Autor: Hugo Dimter

La Naranja Mecánica Revisitada

Por Carolina Hasbún. “Algunas veces no es grato ser bueno, pequeño 6655321, ser bueno puede llegar a ser algo horrible. Y te lo digo sabiendo que puede ser una afirmación muy contradictoria. ¿Qué quiere Dios, el bien o que uno elija el camino del bien? Quizás el hombre que elige el mal es en cierto modo mejor que aquel a quien se le impone el bien.” “La naranja mecánica”, Anthony Burgess “La naranja mecánica”, 1971 No hay mejor juez que el tiempo para sopesar el impacto de un trabajo artístico. Cuarenta  y un años han pasado desde que Stanley...

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Batania: Versos de un contrapaís neorrabioso

Batania (Alberto Basterrechea, Lauros, Vizcaya, 1974. Periodista) Poeta español.  Por Ignacio Uranga   -¿Qué te gustaría que te preguntara? -Quién es la persona o personaje histórico a quien más admiro, aparte de mi padre. A Muhammad Alí. Se cambió el nombre, atacó la ficción de los Estados Unidos, no tuvo miedo de enfrentarse a todos, confiaba a ciegas en su propio talento, y todo eso no lo hizo con el ceño fruncido sino también riendo, tomándose todo en serio pero con desenfado. Veo su vida como un intento por apartarse de lo falso adquirido para sustituirla por lo propio...

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Espagueti con albóndiga

Santullo encendió su escuálido cigarro. Sentado en un sillón marrón desvencijado en la acera de una calle tranquila del Bronx. Rodeado del resto de sus muebles amontonados en la acera. Había unas cuantas sillas más; algunas mesas grandes y pequeñas; una gran cómoda con una radio encima; la estructura y el somier de una cama de matrimonio; un aparador; un sofá mullido; una foto grande en sepia de un joven Santullo, pulcro y flaco como un lobo; un buró de persiana; una sombrilla de playa plegada; varias cajas marrones. El reloj sobre el aparador marcaba las diez y cinco....

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El séptimo hombre

–Aquella ola estuvo a punto de engullirme una tarde de
septiembre cuando tenía diez años –empezó a decir, en voz
baja, el séptimo hombre.
Era el último a quien le tocaba hablar aquella noche. Las
agujas del reloj señalaban ya las diez. Los hombres, sentados
en círculo dentro de la habitación, podían distinguir, en la
negra oscuridad de la noche, el rugido del viento que se dirigía
hacia el oeste. El viento agitaba las hojas de los árboles del
jardín, hacía vibrar los cristales de las ventanas y, al fin, con
un chillido agudo como un silbato, se desplazaba a otro lugar.
–Era una ola gigantesca, muy distinta a las que había
visto hasta entonces –prosiguió el hombre.

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El hijo de Sam

Por Hugo Dimter P. Aquellos días llovió bastante y la ciudad fue escarchándose a medida que se incrementaban los vientos del norte. Durante un fin de semana –luego de una fiesta del Rotary- comenzaron a oír al perro. La primera noche los molestos sonidos duraron dos horas y la familia fue tomada por sorpresa. El perro, en el terreno colindante, parecía estar furioso, y todos pensaron que debido al encierro diurno se había vuelto loco. Posiblemente el dueño del can no lo alimentaba. A lo lejos se advertía que el animal era grande. Podía ser un Doberman, pero parecía...

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