Por Maori Pérez.

Ilustración de Melina Rapimán

Las comunas y yo

Shakira recomienda, en una de sus mejores canciones, empezar por uno mismo a la hora de confesar, es decir, de relatar en primera persona. Mi primera experiencia de extranjería personal ocurrió con la separación de mis padres y el cambio de casa, de La Florida a La Reina, del Colegio Raimapu al Colegio Larraín. Muchas cosas cambiaron de una comuna a la otra: pasé de formar parte de un clan a estar plenamente solo, de dejar ser al amor a buscar enamorarme, de ser orgullosamente flaite a ser un absoluto cuico, y de decir pulento a decir bacán para hablar de lo mismo. Esto, este cambio de paradigma radical, no se volvería a repetir hasta muchos años después, cuando me fuera a vivir con mi padre a Ñuñoa, y el mismo orden de cosas volviera a desordenarse. Pero lo curioso es que uno no deja de ser un ejemplo más de extranjero incluso entre un Chile y otro, entre un Santiago y otro. Por esto, he decidido mirar distintas personas o diversos personajes que me parece han vivido la extranjería y sus circunstancias desde focos aparentemente extraños a la migración y la soledad comúnmente asociable a la idea que tenemos de no pertenecer, esperando que ellos mismos se encuentren, al menos, en el presente texto. Estos sujetos son: René Larenas, María José Viera-Gallo, Paula Becker, Emilio Gordillo, Valeska Pereira Godoy, Felipe Becerra Calderón y Odemaris Machado.

Odemaris sobre luchar

Odemaris Machado es mi psiquiatra actual en Hospital Salvador. Su nombre, según búsqueda en Google, significa “canción de mar” y su nacionalidad podría ser venezolana, colombiana o incluso cubana. La anterior indefinición, más que racismo, es ignorancia, porque aparte de mí hay mucho chileno que sí sabe identificar adónde pertenece tal expresión o acento, y cabría preguntarse si aquello también es algo racista. Me la presentaron como mi nueva psiquiatra un día en que otra vez venía de rezar sin recompensa mientras caminaba hacia el hospital, y me señaló que ella también rezaba para volver a su país, pero que esto no implicaba magia o milagro, si no trabajo, lucha. Una doctora laxa o no-heterodoxa, en cuanto que no le parece demasiado generoso repartir medicamentos, aunque también una doctora en sumo descreída con los delirios de sus pacientes. Lamentablemente, un único requisito internacional para ser psiquiatra es callarse y escuchar a las personas que tratas. No sé qué le gusta, qué le apasiona, qué cosas detesta, quiénes son su familia o sus amigos. De modo que no puedo imaginar a Odemaris más que dentro de la fantasía que propone la película Encanto, y más tarde irme a dormir como un bebé en un país más frío. Por supuesto, uno nunca sabe si se trata de un síntoma de la propia enfermedad o un dato relevante, pero he visto a Odemaris hablar en perfecto chileno, y desconozco si ella es realmente extranjera, o simplemente le pasó como a Ross de Friends mientras impartía su primera clase, y un día partió haciendo un acento caribeño con sus pacientes, y después ya no lo pudo evitar.

Becerra becario

Felipe Becerra es un amigo, además de autor de las novelas Bagual y La próxima novela. En principio viajó de Valdivia a Santiago, para estudiar en PUC, y más tarde viviría en Francia y en Estados Unidos, como parte de sus estudios de post-grado en literatura. Felipe es alto, flaco, de mentón con hoyuelo, ojos claros, actitud de líder y buen humor; es muy popular entre las damas. Pero además parece tener la actitud perfecta del errante eterno, adonde sea que vaya hace lo que quiere y lo logra. Ha robado vinos y libros, que yo sepa, pero además es muy honesto cuando algo que alguien hace no le gusta. Siendo muy superior a mí, a veces pienso que, tal como señala el epígrafe de Claudia Apablaza, lo inventé en mi mente, porque Becerra las más de las veces coincide con algo que estoy escribiendo, sí, para leerlo en nuestro grupo de correos, donde también están Ignacio Elizalde, Agustín Hidalgo, Andrés González y Florencia Edwards, entre otros, pero también para actuarlo, esto es, para representarlo y para imitarlo a su vez como sendo gólem. Por supuesto, decir lo que acabo de decir es extrañísimo, más aún si consideramos que él es del Colo y yo de Universidad de Chile (¿quién es la madre y quién el padre de ambos?). Supongo que, en la extranjería, o en la literatura, tiene que surgir incómodamente esta idea de amistad.

Valeska en bicicleta

La última vez que vi a Valeska iba en bicicleta por la carretera, y antes de irse me dio el abrazo más hot, o más hot para mí, porque a ella, hasta ese entonces, al parecer los abrazos no le reportaban el mismo resultado. Eran una parte esencial de su filosofía, de cualquier manera; un buen abrazo era mejor que cualquier palabra de cariño. La conocí en un taller de Pablo Azócar, como premio por un concurso de cuentos de UDP, y más tarde supe que habían coincidido con otra amiga en literatura en la Chile, la Rebeca Sánchez, que una década y media más tarde migraría a Seattle para asentarse, hacer arte y reproducirse. Valeska tendría muchos amores, y junto a esos amores tendría otros amores, y, en cuanto a vivir, viviría donde esos amores, ya sea en la buhardilla de Rafael Allendes (ex bajista de Disfonía), una construcción preciosa en un segundo piso en el patio, rodeada de plantas y de los gritos de Santiago Centro, o con sus amigos itinerantes en una casa ocupa en Ñuñoa, donde además impartiría fiestas y lecturas y formaría parte de la Chinchín Tirapié, vestida como una serpiente que se inmiscuye en el carnaval y entre los espectadores. Valeska Pereira Godoy, ejemplo definitivo de la universitaria que paseó por toda Latinoamérica sin un peso, fumando, tomando, haciendo poesía y el amor. Una extranjera, dentro de todo, millonaria, porque si hay riqueza en la pobreza, esta consiste en no desorientarse, en no necesitar siempre volver precisamente a casa en un mundo donde hay tantas otras.

Los papeles falsos de Emilio Gordillo

Cuando Emilio Gordillo viajó a México, segunda migración después de una larga estancia en Argentina, no me dijo que iba con su mujer, de modo que yo le recomendé acercarse a Valeria Luiselli, quien además de guapa es una tremenda escritora. Su respuesta fue “no puedo, mi situación legal no lo permite”. Autor de libros como Croma o Indios verdes, ambos excelentes, Gordillo sufriría una tercera extranjería, aparte de la turística o la romántica: cuando niño era gordo. Cualquiera podría pensar que se trata de justicia, que un niño gordo pueda acceder, ya adulto, a las bondades de ser tan hermoso como es actualmente Emilio. Pero hay quienes somos por siempre extraños a la justicia, y gente como Diego Zúñiga o Simón Soto tendrían que objetar que la belleza no es su única forma, y que ser gordo de principio a fin no quita otras virtudes que nacen con la experiencia. Gordillo una vez me lanzaría una frase de autoayuda, en un momento en que se la necesitaba: “son cuerpos, solo hay cuerpos, somos cuerpo, la escritura es un corpus”. El tipo de cosas que uno piensa cuando acaba de terminar una sesión de entrenamiento, quizás su secreto, porque yo lo he visto comiendo y tomando como el más grande y obeso de los narradores chilenos.

Respecto de Paula Becker

Respecto del feminismo, cabe preguntarse constantemente qué es y qué no es feminista si lo dice un hombre. Nada, probablemente; pero las palabras son de todos y de nadie, y que las utilice un hombre no significa que no las pueda utilizar una mujer. Paula es revolucionaria, antipsiquiátrica y hermosa como pocas. Reside actualmente en Brasil y habla perfecto portugués, sus posteos de redes sociales usualmente críticos al orden reaccionario siempre me dejan pensando que no podría extrañarla más. Uno quiere ver a Paula, a Paula de cuerpo completo de ser posible. Pero uno también se pregunta, en medio del clima crítico: “¿Es esto extrañar a Paula, o es algo mucho más innoble?”. La extranjería, como la muerte, es una separación, una ausencia. Es también lo cojonudo de ser extranjeros: es como estar muertos en otra parte del mundo, o como estar más vivos que nunca, como estar bailando en el carnaval eterno del país de los muertos, el país de los extranjeros totales y de los sueños.

Fuera del exilio

Conocí a María José Viera-Gallo poco después de volver a escuchar Out of exile, de Audioslave, con el subidón que involucra escuchar un temazo después de muchos años sin hacerlo. La canción no le gustó. Otras canciones que le mostré sí, como Guachita de Tunacola, incluso le compuse un par de discos, pero finalmente la aburrió mi música. Residente en Italia a la brevedad de nacer, de nacer el mismo día en que murió Jim Morrison, María José llena perfectamente el lugar común de que una exiliada en el fondo es una habitante del mundo entero, del primero, del tercero o del séptimo según el ánimo. Una extranjera pero no una extraña, ella tenía un enorme séquito de fans, y amigos en donde apunte el dedo sobre el globo terráqueo; además de la patria de los hijos, y la de la literatura. Y creo que ella sabía que ella era tan importante, y que merecía de este mundo solo lo bueno. Me parece que todavía vive a unas pocas cuadras de mi casa, lo cual es decidor y paradojal.

La música según René Larenas

Patria es donde uno se siente agusto, diría un optimista heredero de la dictadura. Para René Larenas, gran melómano, esto podría sucintamente consistir de un buen par de audífonos, y tal vez un control de Playstation 5. La figura del extranjero parte por Camus, una de sus lecturas, y prosigue con The Cure, The Doors e incluso con El Extremista de Claudio Narea. René maquillado tratando de impresionar a mi ex novia, René y su mamotreto bajo el brazo donde se explayaba sobre el colegio y la filosofía y la profesora de inglés a la que mascoteó como un dios, René tratando de pegarse un tiro con la pólvora mojada o dictando clases en la Chile unos segundos antes de caer doblegado por la epilepsia, su culo gigantesco paseando al lado de Valeria Paris o el bólido de su bicicleta dejando atrás el eco de la voz de Ian Curtis. Ser extranjero finalmente es un asunto de poder, de moda, de dinero y lo contrario, se puede sufrir o se puede acceder a ello por el puro placer que pretende. Se puede, como dicta la norma, ser extranjero en el propio país, y más tarde serlo en otro, o, como suele decirse que dijo Enrique Lihn, estar permanentemente nacionalizado en una parte, no obstante los viajes y migraciones. Como ratas en un laberinto sin salida, hallaremos descanso, hallaremos patria, en lo que nos seduce, en lo que nos alimenta, en lo que nazca de nuestros deseos y pasares. Sean estos o no, los sueños de música, de filosofía, de videojuegos, sexo y enfermedad, suicidio y extranjería de René Larenas, o de quien sea que esté lejos y prefieras acordarte, basado en la nostalgia de la brevedad de haber sido lo uno, pero no entre extraños. Extranjeros sí, y en todas partes, pero no extraños, que ya lo dijo una vez Charly García con una profunda angustia en la voz.

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