Globos negros

Por Hugo Dimter. Fotos de Sebastián Cristóbal Henríquez P. Bueno, y asumió Barros. Porque nadie lo llama obispo. Todos le dicen Barros no más, a secas. Como un petisito de la esquina, como alguien de poca monta, casi como un pato malo. El ex obispo castrense ha dado con sus trastos – y su fama de celador de Karadima y sus abusos contra menores- en la gélida ciudad del sur de Chile. Lejos de Santiago. Alguien pensó en destinarlo distante del mundanal ruido, sin imaginar que su llegada generaría aún más ruido, división y dolor. Que pena por Osorno...

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