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Literatura - marzo 13, 2021

La mujer de octubre

LIDIANDO CON EL PODER I

Tarde de la primera semana de septiembre, 1986. El Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FMPR) está a punto de intentar el tiranicidio. Nadie, excepto los guerrilleros, sabe nada. El cielo no es gris ni celeste. Es un simple cielo antes de que comience la primavera. Los hombres y mujeres que van al combate limpian sus armas. Es un día decisivo para el país.

    Dos días antes, Lucía Pinochet Hiriart ingresa a la tienda de pieles de Líliku (47). Rodeada desde el exterior por un fuerte aparato de seguridad. La mujer de Octubre se hace el cuadro y se pregunta qué querrá esta hija de puta.

    ¿En qué la puedo atender, señora? Eso sí, le advierto que ninguno de sus hombres puede entrar aquí, hay mujeres probándose. Lucía mira con cara de odio, pero al final dice: entiendo.   

    Mi madre tiene un matrimonio mañana, y quiere una chaqueta de astracán negro, tiene mi talla. Valeria, es más menos 42, dice Líliku a su vendedora de confianza, trae también una 44, quiere hacer bien su pega.

    Al final, ajusta bien la 44. Me la llevó, y si no le queda bien, te la traigo de vuelta y ajustamos la talla. No es posible señora, me debe dejar un cheque en garantía por el total.

    ¿Sabes quién soy? ¿Cómo no lo voy a saber? Es la hija del Presidente.

    Lucía extiende el cheque y se retira con la chaqueta de astracán.

No vuelve.

    Valeria, ordena Líliku el lunes, ve al banco y deposítalo. 

LIDIANDO CON EL PODER II

Líluku (49) está atendiendo una clienta en su tienda de pieles. Ingresa con una gran bolsa en la mano un uniformado. A todas luces un tipo del Ejército, muchos galones, ¿coronel o general? Señora Líliku, le dice Valeria, su empleada de confianza, mire, y le indica la ventana que da a la calle. Al menos tres guardias de seguridad del uniformado.

Termino con la señora y lo atiendo. Pero… Es por orden de llegada, siéntese por favor. La clienta decide y Valeria se hace cargo.

¿Qué quiere de mí, un regalo para su esposa? No, no, es algo muy distinto. Usted dirá, es que nunca los hombres vienen solos a comprarle pieles a sus mujeres, a lo más las acompañan, para pagar, digo.

Yo vengo por otra cosa, dice el militar. Y abre la bolsa. Son 25 pieles de zorro de la mejor calidad. A sí, le contesta Líliku, ¿y yo que tengo que ver con esto? Quiero que me las compre, le haré un buen precio…

Imposible, están en veda, sería ilegal, yo respeto la Ley. Ay señora, nadie en Chile respeta la Ley, es para violarla. Se equivocó conmigo, y observa que el oficial acerca su mano a la cartuchera. Líluku no sabe detalles de pistolas, pero cree reconocer un arma potente. Valeria atenta y tensa mira a su jefa, quien le hace un guiño.

Mejor arreglémosla por las buenas, le dice el milico, es buena plata, y usted ganará mucho, son fueguinos. Lo sé, pero no.

En eso vuelve Valeria de la bodega, de la caja fuerte, con una Colt 38 escondida baja la manga de su amplia blusa y se la pasa a Líliku.

Apunta a la frente del militar y le lanza: evítese un lío, dejaré esta historia escrita en una Notaría, se quién es usted, general Atilio Gómez, si me pasa algo el sobre será abierto, es mejor que se vaya de mi tienda.

El hombre la mira con cara de odio, gira y se retira con su bolsa de cueros de zorros magallánicos.

Líliku y Valeria se abrazan. Tiemblan.  

LÍLIKU Y LA GRAN FUGA DE PRESOS DE LA CÁRCEL EN 1990

El Partido Comunista ha decidido en 1990 una gran operación antes de que Aylwin tome el poder en marzo. Sacar de la Cárcel Pública a los presos del Frente-Partido con riesgo de condenas más prolongadas, a pesar del inicio de la llamada “Transición”. El PC ha congelado a su Frente, acusando a su gente de jóvenes idealistas y desenfocados, el disparo es a los disidentes. Aun así, quiere sacar de la cárcel a los de su bando, más comprometidos en la lucha hasta 1986, cuando la CNI detectó el ingreso de armas, y falló el atentado a Pinochet en septiembre de 1986.

    La división del Frente en 1987 condujo a dos fracciones: el Frente-Partido y el Frente Autónomo. La primera decidió colgar los guantes, la segunda continuar la lucha armada. Ahora, 1990, hay presos de ambos bandos en la Cárcel Pública. El PC quiere sacar a los suyos más comprometidos, a los del Frente Autónomo que los parta un rayo.

    Organizan muy bien la fuga. Túnel a la medida, vehículos que esperan a los rebeldes escapando de la cárcel, casas de seguridad, ropa adecuada, salida al extranjero.

    En tanto, para los ex compañeros de Frente Autónomo, nada. Hasta que una vez que el último del Frente-Partido entra al túnel, José, quien no puede salir por problemas de salud, obesidad, le dice al autónomo Antonio: hay un túnel de salida, aprovéchenlo.

    Y 23 del Frente Autónomo siguen a Antonio. Siguen a Antonio al descampado, 12 de la noche. No buses. No casas de seguridad. No ropa adecuada. Solo la noche y la calle.

    Antonio ubica en la mañana a Daniel. Y entonces Líliku (57) entra a tallar.

    ¡Chucha madre!, se dice, son 23. Cual hormiga, va poco a poco consiguiendo casas de seguridad, ropa pirula para cada uno a fin de que pasen piola, esquivando controles, siempre acompañada por Daniel. A los tres días de tensión, tienen la situación bajo control. No ha sido recapturado nadie.

    Y se inicia un proceso que Líliku conoce y controla bien: los 23 partirán al exilio.  

LÍLUKU Y LA FUGA DEL SIGLO

No salimos de la cárcel arrodillados,

ni caminando. Salimos volando».

(Patricio Ortiz Montenegro,

sobre la operación Vuelo de Justicia). 

Líliku (64) se despide de sus compañeros: Suerte, los espero a la hora acordada.

    El helicóptero Bell Long Ranger 206 B1 desciende sobre la Cárcel de Alta Seguridad. Al bajar a la altura adecuada el canasto, esperan cuatro frentistas que cumplen largas condenas. Desde la nave disparan sus fusiles. Los gendarmes no reaccionan, los han pillado por sorpresa.

El canasto ya está casi a un metro del suelo. Dos de los prisioneros se suben y los otros dos solo se alcanzan a colgar por fuera de un costado cuando el helicóptero remonta el vuelo.

Alejados de la Cárcel de Alta Seguridad, los colgados al límite de las fuerzas de sus brazos. Sus dos compañeros, ya seguros de la inalcanzable distancia de tiro de los gendarmes, los ayudan a subirse al canasto.

El helicóptero baja en el Parque Brasil. Ahí está Líliku en su BMV. Será la encargada de trasladarlos a las casas de seguridad. Los cuatro frentistas suben a su auto. Líliku dice: Antonio se quedará en mi departamento, a ustedes tres los voy a dejar antes, estarán bien protegidos. ¿Y por qué así?, pregunta el Comandante Esteban. Antonio viene de una familia tan comunista como la mía, y escribe muy bien, mi hijo es escritor, nos entenderemos piola, ¿o no?, Antonio. Sí señora, ¿por qué no? Será, dice Estaban, y su rostro denota malestar.

Líluku los deja en las casas de seguridad y, a cada uno, antes que se bajen del BMV, les dice: deben salir del país, los sacaremos, solo un poco de paciencia.

Dirige la maniobra de otorgarles nuevos pasaportes con nombres y rostros irreconocibles. Financiar pasajes y ocuparse de que cuatro personas los conduzcan al aeropuerto en los días y horas señaladas. Esperará en casa.

Antes de una semana Daniel la contacta: en el aire de nuevo.

La operación Vuelo de Justicia ha sido un éxito. 

Foto JC Caceres.

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