Por Arturo Jaque Rojas
Segunda Parte
Versión resumida y perfeccionada
The chilean fans cheer their team prior to the qualifying to Brazil 2014 football match against Ecuador held at National stadium in Santiago, Chile
Me pregunto acerca del tipo de sociedad que estamos viviendo, en la
que nos encontramos inmersos, y en que nos hemos convertido, en que un
campeonato de esta naturaleza copa todos los mass media, tal como una
tragedia, un crimen, una guerra en el extranjero, para, con
posterioridad, ser olvidado.
¿Acaso no es el paraíso del neoliberalismo, implantado por la
dictadura, con todo el terror, el horror y el espanto de que fueron
capaces?
A saber, todo está privatizado. Desde la salud, la educación, la
previsión, las carreteras, el cobre y otros recursos naturales; la luz,
agua, telefonía, en manos de voraces trasnacionales. Por el contrario, el
Estado ha sido jibarizado en grado máximo, y/o entregado a bandas de
rufianes y mafiosos que lo ha tomado como el premio gordo durante los años
de “democracia”.
A su vez, ¿qué yo denuncie la sociedad y el modelo actual, significa
que abrazo y pretendo validar para Chile, alguna ideología totalitaria de
izquierda?  Obviamente no, por cuanto creo firmemente en la
autodeterminación de los pueblos y respeto sus tiempos, sus  historias y
sus decisiones capitales.
Pues bien, ¡qué lejos están los fanáticos y patrioteros del verdadero
disfrute del fútbol! Pues confunden su  irracionalidad con el gozo
mesurado de un espectáculo deportivo, que debiera ser sólo eso; nunca la
idolatría hacia seres humanos dotados de algún talento singular, que para
el mercado es muy cotizado, pero que a diario demuestran sus miserias y sus
lacras, y su misma finitud. Ni menos tomarlo como pretexto para la
transformación en energúmeno, o hacer de la ciudad un pandemónium.
Por demás, ¿quién puede caer en la ingenuidad de pensar siquiera que
es el fútbol no responde a las leyes de la oferta y la demanda?, en que
los tocados por la mano de los dioses, son tranzados como viles esclavos
post-modernos, recibiendo a cambio dinerales que son cantidades
astronómicas, que un simple mortal jamás ganaría; y que encima, quieren
hacernos creer que lo hacen por amor puro al país y su gente, para “darles
una alegría”.
Verdaderamente es  un negocio con tintes de mafia; y una amalgama de
tendencias atávicas, que llevan desde la tribu, en el sentido del rechazo
absoluto de lo que es diferente y su exterminio si fuere preciso, hasta el
laboratorio donde se programan y se predeterminan los hábitos, las
costumbres, la modas, los estilos, para desembocar en el derrotero para
alcanzar la felicidad. ¡Si hasta el color de nuestra bandera se asocia con
una bebida de fantasía, que es el néctar que liban nuestros guerreros antes
de salir a la palestra, para que siempre resulte invicta, y jamás sea
vencida!
Así, se llega a la ultranza de que el sistema actúa con tanta
perversión que es capaz de despertar y desatar el “nacionalismo”, para
contemplar y vivenciar un partido de fútbol; pero prohíbe estricta y
terminantemente que la gente, el pueblo, la ciudadanía, pueda organizarse
para cuestionar, poner en tela de juicio el statu quo heredado de la
tiranía, y administrado y perfeccionado por la fenecida concertación, y la
travesti Nueva Mayoría; con el respeto que merecen los travestis.
Es tan eficaz y eficiente, que la conciencia deviene un gran forado
que deja pasar todo lo que tenga visos de satisfacción individual; porque
lo que suena a colectivo o público, o  que traspasa el radio de un
estadio de fútbol, o las paredes de una casa, suena a algo que amenaza la
continuidad del mismo, y no se puede tolerar.
Sólo se acepta la concurrencia masiva, sin considerarla un potencial de
disrupción para la  sociedad, en sucesos tales como las Fiestas Patrias,
los mega recitales, los mentados encuentros deportivos; y que ojalá Perico
de los Palotes, se reúna con su amistades a comer carne que le provoque la
madre de las gastritis, y a beber trago hasta conducir y matar a alguien o
envalentonarse y  bramar cuánto se ama a esta tierra que pertenece a unos
pocos, para demostrar la acendrada chilenidad que lo caracteriza.
En cierto modo, son tendencias mundiales.  En ningún caso lo niego; por
cuanto, la globalización ha diseminado patrones, cánones y pautas
culturales de occidente por todo el orbe, que arrasan con todo; que borran
de un plumazo la diferencia o la especificidad del tipo que fuere, ora
religiosa, histórica, cultural, ontológica o metafísica, para imponer un
rasero común: la tiranía del individualismo, el consumismo, el nihilismo,
el materialismo, por nombrar algunos pathos que definen la época actual,
que no son inherentes a  nuestra cultura; sino que son fruto y consecuencia
de  la referidas dinámica; pero que yo imagino, ingenuamente, que no porque
sean globales hay que aceptarlas como si fueran artículo de fe.
A las puertas de la final, que “reeditará el clásico de Los Andes”
la idiotez que se ha enseñoreado, seguramente llegará a su culmen, con toda
clase de fraseología nacionalista, en este país en el que la
población-aseguro; o, al menos sospecho- no sabe o tendría dificultades
enormes en definir que es una nación o un estado. Puede adquirir una
dimensión sin precedentes.
Ahora, se avecina con celeridad, con ceguera, con cerrazón, con
idiotez, tanto en cuanto a la etimología como en cuanto a la acepción
moderna- ahora me hago responsable de este doble uso y doble intención-  la
exageración odiosa y la demencia y el furor de pasiones y emociones que
sobrepasan lo deportivo, y que caen en el burdo patrioterismo, racismo,
xenofobia, que se ha de traducir en agravios contra los peruanos y su
emblema patrio.
Es que no bastaba con haber hablado, hasta la saciedad y majadería
extrema del “dedo de Jara”, como si fuera algún hecho relevante para el
país, por demás de banalidad y estupidez incomparables, y que, sin embargo,
ocupó tiempo y espacio en los noticieros, que definen la agenda y la
opinión pública en definitiva; es decir, de tanto hablar del asunto lo
convirtieron en motivo de conversación cotidiana, amén de  la viralización
en las llamadas redes sociales.
Y si yo pidiera devolver el Huáscar para restañar una herida que tiene
más de un siglo: ¿me acusarían de alta traición?. O ¿qué las personas no
perdieran de vista que se trata de un evento deportivo, si es que esta
frase tiene todavía un significado cuando se trata de deportes
profesionales, manejados por poderes fácticos tanto dentro como fuera de
este país?.
O, ¿por qué no son capaces de   criticar y desmantelar el orden
establecido, primero en su mente como un ejercicio de imaginación superior,
para luego trabajar por la construcción y el advenimiento no de un régimen
opresor, de ningún signo, de ninguna especie?; aunque les cueste creerlo y
aceptarlo, que se esfuercen al límite y más allá, para concebir que hay
otros mundos posibles: por una democracia, de acuerdo con su etimología,
con toda la acumulación de enriquecimientos, obtenidos en miles de batallas
de avances, modernizaciones y progresos que la humanidad ha consumado, en
la aventura del ser humano por ser tal, en libertad, en el reconocimiento
de su dignidad, y sin la tutela de ninguna fuerza, poder o ideología que lo
gobierne, menos que los sojuzgue.

1 comentario

  1. No se quien eres, pero comparto el 100% de tu visión del hombre, de este hombre inserto en la oscuridad absoluta de esta caverna en que nos han mantenido estos 40 años.
    Lo digo además como aficionado a esta actividad lúdica que es el futbol

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