A contracorriente
Giovanni es un napolitano que visita Brasil desde hace 50 años. La primera vez que lo vi en Guyana Francesa no me pareció gran cosa con su metro sesenta y su andar pausado; pese a ser un gran conversador. Fuimos de Cayenne a Bélem en bote, una van y un barco, así que tuvimos tiempo suficiente para conocernos.
Durante el verano de 1976 fue su primer arribo a Río de Janeiro en medio del ambiente colorido y la música de samba a la que se sumó, bailando con muchachas cariocas escasas de ropa y de prejuicios. En ese entonces Giovanni era un joven que llamaba la atención por su pelo rubio, sus ojos azules y una la oratoria propia de un galán hollywoodense. Las mujeres, jóvenes y mayores, se derretían al verlo y escuchar su acento y sus anécdotas chistosas que las hacían reír.
-Haz reír a una mujer y tendrás el cielo ganado- me aconsejó en el 2025 con la experiencia que dan los años recorridos.
Giovanni siempre ha sido un latín lover, pero en aquella época de los 70 lo era de forma superlativa. La relación fue recíproca: Brasil lo flechó de inmediato y él se enamoró de las garotas y de un pueblo cariñoso aún más. De esa forma Giovanni se transformó en un brasileño afuérino y de alguna forma, no tácita ni explicita, Brasil lo adoptó.
Cada dos o tres años iba y venía de Europa a Sudamérica. Giovanni siempre ha tenido pizzerías en toda Europa. Las tuvo en su ciudad natal, en Milano, en Paris, en Barcelona y en Londres. Pero curiosamente nunca se ha sentido más a gusto que en mitad de la selva del Amazonas. Es ahí donde realmente comienza su historia de amor con un lugar tan salvaje y bello como lo puede ser con la mujer más hermosa del mundo.

Del Tirreno a Bélem
Supongamos que la selva es una mujer que siente que golpean su puerta en mitad de la noche y entonces se levanta de la cama, abre y ahí está un hombre, un tipo serio y con rostro hosco que se muestra amenazante. Entonces ambos comienzan a empujar la puerta de lado a lado, tratando de abrirla y cerrarla. Es una imagen bastante terrorífica, sin duda.
-Eso pasa con el medioambiente hoy- me dice Giovanni-. O abrirla a la protección y el cuidado o cerrarla a la insensatez y la muerte. Así estamos. Abriendo y cerrando la última puerta, que es la puerta del Amazonas- finaliza el napolitano.
-A contracorriente añado-.Pareciera que vamos a contracorriente.
-Exactamente-responde él-. Un río lleno de sangre. Tengo mala suerte: del Tirreno post guerra a la Amazonia devastada.
En 1976 Giovanni estuvo una semana en Río y luego se dirigió a São Paulo por motivos de trabajo. Deseaba interiorizarse en la elaboración del café brasileño y analizar su calidad para venderlo en sus pizzerías y restaurantes. Había una fábrica en Lapa, en la zona oeste de la ciudad. Fue en ese lugar que supo de la Chacina da Lapa, la masacre de Lapa, una operación del ejército brasileño contra el Comité Central de Partido Comunista de Brasil, involucrando la muerte de sus tres principales líderes. Giovanni es de izquierda; no comunista, pero sí simpatizante de izquierda. El entonces joven italiano venía de una familia pobre que había sufrido los rigores del fascismo y del nazismo. Su padre fue un partigiano que le inculcó las valores de la libertad y la justicia.
No solo los árboles forman una selva. Es mucho más que eso. Deben agregarse infinitos elementos, más piezas al rompecabezas del paisaje. Por supuesto que la flora y la fauna, pero también el aire, el agua, el silbido de la lluvia y el destello del sol entre los frutos. El espíritu de quienes han vivido ahí y ya no están, sumado al aquí y ahora de ese mundo indígena que, en este lugar, es el centro de una cultura ancestral y menospreciada por occidente. Nos encontramos con Giovanni en Belém, la entrada noreste de Brasil al Amazonas. Aquí viven hoy (como lo hicieron hace siglos) los “sin tierra”, los nietos y bisnietos de los esclavos que hasta 1970 se vendían por centenas. Tierra golpeada por el calor y por el mismo Hombre. Las cicatrices invisibles se advierten en sus almas y en el paisaje que mira hacia el futuro pero no olvida lo que ha cometido el Hombre, ahora contra la naturaleza pero antes contra el mismo Hombre. Hablamos de eso con Giovanni a contracorriente por el Amazonas.
-Hemos invadido este lugar. Todos somos extranjeros acá- manifiesta Giovanni mirando el río y lo que está más allá del horizonte. Lejano y misterioso.
La selva amazónica -aquella que disputaban españoles y portugueses en los siglos XV y XVI- abarca hoy 9 países con una extensión de siete millones de kilómetros cuadrados. En este lugar, durante la época del caucho, se cometieron las peores matanzas y crímenes contra la humanidad. En palabras de José Ribamar Bessa Freire, «la llegada de los europeos al Amazonas, considerado entonces como el “río Babel”, supuso rupturas y una reordenación catastrófica, que concentró en la lengua uno de los principios organizadores». No existía más que la necesidad del portugués. Las lenguas indígenas eran un inconveniente. Un estorbo. Algo innecesario.
Las imágenes son decidoras. Los rostros de los dos millones de habitantes de Belém do Pará: Tanta gente, tantos semblantes casuales. La informalidad de los ciudadanos de a pie, preocupados por el diario vivir, como en la mayor parte de las ciudades del continente y de Brasil.
-Tal vez, ellos mismos, olvidan dónde están. Quizás no le dan importancia al lugar donde viven- me susurra Giovanni mientras caminamos por una zona que delimita el centro urbano próspero del popular. Giovanni mira las muchachas de reojo. Aún así la mayoría de estas personas sabe que muy cerca está el bosque más extenso del mundo. Lo saben perfectamente porque el bosque les habla y les susurra que ante las amenazas debemos cuidar la zona con mayor biodiversidad del planeta. Hay muchos grupos y organizaciones medioambientales en Belem. El hacerlo o descartar tal sugerencia es cosa de nosotros.
De Los Andes peruanos al Atlantico. El Amazonas, el pulmón del planeta. El más admirable sistema hidrográfico creado por Dios. Casi todos los habitantes del continente s saben que la Amazonía es una de las siete maravillas naturales del mundo. Pero aún así todos deben sobrevivir. Lo que no saben es que su supervivencia depende de la supervivencia de ese bosque. Cuando la Amazonia muera todo se habrá acabado, el planeta morirá. Por eso es de vital importancia su conservación y resguardo.
Giovanni no tiene su pasaporte. Dice que se lo robaron o lo perdió. Yo dudo de esas versiones. Anda con una carta firmada por un ministro que señala que ese documento reemplaza al pasaporte. No le han querido vender un pasaje en bus por la ausencia del pasaporte y él ha hecho un pequeño escándalo. También he advertido que ha llamado a unos amigos para pedirles dinero. Cuánto? Me imagino que 300 ó 400 dólares. También ha llamado a una mujer en Guyana Francesa. Una señorita colombiana que es su novia o algo parecido. Giovanni tiene sorpresas inesperadas que va sacando de la manga cada cierto tiempo.
Giovanni me ha hablado insistentemente acerca de un sobrino que es un gran abogado en Australia. Me dice que él lo ayudó en el costo de la carrera y su sobrino lo adora. Giovanni acota que es un abogado de causas medioambientales, solicitado en todas partes del mundo.
¿Cuáles son los peligros para la Amazonia? La sequía, la deforestación que alcalza el 20% en los últimos años. También están los incendios, las emisiones de gases y metano, el polvo generado por actividades mineras, las perturbaciones de ecosistemas por las nuevas carreteras, pero hay más: existen 275 centrales hidroeléctricas en la cuenca amazónica y al menos 300 proyectos de este tipo están en fase de planificación, lo que amenaza 427 especies de mamíferos, 1300 aves, 378 reptiles, 400 anfibios. Y no solo eso. La Amazonía produce el 20% del oxígeno de la Tierra. El continente y el planeta dependen de la Amazonía.
-Lula es un buen presidente, pero eso no significa que se equivoque- me dice Giovanni.
-Equivocarse en qué?- le pregunto.
-En relación a la Amazonia- responde. Y añade:
-El destino de la humanidad se sustenta de este lugar que vemos aquí. Es el inicio del mayor sistema hídrico del planeta que juega un rol clave en el sistema climático mundial. No es un dato menor. Sin embargo para algunos sí lo es- finaliza.
Creo que habla del empresariado que presiona a Lula para que sea más permisivo en la extracción de petróleo y otros minerales de la Amazonía.
La Amazonia está en peligro? Es un hecho. En Brasil existe un proyecto de ley, llamado PL490, que legalizaría la minería, la tala y otros proyectos sin pedir la opinión de las comunidades que ahí viven. El PL490 destruye las protecciones legales de las tierras indígenas. Los deja sin poder hacer nada. Cruzados de brazos. Indefensos.
-Ahí vienen los botes- me grita Giovanni. Parece un juego infantil en medio del Amazonas. Los niños en las balsas persiguen los barcos, desde donde les arrojan paquetes con comida y golosinas, algo de ropa, de juguetes, de esperanza. Cuántos barcos habrán visto pasar estos niños? Cuántos niños se han visto desde estos barcos y cuál es el destino de ambos? Una mejor vida o la destrucción de todo? El río más grande del mundo lleva penas y alegrías. Anhelos y deseos por el ancho cauce. El pasado y quizás el futuro.
Los ríos, de norte a sur, desembocan en el Amazonas pareciendo mil tentáculos de un pulpo gigantesco. Las unas, egariteas y jangadas -balsas antiguas- dieron paso a estos barcos y lanchas a motor. Es el progreso. Los nuevos tiempos. El desarrollo sin freno.
-Yo he viajado por todo el continente. Conozco todos los países, las capitales, los lugares más bellos de este continente. He estado en todos lados y en situaciones extremas. Sobre todo en Perú y Colombia. He salvado mi vida en varias balaceras- me dice mientras vamos en una camioneta que nos ha cobrado muy barato por un viaje cuya distancia es de 200 kilómetros. En la parte de atrás del vehículo vamos junto a otras dos extrañas pasajeras que parecen prostitutas. Son brasileñas, con IPhone y finas cadenas de oro. Cuerpos esbeltos pero miradas vacías. Solo carne. Maniquíes de carne. El chofer conversa animadamente con ellas. Giovanni trata de dormir. Yo miro el paisaje mientras la carretera se eleva y desciende cortando la selva. Cada cierta cantidad de kilómetros aparecen restaurantes al paso. Los camiones y camionetas se estacionan para comer algo y estirar las piernas. Giovanni se despierta y va al baño, luego pide unas especies de empanadas y le hace unas bromas a la dependiente, una mujer mayor que no sonríe y le responde con monosílabos. Giovanni bebe un refresco. Mira a las dos prostitutas pero su cara parece mostrar que no les gustan esas chicas que se creen las dueñas del mundo por ganar tres mil dólares al mes, sirviendo a los mineros ilegales que hacen nata por esas latitudes. Siento que Giovanni no tiene mucho dinero. Estimo que deben quedarle tres cientos dólares. Lo invito otra Coca Cola y sonríe.
-¿Estas seguro que eres chileno, Hugo?- me pregunta.
-Claro, más chileno que los porotos.
Giovanni vuelve a reír y mira dos mesas más allá a unas mujeres morenas, con rasgos indígenas, que dialogan sin prisa.
-Que lindas esas dos morochas que están allá-me señala.
Yo las miro. Realmente son lindas.
-Me gustan las indígenas- me confiesa-. Tengo una novia colombiana que trabaja para unos chinos que venden de todo en Cayanne.
-Que bien- le respondo.
Giovanni me mira con seriedad.
-Es una buena chica. Me divierte- señala.
Yo no le respondo. No sé qué decirle.
Las rachas de nubes altas se acumulan con gracia y desorden. El oficio del periodista es investigar, estudiar y explicar los hechos mientras ocurren, y las consecuencias que ello traerá. El mal periodismo solo describe de forma superficial omitiendo todo lo demás. Es ahí cuando el río nos habla, nos pide ayuda, exigiendo justicia y buenas intenciones. Suena ingenuo pero por una sola vez deberíamos escuchar esa voz que transita río abajo.
Dormimos en hamacas. Yo escribo algo. Giovanni duerme. Nuestros bolsos y mochilas yacen junto a un pilar, mientras el sol se pierde a lo lejos.

Guyana Francesa
El río no tiene frontera. Las barreras invisibles las ha puesto el hombre; no la naturaleza. Los colores no cambian salvo en la piel de sus habitantes. En su lengua, en su idioma. En pequeños elementos que le dan una una gran característica a cada nación.
Guyana Francesa se impregna del Caribe, de lo tropical, de la llegada de miles de hombres desde otros países para formar un nuevo país. Cayanne, su capital está repleta de comercio chino. Cualquier cosa que necesite la población pobre de Guayana está a su alcance y es made in China. El resto de la población, aquellos con un nivel económico más alto y pudiente, compran en euros artículos franceses, electrodomésticos, ropa y automóviles. Los chinos han apuntado a quienes no tienen tanto dinero. Aliados en sus negocios, trabajando como mano de obra barata, están los colombianos, dominicanos y los nacidos en las Guayanas, quienes llevan el comercio en la sangre. Aún así los beneficiados son los chinos.
Guyana Francesa tiene una amalgama étnica compleja: locales, franceses, asiáticos, árabes, latinoamericanos. Los galos están ahí como articuladores pero la población nativa es consciente que son ellos quienes mueven los hilos con su trabajo. El país es de ellos; los franceses solo se adueñaron. Nadie quiere hacer líos pero en algún momento alguien va a decir: “Bueno, pongamos las cosas en su lugar”. Y ahí no sabe qué sucederá. Todos, hasta el momento están a gusto. La población local es francesa por derecho y tiene los beneficios de cualquier francés pero sienten que Francia no hace mucho por ellos. Y eso es peligroso. En realidad a nadie le interesa mucho Guayana Francesa. Ni siquiera a Francia. Es un lugar bonito para ir de vacaciones y, supongo, para estados depredadores una excelente alternativa para explotar sus recursos, más para el ciudadano común y corriente no da para nada más que excursiones y paseos por un tiempo limitado. Unas semanas de estadía y hasta luego.
Giovanni parece haber quedado paralizado en los 70 y 80.
Políticos como Aldo Moro, Giulio Andreotti, Enrico Berlinguer, o Bettino Craxi para él fueron figuras claves y respetadas.
-No como hoy que existen puros bufones y ridículas amargadas e insensibles como la Meloni- subraya Giovanni, a quien no le gusta que el pueblo sea engañado o menospreciado.
-Todos en Italia mirábamos el proceso de Allende con gran entusiasmo. Su caída no solo fue en Chile, sino acá también- señala.
Giovanni me enseña un libro que está leyendo. Lo hojeo sin prisa. Leo un párrafo.
“Aunque el escenario político gira a un ritmo mucho más rápido que el de nuestra existencia cotidiana», la vida material, la vida de cada día, para la mayor parte de la gente, no cambia casi nada, y si cambia algo, casi siempre es para peor”. La cita de Ryszard Kapuscinsky puede sonar sombría pero no por ello deja de ser cierta. El continente vive de forma bastante parecido: con limitaciones y problemas que hacen que este sea un continente de gente en tránsito. De gente que debe poner como prioridad su capacidad económica para ayudar a su familia por sobre la protección al medioambiente. Es triste pero real. Las personas saben perfectamente del peligro que acarrea el deterioro del medioambiente pero deben trabajar y alimentar a sus hijos. Los gobiernos también saben que el medioambiente está pidiendo ayuda pero necesitan votos y electores que trabajen y sustenten su hogar. Entonces ahí se produce una contradicción. El mundo científico y académico sabe perfectamente esto y busca una solución, pero es complejo. Honestidad, decidía, indiferencia, egoísmo, que términos se deben utilizar? Existen culpables o somos todos culpables? Cuando la mayoría se sienta víctima de este problema recién se concretarán las soluciones pero, tal vez, sea demasiado tarde. El mundo va por ese curso. Giovanni lo sabe pero no dice nada, tal vez esperando que algo ocurra, que se dé un milagro. Algo inesperado que cambie nuestra orientación suicida. Giovanni no me dice mucho de esa visión, quizás apocalíptica. En realidad él siempre ha sido un optimista, un vividor de cada segundo. Lo que no quita momentos amargos. Giovanni tiene dos hijos pero nunca me dice nada de ellos. Uno era “un tiro al aire”, según él. El otro es un doctor, con quien habla a veces. Tras la separación con su esposa las relaciones familiares se deterioraron en exceso. Eso me dijo una vez. Quizás por eso viaja tanto. Para huir de sus recuerdos, de lo que fue y nunca más será. Eso también es devastación. Tan grande como la devastación del medioambiente.
Puede que en el fondo del lecho del río Amazonas exista un ser vivo, un pez, un anfibio, que, sorprendido, se pregunte qué ocurre allá arriba, en la superficie. Algo pasa. Eso es innegable. Para unos y para otros lo que sucede en lo alto y en la profundidad es un misterio.
La honestidad de los cuerpos y de sus vestimentas en Guayana es decidor. No existe lo rural y lo urbano. Es un todo maravilloso. Giovanni se siente bien en Guyana pero prefiere Brasil. Ciudades cosmopolitas como Río, São Paulo o Brasilia son sus preferidas, quizás por la vasta cantidad de emigrantes italianos.
Los medios de comunicación en el continente no lo hacen nada de mal al generar un espectáculo macabro destinado a amantes de lo espeluznante, terroristas o voyeristas. Pero la vida real no está en los extremos sino en el medio. Los extremos son el limite y todos nosotros no estamos en ellos sino en el medio. Y es bueno que así sea. El extremo de la pobreza aumenta y podría incrementarse. Ahí hay un problema tan grande como el medioambiental.
Brasil tiene una gran exigencia: necesita generar comida. La agricultura es una necesidad inmediata y urgente. Más cuando el mundo campesino desaparece. Es un fenómeno mundial. Cada día somos más y hay menos comida. Un acto suicida el traer hijos al mundo. El continente entero también debe generar esperanza para aquellos que la han perdido. Las calles están cansadas de los hombres y mujeres que la albergan en malísimas condiciones. Alcohólicos, drogadictos y zafados. Niños sin padres. Padres con familias perdidas en la bruma de la vida. Latinoamérica se ha encargado bien de hacer ese trabajo. Complaciente con los de arriba, indiferente con los de abajo.
-Es un buen tipo cuando no está borracho- nos cuenta una señora acerca de su esposo. Y con Giovanni le creemos. Hemos visto las plazas repletas de drogadictos inyectándose heroina a la vista de los voluntarios de la salud quienes los socorren ante una sobredosis.
Hay dos historias: la real y la que nos muestran los medios. La Amazonia no es una porción de tierra, terreno de nadie, donde hay madera, minerales y potenciales proyectos hidrográficos, o del narcotrafico. La Amazonia es el lugar donde los pueblos indígenas y las comunidades locales han desarrollado su cultura y respeto del medio, sin lugar a dudas mucho mejor que nosotros. Eso debe ser respetado.
Por los caminos circundantes hay iglesias católicas y evangélicas. Una tras otra se multiplican, las católicas de forma tradicional y austera; las evangélicas innovadoras y rupturistas. Ópticas distintas para creyentes disímiles.
Es en Belém donde se desea una protección medioambiental real incluyendo la gobernanza global y la arquitectura financiera. Lo urgente es limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados. En aquello están abocados todos, o casi todos. De eso dependen vidas, empleos y por ende, medioambiente. El respeto por la ciencia es otro tema que se busca revindicar.
La ciudad de Belém para la pasada COP30 esperaba 100 mil visitantes. Actualmente, Belém dispone de 18.000 plazas hoteleras, cifra que se espera alcance las 22.000 con la apertura de nuevas unidades. Según Valter Correia, secretario extraordinario de la COP30, el gobierno federal también construyó 500 pisos modulares de cinco estrellas y habilitó dos barcos de cruceros internacionales con capacidad para alojar a 5.000 personas.
El acaí y el cacao como impulsor de la bioeconomia
Son puro oro. Oro verde. Su proceso es limpio. Ambos frutos se producen a partir de sistemas agroforestales, lo que permite generar ingresos sin destruir los bosques. Su creciente demanda internacional en alimentos saludables, cosméticos y nutracéuticos aumenta su valor económico. Favorecen economías locales y comunitarias, ya que muchas cadenas productivas están en manos de pequeños productores y pueblos indígenas. Incentivan la conservación de la biodiversidad, porque mantener el bosque en pie se vuelve más rentable que deforestarlo.
El açaí y el cacao muestran cómo productos naturales con alto valor agregado pueden impulsar una bioeconomía sostenible, combinando desarrollo rural, conservación ambiental y comercio global.
Brasil prevé reducir 67% de los gases de efecto invernadero y se preparó para la cumbre del clima de 2025 en la Amazonía; sin embargo la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) anunció para el 17 de junio la subasta de 332 bloques en el país, de los cuales 47 en la cuenca de Foz do Amazonas. “La extrema presión política por la licencia de perforación del bloque 59 debe entenderse como una puerta de entrada para liberar una exploración intensa en la cuenca de Foz do Amazonas y todo el margen ecuatorial. La decisión sobre la licencia del bloque 59 corresponde sólo al Ibama, pero el país debería debatir la propuesta del gobierno de una importante expansión de la exploración petrolera en el país en medio de la crisis climática”, declaró la coordinadora de Políticas Públicas del OC, Suely Araújo.
Todo ello cuando un estudio señala que el calentamiento global, si alcanza 2ºC por encima de los niveles preindustriales, hará que un área más grande que Brasil sea insegura para la vida humana, y los eventos de calor extremo amenazarán incluso la salud de los adultos jóvenes. Las conclusiones provienen de un estudio publicado en la revista Nature Reviews Earth and Environment
El día anterior al final
Le comentó a Giovanni que América Latina nos duele. Un estudio señala que 9 de cada 10 asesinatos de personas ligadas a la defensa del medioambiente ocurren en Latinoamérica. Hasta el 2023 Colombia (con 79 víctimas) Brasil y México eran los líderes en asesinatos a líderes ambientalistas, según Global Witness.
Se escuchan truenos a lo lejos pero nunca se sabe dónde caen. Es más allá del río, lo que podría significar varias decenas de kilómetros. El ancho del Amazonas -en su parte más estrecha- es de 10 kilómetros. En su etapa húmeda, de lluvias, alcanza los casi 50. Intensamente llueve. La noche nos traga. Solo las luces del barco iluminan la estela que va dejando la embarcación. Vamos a contracorriente. Como por una inmensa carretera acuática. Una vía marítima segura en contraposición a lo que ocurre más allá del borde negruzco que da origen a la selva y sus innumerables misterios, del inicio y el final de los tiempos. Giovanni está en el final de sus días. Lejanos han quedado sus aventuras de juventud, sus romances, sus triunfos y también derrotas. El italiano se apoya en la baranda de la popa y baja la vista.
-Vamos a contracorriente Hugo- me dice con cierta dosis de asombro.
-Siempre a contracorriente, Giovanni- le respondo-. Hasta el final de los días y las estirpes.