Por Sebastián Diez Cáceres
Hay algo de nortino en la melodía de los reguetones chilenos, especialmente en los que, a mi parecer, son las dos grandes promesas del género urbano en Chile: Standly y Cris MJ. El tono menor y la melodía golpeada y galopante me recuerda a las cumbias nortinas, incluso a los corridos. Por ejemplo, en el tema Una noche en Medellín, si cambiamos el beat por un charango y un tambor haciendo un corrido, se ajusta al dedillo. Ahora, si cogemos el tema Pégate de Standly, y le colocamos una base de cumbia amazónica, suena muy bien. ¿Qué hay de nortino en estos dos artistas? Pues nada. Y de investigaciones ni hablar, ambos no pasan de los veinte años. Hasta donde sé, Cris MJ es de La Serena y Standly de San Felipe, así pues geográficamente no hay cómo evidenciar alguna influencia. ¿De lo que escuchaban sus mamás? (Me he fijado que los cantantes del género en Chile son muy “mamita”), tampoco manejo esa información. El caso es que, quizás, en el inconsciente musical de las nuevas generaciones deambulen estas melodías y afloren cuando componen.
 
Siendo que la zona geográfica en las que se originan estas melodías -Perú, Bolivia, norte de Chile, norte de Argentina; la zona del Virreinato- es en Chile que se le ha sacado más lustre en el género. En Argentina las canciones de trap y de reguetón salen del horno con las características propias de un palo internacional, no se les nota mucho el color local, ni siquiera en las líricas. No vocean, ni cambian los verbos al argentino. En Perú, si bien la lírica usa modismos, en cuanto a melodías, no varían del tono boricua. Faraón Love Shady, aquel caso peruano que no se sabe si es una parodia o en serio, es quien garabatea a la peruana, usa el chucha, y otros. En Chile el uso de la jerga y la melodía nortina es más grueso. Los verbos los cambian al chileno, a palabras terminadas en “ai” (estai, cantai, gustai); nombran a deportistas chilenos; usan coa, o habla de la cárcel; las cé haches como mascando chicle. También en sus videos, que para el género son centrales, pues allí se propone un estilo de vida y devienen a veces en cuasi comerciales de moda, vemos que las locaciones por lo general son casas de lujo en sitios retirados de Santiago, fachadas del sector oriente de la capital.
 
Volviendo a la melodía, la predominancia de los tonos menores es un rasgo central. Quiero poner ojo en esos dos casos especiales que son Cris MJ y Standly, que son los que están pegando fuera de Chile, y que por tanto, demuestran que la novedad de su música, muy chilena, funciona comercialmente. Cris MJ maneja un tono más grave y nasal, cuyas melodías a veces parecen ser pronunciadas por un coleóptero. Standly, al contrario, es de registro más agudo y melodioso. En ambos el uso del autotune potencia su música. Es interesante que sus colores y capas sean tan abiertos a la oreja latinoamericana general, y se comprendan sin necesidad de muchas escuchas. Y a este respecto hay un punto esencial que algunos youtubers han acusado.
 
A partir de la discusión del Chombo, un productor panameño de música urbana, autor entre otros, de canciones como El gato volador o Dame tu cosita, puso en la palestra la discusión acerca no sólo de los orígenes del reguetón, sino también de cómo se había filtrado el ritmo original, llamado dembow, a la música comercial americana. El Chombo sostenía que ya no habían reguetoneros que se pudieran montar a la pista, sino canciones melodiosas con un beat de reguetón, pero que por ello no las convertían en canciones de reguetón. Aludía a lo que se denomina reguetón de la mata, esto quiere decir, bases casi sin melodía, voces que rapean, que cantan muy por encima, y sólo en los coros. Lo que destacan muchos youtubers que he visto reaccionar a reguetones chilenos es que suena al reguetón de la mata, que el beat y la voz rapeada predominan y no las armonías ni la orquestación que llegan a tener algunas producciones gringas. Uno de los youtubers más populares hoy en la red, el Coreano loco, decía que en Chile se está retomando el reguetón de antes; y otros, como Bad Boy, que por eso mucha gente dejó de escuchar reguetón luego de Don Omar, por esa misma melodización.
Lo que ocurre en Chile es que la vuelta a la mata se da por partida doble, pues el mestizaje entre la melódica a veces átona del canto andino, y la saya podría cumplir un rol fundamental aquí, es que no sólo se vuelve al dembow sino a los ritmos afrodescendientes de la meseta del Collao. Pareciera ser que siempre estamos volviendo a África.

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