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Por Rodrigo Ramos

Marcelo Ríos está aburrido en la habitación de un exclusivo hotel de Nueva York. Cerca de ahí, se lleva a cabo una reunión de la ONU, y varios de los que alojan en el hotel son mandatarios de diversos países del mundo.  En el hotel también hay colegas de Marcelo que disputarán el US OPEN. Son pasadas las 17 horas, cuando el tenista le revela parte del plan a  Nelson Flores, el periodista que lo acompaña como freelance por todo el mundo. Sígueme, le dice al periodista.

Marcelo sale de la habitación con una toalla blanca en la mano; detrás de él aparece Nelson.  Ambos se dirigen al ascensor. El tenista le dice a su cómplice que le sostenga la toalla, mientras esperan el elevador. Nelson se imagina lo que vienen por el rostro entusiasta de Marcelo. Esperan. La puerta se abre; nadie adentro. Marcelo se pone la toalla en la mano para no ser captado por la cámara ubicada en un vértice de la caja de metal,  y presiona el botón de emergencia de  incendio.

El ascensor se detiene y comienza el escándalo de la alarma en todo el edificio. La gente sale con lo puesto de sus habitaciones. Marcelo y Nelson, con sus rostros llenos de risas,  descienden rápidamente por las escaleras de emergencia del hotel. En un piso se cruzan con Oscar Luigi Scalfaro, el presidente de Italia. En otro, más abajo, con un presidente africano.

Ya en la calle, la dupla de chilenos burlones ven como un equipo de bomberos entra presuroso al hotel. Desde una esquina contemplan, riéndose, la llegada del FBI.

Este tipo de acciones de Marcelo Ríos, llevan a Flores, a decir que el tenista cuando no se dedicaba al tenis era una máquina de hacer cagadas.

Y es verdad, afirma Flores desde un departamento en Antofagasta, el mejor tenista chileno de todos los tiempos era un loco.

Extraño del pelo largo

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Marcelo Ríos cumplió ayer 37 años; en consecuencia muchos lo recordaron por su extraordinario talento para jugar al tenis y por su extravagante manera de ser.

Nelson Flores vivió cinco años junto a Marcelo Ríos. Puede decirse que conoce al zurdo al revés y al derecho. Toda la experiencia con el chino la vertió en “El extraño del pelo largo”,  una certera biografía del mejor momento de Marcelo (entre 1993-1998).

La aventura de Flores surgió por su cercanía con personajes del tenis y su pasión por este deporte. En poco tiempo, la apuesta le dio la razón a Flores.

Marcelo “chino” Ríos comenzó a ganar todo lo que jugaba y en un abrir y cerrar de ojos el zurdo se transformó en el más prometedor tenistas joven del circuito ATP.

El éxito del tenista permitió a Flores transformarse en  una suerte de relacionador público y voz oficial de Ríos.

El periodista despachaba para varios medios nacionales, desde cualquier parte del mundo. Eran tiempos que había que esperar la señal del satélite. Flores repasa anécdotas con el satélite en Japón y otros países de Europa. En síntsis: los satélites fueron un dolor de cabeza para Flores.

El proceso siguiente para Marcelo Ríos fue de cerrar bocas. Muchos lo trataron de chato y que no tenía futuro. Ríos comenzó a encumbrarse sin mayores problemas. Tenía talento y un golpe de vista extraordinario.

El primer trofeo ATP que ganó Marcelo Ríos, fue el torneo italiano de Bolonia. Flores tiene grabada las siguientes palabras de Marcelo.

-¿Fue muy difícil para ti, ganar este campeonato?

-Para nada hice lo que tenía que hacer, no más. Ganarle a cinco huevones malos.

El tenis, las mujeres y tetris son la entretenciones de Marcelo en aquella época. Las anécdotas con chicas abundan, dice Flores.

Marcelo no daba entrevistas, pero si al frente tenía a una periodista bella cambiaba de opinión.

Todo por las mujeres

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Flores recuerda que tras una conferencia de prensa una magnífica serbia le pidió a él, que la contactara con Ríos por una entrevista para la televisión de ese país. Ríos ya la había visto, así que le mandó a decir a la periodista que le daría la entrevista pero a las 3 de la madrugada en su habitación.

Al otro día, Flores le preguntó a la serbia como le había ido. La chica, toda chascona, se rió y dijo que había salido todo bien.

Flores cuenta que la presencia de la “Pata” Larraín, su polola del momento, era sagrada para Marcelo. Cuando ella llegaba a cualquier ciudad de Europa, simplemente se encerraban.

Una vez, en Mónaco, el príncipe Alberto invitó personalmente a Ríos a una fiesta que daría en el palacio Grimaldi. Ni le digo la cantidad de invitados top que irían al evento. Ríos esperó que el señor de la realeza se retirara para lanzar   a cualquier lado la linajuda invitación.

La razón para no asistir, recuerda Flores, fue que Pata Larraín llegaría a Mónaco a la misma hora de la fiesta.

Sin embargo no siempre le fue bien a Ríos con las mujeres. Uno de sus grandes sueños eróticos que no llegó a buen puerto fue con Cecilia Bolocco. El biógrafo cuenta que la ex Miss Universo siempre le despertó el líbido al tenista. En una ocasión, un Ríos algo efervescente, reconoció su gusto por la Bolocco sumando algunas palabrotas en una entrevista que dio a Canal 13. La parte de la Bolocco fue cortada.

niño engreído

El hecho de tener asumido su talento y tener todo claro desde pequeño que sería el numero 1, le hizo tener a Marcelo una actitud indolente e engreída hacia todo lo extraño a su círculo.

Una vez el famoso tenista rumano de los años 70, Ilie Nastase, le quiso pedir un autógrafo para su familia, y Ríos le dijo que más rato.

Nastase terminó furioso y nunca más habló maravillas de Ríos.

A otra gloria del tenis, Björn Borg, Ríos dijo que jugaba con raqueta de palo y no se podía comparar con él.

Flores recuerda que una vez los periodistas italianos le preguntaron a Ríos por el legendario tenista chileno Lucho Ayala. Ríos dijo que no lo conocía. Luego le preguntaron por Neruda, y el chino respondió que había leído algo de él.

A su entrenador Larry Stefanki, una vez en broma lo agarró a pelotazos. A un periodista suizo que le preguntó si estaba orgulloso de sus ancestros indígenas, le sacó la madre en plena entrevista.

Las anécdotas del díscolo Ríos suman y siguen.

Consagrar la vida al  chino le significó un gran costo familiar a Flores. Su pareja en ese momento le dijo que “parecía casado con Marcelo Ríos”. Él se separó, pero su libro, por lo menos, sigue agotado.