Por Rafael Walker
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Soy futbolero, viejo futbolero. Sentado en el tablón en los títulos del Ballet Azul del 59. Con 4 años, no entendí mucho, pero estuve, 62(63), 64, 65, 67, 69. Por la tele el 94, in situ el 95, así como el 99 y el 2000. Los campeonatos más comerciales, de 10 o 12 partidos, en realidad, no valen como títulos.
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También fui al estadio. Tenía abono, para el mundial del 62. Con 7 años vi lo mejor del fútbol mundial. Soy parcial, me gusta el fútbol, más que un concierto de Arjona o Miguel Bosé.
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Fui con mi viejo al estadio por 30 años, hasta que él ya no pudo subir las escaleras de la galera, tenía 40 vidas más que yo. De vuelta del Santa Laura, pasábamos al Rey del Lomito, en Rancagua con Infante. Del Nacional, recorríamos más, y nos íbamos al Kika. Cerveza y lomitos. Cariños, que a mi viejo le costaba tanto demostrar. Futbolero el weón, desde siempre. Cuando ingresé a la J, se produjo una distancia con mi viejo, pero igual íbamos al estadio. Recién, con la brutalidad de la dictadura, volvimos a estar del mismo bando, pero esa es otra historia.
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Me crié con la revista Estadio, que mi viejo le compraba, semanalmente, a mi hermano mayor. Me las sabía de memoria. Pero, me dio por recortarlas, con una perfección sublime. Las siluetas, en distintas acciones atléticas, formaban parte de mis bolsas de polietileno con futbolistas de todo el mundo, que me permitían, sin agentes o managers de por medio, armar los equipos para mis fantasiosos campeonatos locales, porque a todos los metía en los clubes chilenos. Decidió comprar 2. No me gusta que el fútbol sea un objetivo central para interrumpir su actividad. Tal vez, entendería, y apoyaría, si los trabajadores estuvieran de acuerdo, pero no por miedo. Entendería que se impidiera la salida de la flota Angelini, que depreda nuestro mar, y destruye el fondo marino, y la superficie, para siempre. Pero, los trabajadores de la pesca no están en eso, seguro todos fachos. Los mineros, que entregan nuestro territorio, literal, las piedras, una a una, para que se las lleven, y después nos vendan los cables de cobre a un precio grosero, fachos todos. Aristocracia obrera, y los precarios contratistas también. Qué decir de los trabajadores agrícolas, o los forestales, que siguen trabajando, a pesar de saber que destruyen el país, fachos todos. O los trabajadores salmoneros, que destruyen la costa, el hábitat de miles de especies, de manera definitiva, más fachos.
¿Qué pasa, que los trabajadores, en general, no quieren que las barras bravas y la primera línea decidan su futuro? ¿Fachos todos? ¿Inconscientes? ¿Reaccionarios?
En este mes, desde Iquique a Temuco, los estúpidos e inconscientes hinchas del fútbol han hecho resonar por la TV un “Piñera, CTM, asesino, igual que Pinochet”. Fachos todos. En Coquimbo, 50 personas, por la fuerza, para no decir violencia, se impusieron por sobre 4 o 5 mil. Afortunadamente sólo allí. La muerte de Jorge Mora, y otros miles de compañer@s, fue producto de la represión, no del fútbol. Vaya que conozco de cerca la condición de asesinos de los pacos, la muerte por tortura de la Comandante Tamara. No tengo muelas, entre otras cosas, me las volaron con un martillo en Santo Domingo, la 1° Comisaría, el 79. En la prehistoria, fui comentarista deportivo, en la TV, 98 al 2000, me despidió Guillier, por orden de los Cisneros, por referirme desde el deporte, a la detención del dictador en Londres. En ese lapso, breve, hablé de las barras bravas. Sus peleas internas por territorios, con fines comerciales. Iban el día anterior a los partidos, con scotch, a pegar bajo los asientos las dosis que venderían el sábado o domingo. Cuando llegaba al Estadio, pasaba por el callejón oscuro. No me tocaban físicamente, pero mi señora madre estaba muy presente.
Fui fundador, con otros cientos, de Los de Abajo, como respuesta a la barra oficial de Rolando Molina, y la dictadura. Pero, nadie era barrista profesional, ninguno tenía tiempo pa’ hacer banderazos, o similares, porque o trabajábamos o estudiábamos. No teníamos actividades comerciales producto de ser hinchas, no nos disputábamos territorios comerciales. No había acuchillamiento entre nosotros, éramos hinchas no más.
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Mire, si usted tiene culpas por no aperrar, yo no las tengo. Me enfrenté a la dictadura a fierrazos, perdí, porque ganaron los del lápiz y el papel que vendieron la lucha popular, pero me jugué el pellejo, y perdí cientos de herman@s. Claramente, no será, para mí, la Garra Blanca, ni otras, a quiénes reconozca como líderes de la revolución. Menos, si para que sus planteamientos, todavía incógnitos, sea necesario imponerlos por la fuerza, a l@s trabajador@s organizados. No soy de ahí. Cariños a tod@s.