagogia política., ¿O no sentimos eso durante las campañas, que los candidatos nos hacen promesas sobre un Bidet? El misterio y las historias que rodean a una pieza antigua suya como Rasguña las Piedras es el contrapunto de El Aguante, hit de 1998 (veinte años cumple ya), pieza que habla de cómo Charly ha vivido la vida, de frente, directo, demoliendo y saltando desde los hoteles a las piscinas y que más da. La invitación de Fito a Charly a cantar en La Rueda Mágica, el homenaje de Los Paralamas con Brian May en El vampiro bajo el sol, la cita en Dos Margaritas, el tema Los Salieris de Charly son solo alguno de los tantos homenajes que el rock latinoamericano le ha hecho a este genio musical. Y es que Charly no solo nos ha dado grandes episodios e interesantes polémicas; además de eso y sobre todo, nos ha dado canciones, muchas canciones. En solo un rato he enumerado una veintena de clásicos, temas que hablan de Argentina, de la dictadura, de la post dictadura, de la guerra, de la new wave, del agobio que implica ser un alma libre en medio de una sociedad conservadora y cínica. Sus textos son alta poesía y sus canciones son parte del mejor rock hecho en nuestro continente.
Hoy también lo siento como una figura algo lejana a mí – como de otra generación- pero (por suerte) lo entiendo mucho mejor que cuando chico. Ahora aprecio absolutamente su vuelo poético y musical, y además, su sensibilidad humana. En mayo de este año, Charly García envió un ramo de flores al velorio de Santiago Maldonado. “Los dinosaurios van a desaparecer”, decía el adorno que Charly envió a la familia de Maldonado. Eso, ese gesto, demuestra su enorme sensibilidad y contra lo que dice la prensa, su lucidez, a sus 66 años de edad. Admiro al trío de músicos chilenos que componen su banda de apoyo, Charly se ha rodeado siempre de grandes músicos, como Fito, los mismos GIT, el negro Lopez, Fabiana Cantilo, entre otros y ellos no son la excepción. Admiro, además, su desenfado. También creo que sería maravilloso que Charly escribiese la constitución.
Dicen que Charly volverá a tocar en el teatro Gran Rex. No soy, como he dicho, un devoto suyo, pero reconozco absolutamente su importancia y también su genialidad y le deseo, por ende, lo mejor, larga vida. Sé que en este recuento he dejado muchos discos, temas y episodios fuera, y capaz que también que haya cometido algún error de fechas o sentido de textos. Invito a mis amigos seguidores de Charly entonces a completar este relato con sus recuerdos y cariños para este gran rockero argentino.