Por Luis Cifuentes Seves

Entrevista inusual

A: Entrevistador                   

B: Entrevistado

A: Alguna vez leí una breve reflexión suya acerca del tema ¿puede la ciencia resolver los grandes problemas de la humanidad? ¿Podría abundar al respecto?

B: Con mucho gusto. Me imagino que fue un artículo en que me referí a una cita de Ludwig Wittgenstein, uno de mis filósofos favoritos del siglo XX.

A: ¿Cuáles serían los otros?

B: Antonio Gramsci, Louis Althusser, Herbert Marcuse, Jean-François Lyotard, Zygmunt Bauman… tal vez debería agregar a Bertrand Russell, pero lo considero más matemático que filósofo y a Noam Chomsky, pero lo considero más lingüista que filósofo.

A: ¿Y respecto a filósofos del siglo XXI?

B: Bueno, Bauman rebalsó hacia el siglo actual y han surgido eminentes pensadores nuevos: Byung-Chul Han, Yuval Noah Harari, Slavoj Zizek – un marxista duro- y Thomas Piketty, a quien considero un economista más que un filósofo. Por otra parte, a sus 90 años de edad, Jurgen Habermas, destacado representante de la Escuela de Frankfurt, nos ha regalado con una nueva obra. Son 1700 páginas de reflexiones: “También una Historia de la Filosofía” (2019). ¿Y de qué nos habla? De Marx y de religión. ¿Pero cómo? preguntarán algunos ¿Y no había muerto Marx? ¿Y no había muerto la religión? Esto demuestra que la filosofía sigue siendo una invitación inagotable a la reflexión.

A: Continúe por favor…

B: Parto por la cita de Wittgenstein: “Sentimos que, aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo. Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esta es precisamente la respuesta”.

A: Difícil de interpretar…

B: Bueno, Wittgenstein fue un genio, con un gran poder de síntesis. Estudió ingeniería mecánica e hizo trabajo doctoral en ingeniería aeronáutica en la Universidad de Manchester. Allí tuvo una crisis vocacional y entró en correspondencia con Bertrand Russell. Este le aconsejó que se fuera a Cambridge, donde él trabajaba, y se dedicara a la filosofía. Wittgenstein siguió el consejo de Russell y abandonó su tesis doctoral.

En su primer periodo escribió un libro que llamó “Tractatus logico-philosophicus”, que estaba lleno de frases sintéticas como la que a Ud. impresionó y terminaba diciendo “Acerca de aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. Con esto, consideró que ya había dicho todo lo que tenía que decir en filosofía.

A: Volvamos a la cita…

B: Bien; la cita de Wittgenstein indica varias cosas:

  • Que la ciencia tiene un ámbito de competencia dentro del cual puede formular y responder preguntas.
  • Que existe otro, que está fuera de alcance para la ciencia.
  • Que este segundo ámbito contiene los problemas realmente importantes (vitales) de la humanidad.
  • Y que, al no poder ser examinado por la ciencia, debe ser abordado por otra actividad humana.
  • Que, si nos atenemos a su decisión de dejar la ciencia en favor de la filosofía, tal vez sería esta última la que podría intentar responder los problemas vitales de la humanidad.

Wittgenstein deja dos temas sin especificar:

  • ¿Cuáles son los problemas que la ciencia puede responder?
  • ¿Cuáles son los que la filosofía puede abordar?

Dejando claro que son mis visiones personales, intentaré dar respuesta a ambas preguntas:

Primero, los problemas que la ciencia puede formular y tratar de responder están en la esfera de todo aquello que es medible o calculable en el mundo material. Su propósito es determinar las leyes objetivas que los rigen.

Segundo, la filosofía trata, entre otros, los problemas del ser (ontología), del conocer (epistemología) y del valorar (axiología).

A mi entender, los problemas vitales de la humanidad están fundamentalmente contenidos en la axiología y, en particular, en una de sus partes integrantes, que es la ética; sus temas son el bien y el mal, lo correcto e incorrecto, lo justo y lo injusto.

De manera nada sorprendente, estos son también los temas de la religión. Esta última enfatiza la divinidad, es decir la existencia y manifestación de uno o mas dioses (excepto el budismo).

A: Wittgenstein parece decir que la dinámica pregunta-respuesta se agota en la filosofía. ¿Cómo lo interpreta Ud.?

B: La filosofía promueve la reflexión permanente acerca de lo trascendente, pero no aspira a generar consenso. Los mismos temas son analizados una y otra vez a partir de diversas premisas y usando distintos métodos. En ese proceso surgen cuestiones nuevas, pero las viejas no desaparecen.

A: ¿Cuándo aparece Marx en la filosofía? ¿Y cuál es el rol de las ciencias sociales?

B: Friedrich Engels, en su obra “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana” (1883), describe magistralmente los aportes de los protagonistas del debate filosófico alemán desde la segunda mitad del siglo XVIII: Immanuel Kant, Johan Gottlieb Fichte, Georg Wilhelm Hegel y Ludwig Feuerbach.

Por confesión propia, del idealismo dialéctico de Hegel y del materialismo metafísico de Feuerbach, Marx y Engels formularon el materialismo dialéctico (término propuesto por Georgi Plejánov en 1905). Empero, alrededor de 1845, a los 27 años de edad, Marx anuncia que no está dispuesto a jugar el juego de sus predecesores y, en un acto de osadía filosófica de magnitud histórica, patea el tablero y manda a sus colegas nada menos que a cambiar el mundo (Tesis 11 sobre Feuerbach), sacándolos brutalmente de su zona de comodidad.

Engels asimila la Gran Osadía de Marx al materialismo histórico, pero años más tarde, Gramsci le da un nombre específico (“filosofía de la praxis”) y desarrolla brillantemente su teoría con los conceptos de hegemonía, intelectual orgánico y una comprensión revisada de la ideología, ya que para Marx esta era “una forma de falsa conciencia”. En los años 60, Althusser relacionó la Gran Osadía al concepto de “corte epistemológico”.

Los pensadores de mayor importancia que vinieron a continuación de Marx, es decir, Eduard Bernstein, Karl Kautsky, Max Weber, Rudolf Hilferding y John Maynard Keynes, no se definieron como filósofos, sino como historiadores, economistas, sociólogos y politólogos. Sus escritos están llenos de la palabra “ética” y de la expresión “ética de trabajo protestante”, con lo que reconocen la confluencia entre ética y religión.

Así, las ciencias sociales, es decir, la economía, la sociología, la ciencia política, la antropología, la psicología y otras, se abocaron a investigar lo que Wittgenstein denominó problemas vitales de la humanidad.

Esta preocupación por lo ético fue abandonada por el monetarismo de Milton Friedman y Friedrich von Hayek y definitivamente enterrada por el neoliberalismo salvaje. Una vez le preguntaron a Friedman si no le preocupaba que en Chile sus ideas económicas hubieran sido impuestas por una dictadura sangrienta. Su respuesta fue “silly question” = pregunta tonta. A él no le importaba la sangre. Tampoco a sus seguidores chilenos, conocidos como Chicago boys.

A: Reconociendo las limitaciones de la ciencia, ¿qué podría llevar a alguien, que tiene el talento y la opción de elegir entre ambas, a preferir la ciencia por sobre la filosofía como profesión?

B: En mi opinión, la ciencia tiene una gran belleza. Esta deriva de que el rango de problemas medibles o calculables en el mundo material es más que gigantesco. Va desde los enigmas del ámbito subatómico hasta los relacionados con galaxias muy lejanas, compuestas de billones de estrellas, de las que sabemos poco más que se están alejando de nosotros a velocidades enormes.

A: Hablando de galaxias lejanas, la variable tiempo adquiere importancia, ya que para explorar nuestra propia galaxia se requeriría de viajes de miles de años.

B: Y posiblemente más. Nuestra galaxia tiene 100 mil años luz de diámetro, es decir diez elevado a 18 kilómetros. Suponiendo que pudiéramos viajar a un décimo de la velocidad de la luz, lo que hoy es imposible, la tecnología actual no nos permitiría llegar muy lejos dentro de la Vía Láctea. Para ni mencionar un viaje fuera de ella.

Pero, como suele haber una visión alternativa para todo, hay un caballero que se presenta como físico, de nombre Robert Lazar, que afirma que es posible el viaje interestelar en tiempo cero. Su teoría está en la Web e implica que el tiempo, en cuanto dificultad, desaparecería.

A: ¿En qué basa su teoría?

B: En una extrema deformación del espacio-tiempo obtenida por lo que él llama un “amplificador gravitacional” que utiliza como fuente de energía al elemento químico 115 (moscovio). Como Lazar también se refiere a varios otros temas de difícil aceptación – por ejemplo, haber trabajado en ingeniería inversa de tecnología alienígena en una base militar secreta en el desierto de Nevada – los físicos profesionales lo despiden como un charlatán y un mitómano, y tal vez lo sea, pero no he visto una refutación seria a su teoría, con ecuaciones y datos creíbles. Sus ideas permanecen como una extravagancia desafiante.

Por otro lado, se ha propuesto la llamada “métrica de Alcubierre”, que también afirma la posibilidad de superar la velocidad de la luz deformando el espacio-tiempo. Esta teoría ha sido publicada de manera convencional y ha generado mayor credibilidad, pero su autor ha señalado que, debido a la cantidad de energía que se necesitaría, es prácticamente imposible implementarla.

A: Entonces ¿se puede viajar a velocidades superiores a la de la luz?

B: Desde hace mucho tiempo se habla de los “taquiones”, partículas hipotéticas que tendrían esa propiedad, pero no se ha demostrado su existencia. Es posible que partículas y ondas sean incapaces de superar la barrera de los 300 mil kilómetros por segundo, pero que otras manifestaciones sutiles, tales como el pensamiento, no tengan esa limitación. De esto se ha hablado en la ciencia ficción.

A: ¿Es posible definir rigurosamente el tiempo?

B: La física puede describir el tiempo de manera trivial, por ejemplo, como el espacio recorrido por un móvil dividido por la velocidad a que se mueve. Pero eso no explica nada. No es una definición. También es posible analizar el tiempo desde la mecánica cuántica y la relativista, pero aún después de leer la “Breve historia del tiempo”, de Hawking (1988), me queda el sabor de que la física puede medir el tiempo de diversas maneras, pero no definirlo.

Por su parte, el multi laureado investigador en gravedad cuántica Carlo Rovelli, que en su obra ha citado a los bolcheviques Lenin y Bogdanov, ha afirmado recientemente (2017) que el tiempo no existe.

A: ¿Podría Ud. intentar una definición del tiempo?

B: Aunque entiendo que es pretencioso hacerlo, basándome en diversas lecturas he tenido la intuición de que “tiempo” es el nombre que le damos a nuestra incapacidad de reconocer o percibir que pasado, presente y futuro existen simultáneamente.

Debido a las limitaciones de nuestro sistema sensorial y de nuestro intelecto, los seres humanos no somos capaces de percibir esa realidad y sólo podemos verla en secuencia, un evento a la vez, y en un orden dado por lo que Eddington llamó la “flecha del tiempo”, es decir, en el sentido en que aumenta la entropía, o grado de desorden, del universo.

Por cierto, esta definición del tiempo abre muchas preguntas que no podemos responder, precisamente debido a nuestras limitaciones ya señaladas.

A: Perdón, pero no conocía este planteamiento.

B: Ha surgido en la literatura y en el cine. Por ejemplo, hay un libro llamado “The story of your life” (Chiang, 1998) que se hizo película: “Arrival” (Villeneuve, 2016) donde se narra la llegada a la tierra de naves alienígenas cuyos tripulantes solicitan comunicación. Cuando esta se produce, los interlocutores terrícolas deben aprender el lenguaje escrito de los visitantes y se enteran de que estos conocen el futuro, pero, al adquirir ese idioma, los humanos también comienzan a ver el futuro. En conclusión, quienes poseen ese lenguaje pueden viajar entre el presente y el futuro a voluntad, lo que sugiere que ambos coexisten.

Otra obra que insinúa algo similar es “The hitchhiker’s guide to the galaxy” (Douglas Adams) = guía de la galaxia para viajeros a dedo. Está inspirada en viejos libros de turismo del tipo “Conozca Europa por 20 dólares al día”, que contienen consejos acerca de alojamiento, restaurantes, sitios turísticos, frases útiles, costumbres locales, etcétera, procurando ayudar al turista a viajar al menor costo posible, pero este libro lo hace en el ámbito grande de la Vía Láctea.

Esta obra de ficción apareció como serie radial, libro, película y serie televisiva entre 1978 y 2009. En ella se describe un establecimiento llamado “el restaurant en el fin del universo”. Quienes acuden a este lugar, efectivamente viven el momento en que el universo se acaba, pero no tienen obligación de quedarse allí, sino que pueden retirarse en cualquier instante y retornar cuando les plazca. Así, la realidad sería transitable a voluntad, sin seguir una secuencia prescrita. Esto sugiere que pasado, presente y futuro coexisten.

A: Quisiera tocar el tema de la vida alienígena ¿Hay vida en otros planetas o exo planetas?

B: Para serle sincero, sería un milagro que no la hubiera y no creo en milagros. Sospecho que en poco tiempo más quedará establecido que en Marte hay o hubo bacterias, virus, hongos. Pero cuando hablamos de vida alienígena pensamos más bien en especies capaces de generar tecnología, capaces de comunicación.

Varios interesados en el tema han concluido que existen o han existido muchas civilizaciones alienígenas. Uno de ellos fue el famoso físico Enrico Fermi, quien originó la paradoja: si son tantas ¿por qué no las vemos? Una posible respuesta consiste en que llega un momento en que su propio desarrollo tecnológico lleva a algunas de ellas a la autodestrucción, ya sea por la contaminación ambiental generada por la sobreproducción industrial, por guerras de tipo termonuclear u otras razones.

De acuerdo a la ecuación de Drake (Sagan, 1980), utilizando los datos propuestos por Carl Sagan, habría en la actualidad aproximadamente un millón de civilizaciones tecnológicas activas en la Vía Láctea, es decir, una por cada 400 mil estrellas. Por cierto, otros autores han utilizado datos que sugieren una cifra mucho menor.

A pesar de que un millón pueda parecernos un número inesperadamente grande, las civilizaciones tecnológicas aún serían una rareza y, suponiendo que su distribución en la galaxia fuera uniforme, estarían muy distanciadas unas de otras. Sería difícil que se detectaran. Sin embargo, algunas de ellas podrían haber superado la etapa de auto destrucción, por tanto, su tecnología habría tenido muchos años para desarrollarse después de pasar por el equivalente a nuestra tercera o cuarta revolución industrial. Serían muchísimo más avanzadas y poderosas, desafiando nuestra imaginación.

En esos casos, algunas de ellas podrían habernos “descubierto” y tal vez nos encontrarían interesantes (¡un halago!) y nos estarían vigilando permanentemente, ya sea por medio de tecnología de observación a grandes distancias o por presencia indetectable en nuestro planeta.

A: ¿Cuál sería el aspecto físico de los alienígenas? ¿Se parecerían a nosotros?

B: Eso dependería de la composición química y de la condición física de su biósfera, es decir, presión, temperatura, hidrodinámica y otros.

Por ejemplo, de acuerdo a sus condiciones, en algún planeta podría desarrollarse una química orgánica basada en silicio en vez de carbono. Céteris páribus, el aspecto de sus habitantes sería distinto al nuestro. En otros exo planetas las formas de vida inteligente podrían ser de tamaño muy diferente. O mucho mayores o mucho menores que nosotros.

En “The hitchhiker’s guide to the galaxy” se narra un ataque contra la tierra de una flota de miles de naves alienígenas que, por un error de escala, al aterrizar son todas devoradas por un perro chihuahua.

En la película “Arrival”, la especie foránea mide tres o cuatro metros de altura y tiene siete piernas.

Lo importante sería la posibilidad de comunicación constructiva con civilizaciones alienígenas, aprender de las más avanzadas. Seguramente la sabiduría de estas últimas les indicaría cuándo, cómo y en qué medida transferir sus conocimientos sin provocar desastres en sociedades mucho menos evolucionadas.

A: Muchas gracias por sus opiniones.

B: Gracias a Ud. por su paciencia.

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Por (Dr.) Luis Cifuentes Seves

Profesor Titular

Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas

Universidad de Chile

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