Por Hugo Dimter
Seamos sinceros, los sagitarios suelen ser muy vengativos, y aprovechan una de las tantas cosas que no suele tener patria: el odio. En ese sentido serían como una especie de monstruos.
En cuanto a odio y monstruos Chile sabe mucho de ello, a pesar de las buenas intenciones que no son más que mentiras disfrazadas y tiros de salva. ¿Ha visto usted más odio que en los medios de comunicación? Personalmente yo sí, en las universidades privadas y supuestamente católicas. Son la gran estafa moral del siglo 21 en Chile. Quizás de ahí se origina el odio y quienes lo propagan. Del gremialista Kast y las universidades de la cota mil ya se ha escrito mucho así que no les demos bola.
Antes había libros emblemáticos del odio y de cómo manipular a las masas. Ya no hay que leer al Pato Donald. Temprano en la mañana la gente ve los matinales y así forma su opinión del mundo, del país y de la ciudad como origen de la monstruosidad. Le echan la culpa a cualquier cosa, incluso a la ciudad, siendo que es en una parte de esa urbe -ellos mismos como habitantes- donde se deriva la génesis del malévolo proceso. Lindo Invento para enfrentar sus miedos y enfermedades, como el patriarcado, el abuso a los niños, la criminalización de la pobreza y el odio a lo diferente. Usamos las palabras a nuestra conveniencia, en nuestro diario vivir, denotando el monstruo oculto en cada uno de nosotros. Violaciones, egoísmo, usura, intolerancia. La lista es larga en este capitalismo salvaje donde las caras lindas se venden a todo color en papel couché. La publicidad de adultos y niños, en los catálogos, es casi pornografica. Lo supuestamente bello y la absoluta ausencia de cariño en la propaganda es abismante.
En su libro 2666 Roberto Bolaño lo inicia con un clarificador epígrafe de Baudelaire: “Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento”. En el libro, en el capítulo de las muertes, aborda el mal como si fuera un tratado médico donde los monstruos se desconocen; no así sus obras.
La monstruosidad es inacabada dirán ustedes y es la pura y santa verdad. Por consiguiente hasta el último de los días existirá esta lacra amparada por los supuestos paladines de la justicia fotografiándose con fans de los “helicópteros de Pinochet”. Pero no son solo ellos. Nuestros dioses y devotos han fallado y también se convirtieron en monstruos que con una cruz en la mano buscan evangelizar mientras en la otra empuñan el garrote contra supuestos mapuches terroristas a quienes sindican como un pueblo sin alma. Lo fue y lo es. Son los nuevos conquistadores que piensan que a su Señor Dios le ha temblado, nuevamente, el pulso para borrarlos de la faz de la Tierra. A ellos y a los “zurdos” como los tilda su representante en el Vaticano. Quien ose defenderse será catalogado como un monstruo, como aquel que no se rige por las leyes; aunque éstas sean dictadas por los verdaderos monstruos, aquellos que con piel de oveja esconden al lobo, que no es otro que el lobo del Hombre. Un lobo que busca una guerra generacional pues sabe que el fascismo no debe cambiarse; sino todo lo contrario: debe perdurar per secula seculorum. Gracias a ellos vivimos en el Tártaro con TV cable, isapres y créditos con aval del Estado. No somos felices, somos asesinos en potencia, suicidas en potencia, y muertos vivientes en potencia. Eso hemos creado, y nos asombra que a las mujeres las asesinen y a los niños los violen. Siembra y cosecharás.
Los sagitarios somos vengativos. Por lo tanto tenemos buena memoria y no olvidamos a quienes nos ofenden. No perdonamos así como así. Y eso es en todo ámbito. Al igual que los monstruos verdaderos su odio no tiene patria ni fronteras.
En resumen sepa usted que los monstruos siempre están ligados a la muerte. Alguien que además de asustar, maltrata, provoca daño; pero también mata. Quita la vida en un abrir y cerrar de ojos. No la respeta y poco vale para él. A mí que me gusta el cine pongo un ejemplo controversial: el monstruo de la última ganadora del Óscar a mejor película, La forma del agua. ¿Ese era un monstruo? Este ser marino es tratado como monstruo por ser diferente pero aun así es más benévolo que los seres que lo tratan de “estudiar”. ¿Cómo ven esa dicotomía? ¿Los hace dudar entre el bien y el mal? Habría que preguntarle mañana a Patricia Maldonado o Kast qué piensan al respecto. ¿Cuál es el monstruo?