La reaparición del Eternauta

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Por Gonzalo León

 

Hay pocas cosas que han sacudido tanto la cultura argentina como la exhibición de la serie El Eternauta, dirigida por Bruno Stagnaro y protagonizada por Ricardo Darín. No solo porque en los primeros días se posicionó como la segunda serie más vista de Netflix a nivel mundial, sino porque ha reabierto en Argentina viejas discusiones que han rodeado a la historieta, publicada originalmente entre 1957 y 1959 por Héctor Oesterheld, en la que se basó la serie.

Una de las más llamativas ha sido en qué medida Osterheld se adelantó al clima de violencia política que azotó a la Argentina antes de los 60. Los Osterheld fueron víctimas de esa violencia veinte años después, ya que no solo fue desaparecido Héctor Osterheld, sino sus cuatro hijas, sus dos yernos y, por un tiempo, sus dos nietos (Fernando y Martín, quienes al final fueron recuperados). La única sobreviviente para contar la historia fue Elsa Sánchez, la esposa de Oesterheld.

Héctor Oesterheld fue desparecido por ser militante de Montoneros, una agrupación peronista que abogaba por la lucha armada. Sin embargo, el caso de Osterheld es particular, ya que nunca empuñó un arma; por lo que se sabe, era una persona pacífica, católica (como muchos montoneros), que le gustaba jugar al tenis con su esposa, que amaba a sus hijas, que durante buena parte de su vida tuvo un buen pasar.

Los Osterheld vivían en Zona Norte, cerca de San Isidro, una de las zonas más conspicuas del Gran Buenos Aires. Héctor era geólogo y su hermano ingeniero agrónomo. Hasta 1951 Héctor no había leído historietas, pero a partir de entonces no solo se hizo un ávido lector, sino que también comenzó a escribirlas. Por esa época en Argentina había un boom de la historia y las revistas necesitaban de personas que las escribieran y las dibujaran. Héctor decidió entonces hacer un emprendimiento y se asoció con su hermano para fundar Editorial Frontera y la revista Hora Cero, donde apareció El Eternauta por entregas.

Según cuentan Juan Sarturain, gran experto en historietas y exdirector de la Biblioteca Nacional, y las autoras del libro Los Oesterheld, Fernanda Nicolini y Alicia Beltrami, Héctor no fue peronista cuando surgió el movimiento, el peronismo de Perón (1945-1955) le pasó por el lado sin tocarlo. Sarturain va más allá y señala que, como buena parte de la intelectualidad de esa época, era antiperonista. Pero es difícil fijar claramente un pensamiento político claro. Algunos lo han tildado de socialista, de izquierdista, de filoradical, lo que es seguro es que apoyó a Arturo Frondizi a la Presidencia, una candidatura moderada y “desarrolista”.

Oesterheld era amigo de Borges, un antiperonista acérrimo, y se reunía con él en San Telmo en la Biblioteca Nacional (Borges era su director), por lo que la militancia de sus hijas en Montoneros parece haber sido decisiva para su ingreso a la organización. Aunque para las autoras de Los Oesterheld, hubo un antecedente que lo puso en los ojos de la inteligencia de la dictadura de Onganía y fue la publicación de Vida del Che en 1968. Con ella hizo una declaración explícitamente política, “concretamente a favor de la lucha por la liberación de los pueblos del Tercer Mundo. No es verdad que conoció al Che a través de sus hijas y que no coincidía con sus ideas políticas, no solo estaba de acuerdo con él, sino que además lo consideraba uno de sus intelectuales de cabecera”.

Hay una cosa que se repite tanto en la historieta El Eternauta como en Los Oesterheld y es quién organiza la historia. En el primer caso lo hace el guionista, hasta él llega El Eternauta, un ser que viene de otro tiempo, a contar su historia. En el segundo caso lo hace la viuda de Héctor Oesterheld. Sin embargo, en la serie, en apariencia, no hay quien organice la historia, ya que arranca con tres mujeres jóvenes navegando en una embarcación y de pronto sufren una tragedia. Sin embargo, si uno se fija bien, en los créditos aparece como productor ejecutivo uno de los nietos, que también oficia de consultor de guion. Es decir que hay una línea familiar que une la historieta, la biografía de la familia y la serie. La familia está siempre ahí, desaparecida y presente, como diciendo que, cuando se desaparece, siempre hay elementos o vivencias que quedan.

El Eternauta es la historieta que más ha influido en el mundo de la alta cultura de Argentina. En 1969, el mundo descrito por la pluma de Oesterheld y por los dibujos de Francisco Solano fue llevado al cine en Invasión de Hugo Santiago, con guion de Borges. No se trató de una adaptación en estricto rigor, pero como en la historieta se trata de una invasión muy extraña en Buenos Aires y de una disputa en las calles que nunca se termina de entender bien (quizá esa sea la gracia).

Desde su estreno, la serie ha sido cuestionada por la adaptación, pero a la vez se ha aprovechado para reivindicar la justa causa de los derechos humanos (olvidados y denostados por el gobierno de Milei), poniendo junto a los afiches de la serie la aparición otros afiches con los rostros de las cuatro hijas de Oesterheld y del propio Héctor. En este sentido la serie es un homenaje a todos los detenidos desaparecidos y quizá por eso incomode al gobierno y a sus partidarios. Pero también es una producción financiada por capitales privados (aparte de Netflix, está el empresario argentino Hugo Sigman, quien también produjo Relatos Salvajes) y su elenco lo encabeza un antiperonista como Ricardo Darín. Es decir lo privado no es solamente de derecha, como cree ingenuamente el oficialismo.

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