Por H. Dimter P
 
Fassbinder va conduciendo su coche deportivo amarillo por las cercanías de una localidad, en mitad de la noche.
Luego de fumar y escuchar la radio, por unos momentos, divisa un bar abierto a un costado de la carretera. Entonces detiene el auto, desciende, trastabilla, y luego se encamina a la entrada. Dentro hay algunas muchachas y unos tipos grises que podrían ser turcos. Fassbinder pide un gin en la barra y el barman le pregunta sobre el clima.
-Afuera llueve- le responde Fassbinder y mira a las muchachas, quienes parecen tristes pese a reír a carcajadas.
-Le gusta algunas de las chicas?- le pregunta el tendero.
-No están en mi “banda”- responde él.
El tendero no hace más preguntas. Los vasos se ven tan antiguos y gruesos, como barcos en alta mar. Son pocas las tonalidades entre tanto blanco y negro.
 
-Las mujeres y los huesos son frágiles como los vasos- le lanza el tendero, riendo.
-No es cierto- responde Fassbinder-. Tienen una robustez admirable para soportar el peso de la vida que les hacen vivir.
El tendero -que era alemán- no entendió al menos alemán de los alemanes. La respuesta le fue misteriosa, inentendible, casi un murmullo que solo algunos oían y lograban descifrar. Todo en Fassbinder y ese nuevo cine alemán era un completo misterio.
 
Una tras otra. Un caudal de imágenes se iba a esparcir por el Rin -desde Colonia a Stuttgart- subiendo hacia las ciudades como un acorralado animal salvaje.
Qué se trataba de hacer? El Nuevo Cine alemán planteó una crítica pesimista sobre el auge económico del país, después del término de la Segunda Guerra, basado en soledad e incomprensión. En definitiva es una fotografía (a varios cuadros) de los males que alimenta el nuevo modelo del boom alemán de los 70. Algo está fallando y es notorio. Algo parecido a cuando el rector Peña se preguntaba cómo era posible un 18 de octubre en Chile si estábamos tan bien. Seguramente para Peña el director Rainer Fassbinder era un lloricón mal agradecido.
Desde la orilla ABC1 Peña no se humedece con la brisa gélida del populacho. Ni con la crítica que es peligrosa. Tan peligrosa como el Nuevo Cine Alemán. Ese de Werner Herzog, Alexander Kluge, Margarethe von Trotta o Wim Wenders)
“Me resulta totalmente imposible contar algo falso (…) Cuanto con mayor sinceridad se entrega uno a una historia, más tiene que ver esa historia con los demás (…) Personalmente y por encima de todo, mi deseo es el de contar cosas, contar cosas importantes para mí, que sean emocionantes e importantes… y con importantes no me refiero a hacer cosas que vayan a servir de pasto a la sociedad, sino algo que pueda proporcionar a la gente la libertad y el deseo de expresar su dolor.»
Unos tipos sencillos: Fassbinder amaba a Pasolini. La figura de Cristo, la dominación en el nazismo y el nuevo orden que es más de lo mismo sin Auschwitz; el sufrimiento en la Cruz, pero también en la calle y en las relaciones humanas, marcadas por algo que nunca controlarán (menos hoy con Tik Tok e Instagram).
Definitivamente ni las pastillas, ni hoy los fondos mutuos ayudan demasiado. El boom alemán y la crisis pre estallido social eran parecidos. “Pero algo se hará”, dijeron los alemanes.
En esta propuesta las referencias de la Nouvelle vague son indesmentibles. Fassbinder vio más de 27 veces Vivir su vida, de Jean-Luc Godard. La libertad para hacer películas de autor y alejarse de los cánones. Algo ha cambiado y el “nuevo cine” quiere representar lo que sucede. Un tiempo donde el pasado se aleja, o parece hacerlo. Es cierto que el nazismo sigue ahí pero ellos lo dicen; no ocultan nada. Fassbinder, el niño terrible, argumenta que los alemanes se hicieron los lesos con el Holocausto. Pero no eran cómplices pasivos. La burguesía alemana decidió, posteriormente, callar todo lo relacionado con él nazismo. Fassbinder dice que eso era anti democrático. El anti teatro y la RAF, haciendo de las suyas. Eso se vivía. Lo teatral en sus filmes es notorio. La violencia, legado de siglos. Fassbinder elitista, reaccionario, ultra realista? La izquierda puso en remojo su interpretación. Fassbinder: “Para mí lo importante siempre fue filmar películas sobre personas y las relaciones entre ellas, su mutua dependencia y su dependencia respecto a la sociedad…”.
El cine era para él era algo muy serio.
Con el paso de los años ese bar se transformó en una discoteque tecno y el hijo del tendero fue quien vio las películas de Fassbinder en el cine de la localidad los domingos después de misa. Algo quedó. Para Fassbinder el matrimonio es una institución peligrosa y estupida que acaba con aquello que, alguna vez, fue amor. El hijo del tendero nunca se casó.
Fassbinder alcoholico, con ataques de ira, un poco gordito, con el cigarro en la mano, cocainómano, viviendo a mil sin descanso. Pálido.
Usted hace mucho ejercicio?- le preguntó Wharhol. El gérmano solo lo miro.
“Un tipo raro este Fassbinder”, anotó Wharhol en su diario.
“Me gustaría construir una casa con mis películas. Algunas serían la bodega, otras las puertas, otras las ventanas… Pero todas juntas formarían una casa”.
42 películas y 26 obras de teatro, más una serie para TV: Berlin Alexanderplatz.
Fassbinder casado con una actriz pese a ser homosexual. Podía tener relaciones con hombres y mujeres basado en su personalidad más que su sexualidad, para él no hay trucos ni atajos sociales, menos culturales. Fassbinder establece una nueva religión con acólitos renombrados que siguen su prédica. Diminutos círculos en el piso del un bar llamado Alemania, que tiene más secretos de los que se sospecha.

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