Por Jorge Scherman Filer

 

Siempre he pensado que lo honesto con el lector es partir explicitando quién uno es y desde dónde se sitúa.

Pues bien, parto por decir que soy nieto de una abuela materna bolchevique y progenitores comunistas. Literal. Mi bobe  (abuela en yiddish) se jugó la vida para derrotar el zarismo, y papá y mamá lo propio medio siglo después para derribar a Pinochet.

Esa es mi herencia desde la que habló y me siento orgulloso.

No voté por el NO en 1988 y no me arrepiento. Jamás apoyé ni a las extintas Concertación y Nueva Mayoría. Me situaba en lo que denominaba “la izquierda descalza”.

Parecía una excentricidad de “puntudo”.

El tiempo me dio la razón.

Desde que asumió Aylwin en 1990 todo se transformó en un negocio. En una transacción con la derecha y las FF.AA. Los resultados están a la vista de quien desee ver y oír.

La población se fue retirando a la casa y los Mall. La Plaza Pública se esfumó.

Los partidatidari@s de la Concertación y la Nueva Mayoría se fueron haciendo l@s huevon@s, mientras la corrupción cundía a diestra y siniestra. Enriqueciéndose con los negociados (las sillas giratorias público/privadas), como operador@s políc@s, aliándose con narcotraficantes. La mayoría que apoyó a Aylwin, Frei-Ruiz Tagle, Lagos y Bachelet miraban para el costado, o se retiraron de las urnas. Pero no hicieron nada excepto tratar de mantener sus prebendas. El pueblo la cachó y los abandonó, si no fuera porque siguieron yendo juntos y separados al Mall.

Y aquí estamos, con la derecha y extrema derecha en poder.

No hay izquierda hoy. El PPD, PS, PR y PC son de centro neoliberal. De la DC ni hablar, arreglándose los bigotes con Piñera. Y el Frente Amplio es una bolsa de gatos desde liberales a extremistas de izquierda (de salón).

Por eso digo: se requiere una nueva izquierda en este país de payasos vendidos al capital,  disfrazados de progresistas.  Timoratos de la dictadura, a fin de cuentas.

 

 

Jorge Scherman Filer

Economista y escritor