Con espanto y sobrecogimiento, se ha sabido de dos violadores bisoños en Chile de dichas edades… Mi dolor y desconcierto absolutos me ciegan…Y, aunque yo no soy abogado ni experto en derecho, ni protector con fama mundial de los derechos de los niños, me atrevo a un pronunciamiento inequívoco y apodíctico.

     Se ha señalado que el menor es inimputable por su edad, y que quedará entregado a los tribunales de familia; y que el mayor, será sometido a un régimen especial de encierro, y que la pena máxima que arriesga es de 10 años.

    Pero yo digo que, si su biología les permitió destruir la vida de una mujer, a pesar de las suplicas de ella respecto de que no le hicieron daño, merecen otra clase de consideración: ser juzgados de acuerdo a criterios más severos, que den cuenta de la magnitud del crimen abominable que cometieron.

    En el caso del menor, un internamiento en alguna institución médica; o, al menos un régimen de control y monitoreo psiquiátrico, para determinar el perfil de éste, para evaluarlo y luego someterlo a un tratamiento medicamentoso, a la espera de que cumpla la edad suficiente para enfrentar las consecuencias de sus acciones. Sí, porque pienso y afirmo que una acción de semejante naturaleza, no puede quedar en el limbo: “Mire mijito, porque es un niño no le va a psar nada; pero no vuelva hacerlo” … Mientras él espera su rehabilitación y reinserción, ¿quién asegura o garantiza que la víctima podrá superar y olvidar?…

    En el caso del mayor, debieran buscarse un procedimiento de excepción legal, para efectos de determinar su nivel de discernimiento; y que, si se llega a comprobar, mediante todos los exámenes científicos, que tenía conciencia de lo que estaba haciendo, que despreció y pisoteó la dignidad humana y de mujer con sevicia y perversión, al menos la eventual condena debe duplicarse. Es una burla grotesca que se le aplique un castigo irrisorio, dado que sabemos que en Chile todo tiende a diluirse, y que en general campea la impunidad tanto para un clase de crímenes tanto como para otros- aunque sabemos que los ricos y ´poderosos la tienen asegurada-; y que sería probable que pronto estuviera de nuevo delinquiendo si se le llegara a tratar con indulgencia.

   Ergo, me refiero al hecho de que la constatación de la responsabilidad penal adolescente, debe ir aparejada de un abordaje acorde a la gravedad del delito o crimen perpetrado, y sopesando todos los agravantes que hayan concurrido.

   Como corolario, los dos violadores deben ser privados de una circulación y convivencia normal entre el resto de la ciudadanía, dado que son un peligro para ésta; y deben ser apartados a la espera de los castigos y las condenas a las que se han hecho condignos por haber destruido una vida inocente
Arturo Jaque Roja