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Chile - noviembre 5, 2020

Unidad Popular, semilla en la juventud combatiente

Por José Miguel Carrera Carmona [1]

“La juventud de la Unidad Popular debe ser el ejemplo en el trabajo,

 en el estudio, en la lealtad al pueblo y en la vocación heroica

por servir a Chile por sobre todas las cosas.”

Salvador Allende, 21 diciembre 1970. Discurso a la Juventud.

Anima a este escritor, rescatar el impacto de la “vía al socialismo” de Salvador Allende y las consecuencias para la vida juvenil de esa época, primero como felices actores de una obra libertaria, luego testigos del dolor de la derrota, hasta llegar a ser protagonistas activos de los esfuerzos para terminar con la dictadura de los militares golpistas y de otras dictaduras latinoamericanas. Devinieron en combatientes internacionalistas que admiraban a los luchadores del interior de esos años de resistencia, y que, finalmente, pudieron ser como ellos, enfrentando directamente a la dictadura. Un número no menor de ellos dejaron la vida en Centroamérica y en Chile, los sobrevivientes nunca dejaron de ser allendistas, independiente de las organizaciones a que pertenecieron.

El pueblo chileno recuerda la obra de Allende porque también fue suya. Las tareas de su gobierno se transformaron en acción colectiva, la razón de ser de miles y miles, sin importar la edad. Era un gobierno de todos. Eso fundamenta el que nunca se deje de recordar a ese hombre tan digno. Vale aclarar que no ha sido así la actitud de casi la totalidad de los partidos que formaron la Unidad Popular, en especial sus dirigentes, recuerdan a Allende de forma oportunista para los eventos electorales y nada más, nunca se han planteado retomar la senda de sus ideas, obras y ejemplo.

Recién asumido Presidente, Allende habló a los jóvenes:

                        “Necesitamos, reclamamos y pedimos la energía creadora de la juventud, su lealtad revolucionaria que será puesta sin quebrantos al servicio de Chile y del pueblo. La juventud chilena recorrerá los valles, los campos, las aldeas, las poblaciones, llevando el mensaje redentor, la voluntad, la decisión creadora y revolucionaria del Gobierno Popular.” (Salvador Allende, 21 diciembre 1970. Discurso a la Juventud).

Los jóvenes vibraron con los días del gobierno popular. Creyeron en ese gobierno, razón por la cual muchos de ellos, impactados por el criminal Golpe de Estado de 1973, abandonaron proyectos personales para ser parte de los esfuerzos políticos y militares que terminaron con la dictadura pinochetista. Es deber rescatar las vivencias de los que tomaron ese camino.

Gastón Palma tenía 10 años en 1970, mostró interés en los problemas de los obreros:

                        “Admiraba a mi abuelo, militante del Partido Comunista, mueblista, dirigente poblacional y deportivo, supo con su ejemplo y explicaciones educarme en la problemática de la lucha de clases. Asistía a las concentraciones en compañía de mis tías. En especial recuerdo las que se hacían para la campaña presidencial de Salvador Allende. Mi madre no era militante, pero se identificaba con Salvador Allende, lo defendía y le hacía propaganda.”

Ya mayor Gastón ingresó a la Escuela Inter Armas Antonio Maceo y se graduó de oficial formador de militares cubanos, combatió como internacionalista a la Contra Nicaragüense en el Ejército Popular Sandinista, siendo parte de la misión militar de Cuba que incluía a chilenos como él.

Gastón expresó:

                        “Recuerdo que el viernes 4 de Septiembre de 1970, mi abuelo estuvo pendiente de las noticias en la radio, en la noche cuando la votación ya era favorable a Allende, en el barrio era todo alegría, la mayoría de los vecinos celebrando, puso la bandera chilena en la casa, cuando Allende se dirigió al país puso la radio más fuerte y se juntó con los vecinos a escuchar. Al otro día la alegría se sentía, la mayoría de los vecinos estaban contentos y hablaban del futuro que favorecería a los trabajadores.”

Ismael Camacho llegó desde Europa a la escuela militar, su oficial fue Gastón:                            “Cuando el compañero Presidente asumió el 4 de noviembre de 1970, tenía 14 años, estaba en la básica, participé en las campañas de propaganda de la UP. Recuerdo cuando vino a mi población La Victoria, una toma de terrenos. Cuando Allende hablaba era claro y cautivante. Hablaba a nosotros, los niños, de sus promesas de gobierno: La Campaña de Alfabetización, el Medio Litro de leche, educación gratuita y muchas otras promesas que se fueron dando para el pueblo. Sus discursos me daban ganas de luchar como él.” 

Beatriz Toledo con 20 años, resume sus recuerdos pensando en la felicidad que derrochaba su padre el 4 de septiembre. Junto a Maira Rodríguez fueron parte del grupo de 10 médicas militares incorporadas a la guerrilla sandinista en 1979, Maira reflexiona sobre ese día, ella tenía 18 años:

                        “La tensión política durante la campaña electoral se sentía en las calles, era habitual los enfrentamientos entre los bandos. Y no eran piedras, cuántas veces tuvimos que salir arrancando de los balazos de grupos armados derechistas. La transición entre el 4 de septiembre y el 4 de noviembre, no fue fácil, los ataques ultraderechistas no se hicieron esperar, el 20 de octubre de 1970 asesinaron el General Rene Schneider.”

Durante el gobierno de Allende, para Gastón, tuvo gran importancia la lucha ideológica:

                        “Se fomentó la lectura, circulaba la revista infantil Cabro Chico, la Firme y libros de Editorial Quimantu. Se escuchaba a Víctor Jara, Violeta Parra, Inti Illimani, Quilapayún, Patricio Manns, Joan Manuel Serrat y otros. Miles de menores de edad y embarazadas del país se beneficiaron del programa Medio Litro de Leche. Las escuelas repartían bolsas de leche en polvo para el mes y nos servían jarros de leche y galletas.”

En La Victoria, Ismael cuenta que la gente comenzó a mejorar sus ranchitos:

                        “Se juntaban los vecinos ayudándose unos a otros, nosotros lo mismo, hacíamos adobe a patita pelada, pisábamos la mezcla de barro y paja, los grandes llenaban los cajones para darles forma, se arreglaban techos y los cierres de las casas. Antes del Gobierno Popular, la mayoría cocinábamos con leña o carbón, y ahora muchos compraban cocinas a parafinas o gas, aparecieron las antenas de televisión en techos, se compraba ropa, incluso pasamos de juguetes que nosotros hacíamos a los que ahora compraban nuestros padres.”

En Chuquicamata vivía Rosita Sepúlveda, de 18 años cuando ganó Allende, era dirigente estudiantil socialista, para ella los días de la UP fueron luminosos:

                        “Esa sensación de estar participando en algo muy grande, histórico y que debíamos responder al Programa del Presidente y la UP.” “Recuerdo imborrable fue estar ahí cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro visitó la zona y me correspondió saludarlo a nombre de los estudiantes del Loa.” “Salvador Allende se convirtió Presidente siguiendo todas las leyes burguesas, pero era evidente que no permitirían que el pueblo llegara el poder, la única oportunidad que teníamos era defendiendo el proceso, tuvimos la razón, pero no tuvimos la fuerza y el costo fue y es muy alto.”

Rafael Méndez, el 11 de septiembre de 1973 tenía 12 años, cumplió tareas políticas en la Jota:               “Denunciábamos a los que hacían mercado negro, recuerdo que pasábamos la noche cerca de un almacén de algún momio y vigilábamos si metían mercadería o no, para después denunciarlo por acaparamiento, en ocasiones me quedaba en el local del Partido haciendo vigilancia con gente más adulta, cuidando los locales.”

Cincuenta años del inicio del gobierno de Salvador Allende -1970- derrocado a sus mil días, por la fuerza del brazo armado de la derecha política, las FF.AA. chilenas. A pesar de eso, el tema militar sigue siendo un tabú para la izquierda chilena. ¿Es posible instalar una discusión al respecto? ¿Seguirá la fuerza siendo materia exclusiva de la derecha en Chile, para usarlas cuando estime conveniente?

La fundamentación teórica del Golpe de Estado del 73, según el Acta Institucional N°2 (1976) indicó: …las Fuerzas Armadas y de orden en cumplimiento de su deber esencial de resguardar la soberanía de la Nación y los valores superiores y permanentes de la chilenidad a justo y legítimo requerimiento de aquella, asumieron el 11 de septiembre de 1973, la conducción de la República con el fin de preservar la identidad histórica, cultural de la Patria y de reconstruir su grandeza espiritual y material.»

Para los militares golpistas, la identidad histórica y cultural de la patria, así como su grandeza espiritual y material, estaba amenazada por el gobierno de Salvador Allende y se propusieron “salvar el alma nacional”, sin escatimar para ello la violación de los derechos humanos de sus compatriotas.

Nuestro acervo cultural, nos indica, que aparte de los poderes estatales, el ejecutivo, legislativo y judicial, existen “otros”, no consagrados que históricamente han intervenido en las grandes decisiones del país y estas “intervenciones” han significado grandes tragedias. Nos referimos a los poderes militar, empresarial, eclesiástico y al que nunca aparece ni siquiera mencionado en las Constituciones que nos han regido, el supra poder extranjero, que en este período histórico son los gobiernos de los EEUU, de muy negro prontuario en Chile y América Latina.

Cualquier cosa puede pasar en Chile, porque estos poderes y sobre todo los no consagrados, se consideran con el derecho de proteger sus intereses por sobre la gobernanza de turno. Y que estos poderes así decidan, ya parte también de nuestro acervo cultural, los chilenos somos así, dicen ellos “los decididores”, asumen que siempre hemos sido permisivos, libre albedrío para ellos y consecuencias terribles para nosotros.

En la letra de La Cantata Santa María de Iquique, de Luis Advis, se advierte de las masacres sucedidas y las que pueden acontecer en el país: La Matanza de la Escuela Santa María de Iquique del 21 de diciembre de 1907 por órdenes del presidente Pedro Montt. La Matanza de La Coruña el 5 de junio de 1925 por mandato del presidente Arturo Alessandri Palma. La Masacre o Levantamiento de Ranquil, en junio y julio de 1934. Y la Masacre de la dictadura cívico-militar de Pinochet, entre septiembre de 1973 y marzo de 1990. Y la última, la brutal represión al estallido social de octubre de 2019 bajo la presidencia de Sebastián Piñera.

Ha sido, por tanto, a través de la acción de las armas, que de acuerdo a la Constitución imperante, la “sociedad” coloca en las FFAA y de Orden, el método clásico de “protección del alma nacional”, como se han resuelto los conflictos sociales en Chile. La Doctrina Militar institucional ha sido beligerante históricamente con la ciudadanía, asumió que en el seno del pueblo anida el enemigo interno, y las prácticas represivas siempre han beneficiado los intereses políticos y económicos de la clase más pudiente.

Las últimas palabras de Salvador Allende, reflejaron ese conocimiento cultural de los golpes y represiones de los poderes fácticos chilenos: “El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.” (Salvador Allende, discurso 11 septiembre 1973). Debíamos estar alerta, no dejarnos provocar ni masacrar, defender las conquistas alcanzadas y el derecho a una vida digna y mejor, que los golpistas estarían en nuestras casas, para reconquistar el poder. Eso nos dijo el Presidente. Para sobrevivir en las condiciones impuestas por los golpistas, había mucho que aprender y actuar, echar mano al acopio cultural acumulado en años de represión y explotación, que incluye, sin lugar a dudas, la ciencia y el arte militar anti represivo o popular.

Había que cuidar y esconder a tantos perseguidos con la solidaridad que abunda en nosotros. Con la auto defensa para resguardar a las organizaciones políticas y sociales, proteger las escuelas y universidades, defender las conquistas sindicales en los centros de trabajos y vivir con dignidad en las poblaciones. Pasada la resistencia inicial, había que hacer las cosas bien para mantenernos informados, conocer los alcances de la represión, establecer modalidades de contactos, reuniones, denuncias, mítines, rayados, panfletos, en definitiva superar la derrota con otros medios. Y lo principal, sacar al tirano del poder.

En los años posteriores, los golpistas aplicaron la represión de forma más selectiva, en los centros de trabajo, estudios, en el campo y la ciudad, contra los dirigentes y militantes de la izquierda y el pueblo allendista. Lo anterior provocó que el actuar popular de protesta, nuestro arte militar, se realizara en lugares más confiables y seguros, donde vivíamos, las poblaciones pasaron a ser teatros de operaciones. En ellas se desarrollaban los principales enfrentamientos. El empleo de barricadas era importante, con materiales caseros que se recopilaban mucho antes y en el secreto colectivo de los pobladores. Los cierres de calles defendidos por todos y el empleo de piedras, bombas molotov y “miguelitos” que frenaban la irrupción de las fuerzas represivas. Por lo general este accionar se hacía durante los apagones, la penumbra protegía, pero de igual forma los militares con sus vehículos de guerra penetraban, causando muertos, heridos y detenidos entre los pobladores.

La magnitud, fuerza y variabilidad del accionar en las Jornadas de Protesta entre los años 1983-1986, así como el tipo de participantes y las múltiples organizaciones sociales, estudiantiles, políticas y de grupos de combate sorprendió no solo a la dictadura sino hasta los propios convocantes de las protestas. Fue nuestra estrategia. Se evidenció el acumulado cultural de lucha y experiencia del pueblo chileno. La necesidad creó nuevas formas de organización, grupos de combate, milicias, combinaciones de autodefensa. En esas luchas de resistencia los chilenos fuimos conociendo nuevos tipos de lealtades, las que se crean en la lucha ofensiva, lo que superaba los dolores y frustraciones de los primeros momentos del Golpe, de las primeras luchas defensivas. Este tipo de lucha, las protestas, cambiaron la mentalidad y fue el camino elegido para la construcción de las fuerzas necesarias para las nuevas etapas.

En esta resistencia los principios del arte militar, estuvieron presentes: la instrucción, la iniciativa, la sorpresa, la decisión, el uso acertado de los distintos medios para frenar la represión. La cooperación y concentración entre fuerzas. La moral, el uso de factores políticos y psicológicos para desmoralizar a los oponentes y romper la voluntad de represión. La seguridad que complementa la sorpresa y el apoyo logístico de carácter permanente. La tradición cultural de auto defensa, viene de la época de lucha contra el invasor español, esto se oculta, es poco investigada, pero se mantiene latente como respuesta al abuso institucional hasta nuestros días. La resistencia a la dictadura acopió conocimientos y experiencias en el tema militar, y eso fue una conquista teórica y práctica del pueblo, que hoy no se debe olvidar.

Se requiere iniciar o continuar un camino de investigación de la cultura combativa chilena, tal como se ha hecho en lo relacionado con las violaciones de los derechos humanos cometidas por la dictadura. Así como se han construido, producto de ese esfuerzo, varios museos de los DDHH, debe haber museos de la memoria combativa del pueblo chileno. ¿Habrá razones para que todavía no existan esos museos?

¡Es una guerra! Anunciaron los terroristas de Estado en septiembre del 73, con el fin de aplastar el ejemplo de la Unidad Popular y Allende, sus generales al declararla, tomaron como enemigo a los propios ciudadanos que juraron defender de agresiones externas: el pueblo chileno.

Por estudios y experiencia militar adquirida, es sabido que una guerra debe cumplir tres grandes objetivos: I. Destruir las fuerzas enemigas que enfrentan. II. Controlar el territorio o teatro de operaciones, y III. Romper la voluntad de lucha del pueblo atacado, destruyendo su moral combativa. Esto último es esencial, pues garantiza el triunfo total. ¿Cumplieron esos objetivos estratégicos, los golpistas?

Al margen de que cada objetivo merece un análisis particular, en esta opinión solo generalizaremos. Las fuerzas populares que ayer apoyaron y defendieron a Allende a pesar de la desigualdad de fuerzas y medios, fueron destruidas, y las que posteriormente enfrentaron la dictadura también. Los militares controlaron rápidamente el territorio nacional. Pero, repetimos la pregunta ¿destruyeron la voluntad de lucha? ¿La moral combativa fue aplastada? ¿Todos los combatientes perseguidos, apresados, relegados, expulsados del país, renegaron de sus ideas?, ¿el pueblo chileno olvidó a Salvador Allende y su sueño socialista? ¿Son historias olvidadas las vidas de Miguel Enríquez, Raúl Pellegrín, y tantos otros héroes del pueblo chileno? 

A pesar del terror impuesto en esos años de dictadura, y la posterior denegación de justicia, por la decisión de Patricio Aylwin de implementar su doctrina de juzgar en la medida de los posible a los criminales violadores de DDHH, de Eduardo Frei de salvar de la justicia internacional al dictador preso en Londres, o del deseo de dejar que las instituciones funcionen de Ricardo Lagos, circunscribiendo los crímenes a responsabilidades individuales y no a doctrinas institucionales, y a pesar de la “Transición Democrática” que explica el estado de injusticia y corrupción que vivimos en nuestros días, ¿Perdimos nuestra voluntad de lucha los chilenos?

No rotundamente no, prueba de ello, es que jóvenes como Rafael, Gastón, Ismael, y muchachas como Maira, Rosita y Beatriz, y muchos más, se transformaron en combatientes, aprendieron el oficio militar e hicieron su aporte luego en la lucha contra la dictadura que derrocó al gobierno legítimo de Salvador Allende. Las historias de esos muchachos y muchachas que vibraron con las tareas que les demandaba la Unidad Popular y sus partidos, son aún desconocidas. Rafael, Mayra y Beatriz fueron guerrilleros y actores directos del triunfo de la revolución Sandinista en 1979, Rosita, Gastón e Ismael, contribuyeron a la defensa de esa revolución cuando fue atacada por los contras y el imperialismo Norteamericano, entraron finalmente a Chile aportando junto a los mayoritarios que nunca salieron de Chile, en los combates anti dictatoriales. No se puede perder lo aprendido, el “estado del arte” alcanzado, sirve para el presente y futuro, de ello es destacable: Reivindicar la memoria de los combatientes, como un deber permanente. Siempre debe haber una mirada estratégica en la lucha revolucionaria. La unidad de los combatientes y el pueblo debe ser monolítica. El sectarismo es nefasto como método de formación y práctica política y el proceso de acumular ideas nuevas y fuerzas, no termina nunca.

No, definitivamente, los golpistas nunca destruyeron la voluntad de lucha del pueblo chileno, el estallido de octubre de 2019 es prueba palpable de ello. La semilla estaba sembrada y brota nuevamente en la juventud combatiente.

Internacionalistas en Nicaragua durante acto de solidaridad con Chile. Escuela Militar Carlos Agüero del Ejército Popular Sandinista, septiembre 1979. De izquierda a derecha, segundo, de rodillas, Raúl Pellegrín, futuro jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y de pie, octava posición el autor del texto.


[1] Internacionalista 1979-1984, fundador y asesor del Ejército Popular Sandinista. Militó en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Integrante, Sociedad de Escritores de Chile; autor, Misión Internacionalista: de una Población Chilena a la Revolución Sandinista, Editorial Latinoamericana, Chile (2012, 2020); autor de cuento en Basta + de 100 cuentos contra el abuso infantil, Editorial Asterión, Chile (2012); autor, Somos tranquilos, pero nunca tanto… Ceibo, Chile (2013), Editorial Latinoamericana, Chile (2ª ed., 2020).

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