Ellos se niegan al cambio de Era, dirá la cantante Javiera Mena y Gonzalo Pérez, sicólogo y astrólogo que desde hace rato anunció que se venían los cambios epocales. Y en Chile, país laboratorio sin querer queriendo, los astros han confluido para evidenciar que surge esta nueva época: la de Acuario; la de Boric, Izkia, Giorgio, Camila, la millenial. Su imagen más potente acontece en este día, cuando el nuevo Presidente entre a La Moneda con su gabinete político compuesto por quienes conquistaron el poder siendo exactamente los mismos rebeldes en un camino iniciado tan sólo hace 15 años. Una postal que dará la vuelta al mundo, pues se patea el tablero del Estado tan adulto y patriarcal que jamás había sido vulnerado.

 

La política no es un área desprovista de estrellas, al menos en estos tiempos de cambio, incertezas, movimiento y relevo. Y se hace necesario un nuevo ejercicio colectivo: mirar hacia arriba e ir más allá de lo evidente.

Hoy 11 de marzo asume el poder un joven de 36 años recién cumplidos, porque nació un 11 de febrero y es, ni más ni menos, según la Carta Astral, un acuario con ascendente en acuario. La Era de Acuario es una de las doce eras astrológicas que, dicen los que estudian las altas esferas, duraría algo así como 2160 años y, según cálculos de ellos mismos, su fecha más probable de inicio debía ser el 7 de febrero de 2022; es decir, partió ahora mismo, casi un mes antes del inicio del gobierno del presidente Boric y su “Generación Dorada”. Si quedan más dudas de estas sincronías, recuérdese que Boric eligió la fecha del 21 de enero pasado para designar su gabinete: el primer día de Acuario. Qué diría Jung de tamañas confluencias en la órbita terrenal y cósmica.

Quien escribe también es un acuario con ascendente en acuario, pero la referencia a estos detalles, que podría verse como un caprichoso dato ocultista freak para un esperado análisis político, no está acá como un chistecillo esotérico, sino como un signo del tiempo que se nos viene. Si le resulta un exceso, véalo como metáfora, aunque es bastante más que eso. Lo de hoy no es sólo un traspaso de gobierno. Tampoco sólo es la saludable mutación de un poder hegemónico de derecha por otro de izquierda. Digámoslo con todas sus letras: viene a ser un síntoma de cambio de paradigma. Es la llegada al poder, en la disputa nada de celestial de la legítima democracia, de una nueva generación, lo que nunca ocurrió en Chile y de seguro en muy pocas partes del mundo: la de aquella camada exitosa de jóvenes que, siendo escolar, estuvo en el año 2006 en la Revolución Pingüina y que, en 2011, siendo universitaria, protagonizó la Revuelta Estudiantil.

No deja de ser impresionante que en el país ordenadito, controlado y peinado a la gomina que diseñó un personaje tan patriarcal como Diego Portales, instaurando que la élite arreglara las cosas en “el peso de la noche”, hoy día mismo comience a habitar su palacio de gobierno un equipo brillante de millenials que ha conquistado el poder no en lo oscuro y tenebroso sino a la luz del día y en las calles mundanas, y no en las cocinas o salones de quienes han decidido por nosotros a lo largo de la historia sino en las marchas y las protestas, y sin disparar una bala.

Sabiéndose en declive, los viejos estandartes guardianes de ese orden están desencajados. Se unen para evitar el desplome neoportaliano y neoliberal que nos legó la dictadura. Los asuntos de negocios han sido los mandantes del equilibrio precario de todos estos años. Estos custodios del modelo ya no se visten de blanco, como hicieron después del estallido, sino de tonos amarillentos, color oro de metal y dinero.

Ellos se niegan al cambio de Era, dirá la cantante Javiera Mena y Gonzalo Pérez, sicólogo y astrólogo que desde hace rato anunció que se venían los cambios epocales. Y en Chile, país laboratorio sin querer queriendo, los astros han confluido para evidenciar que surge esta nueva época: la de Acuario; la de Boric, Izkia, Giorgio, Camila, la millenial. Su imagen más potente acontece en este día, cuando el nuevo Presidente entre a La Moneda con su gabinete político compuesto por quienes conquistaron el poder siendo exactamente los mismos rebeldes en un camino iniciado tan sólo hace 15 años. Una postal que dará la vuelta al mundo, pues se patea el tablero del Estado tan adulto y patriarcal que jamás había sido vulnerado.

Esta vez el Poder Joven no fue hippie, revoltoso, testimonial, como lo había sido siempre, sino que tuvo la destreza de insertarse en el rayado de cancha instituido –en las federaciones estudiantiles, en el Parlamento, en los gobiernos comunales y regionales– para arremeter estratégica y tácticamente haciéndose parte de la polis como dignos sujetos de estudio de los animales políticos que observaron Aristóteles o Machiavello.

La Era que comienza hoy en el país conlleva un impulso al cambio de visión del mundo, propio de quienes tienen 40 años para abajo. La explícita intención de propiciar un Estado “feminista y ecologista”, como está en el programa de gobierno de Boric, resulta de difícil comprensión para las generaciones mayores que siempre tuvieron la sartén por el mango para sostener las carcomidas instituciones.

Ellos apuestan a que el gobierno de los millenials no sea capaz de administrar el poder establecido. No están dispuestos a reconocer que se haya acabado su Era. Como dice la perfecta canción del cubano Carlos Varela: “Guillermo Tell / no comprendió a su hijo / que un día se aburrió / de la manzana en la cabeza / Guillermo Tell, tu hijo creció / quiere tirar la flecha / le toca a él probar / su valor usando tu ballesta”. Sin embargo, ahora un acuario como Gabriel Boric, nuestro Presidente, lanza la ballesta para encabezar una nueva Era, la de los hijos del cambio climático y del cabildo. Y lo hace sabiendo que, en política, él jamás perdió una elección.

Que los astros nos acompañen. Que el aire por fin se vuelva fresco. Que el agua sea para todos.

Marcelo Mendoza
Editor de Opinión de El Desconcierto.

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