Autor: Hugo Dimter

Lilli Marleen

La ampolleta de pronto perdió fuerza. Pero fue sólo un segundo. Algunos la miraron un instante. Luego siguieron conversando de fútbol, del futuro, y de la última película pornográfica que entre penumbras observaron desde sus literas la noche anterior. Fue entonces cuando entró el sargento Polanco. Todos se pusieron firmes. “Buenas tardes, mi sargento” tronó en la habitación. Los soldados lo miraron a los ojos, pero ante la fuerza y el odio que desprendía, luego la desviaron. Siempre era así, y era mejor. – i Sentarse ! – masculló Polanco. Continuaron hablando, pero ahora tenían que simular limpiar los...

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El autógrafo de Johann Cruyff

-¿Crees que te amo? -Sí. -¿Crees que te daría lo mejor? -Sí. -Te amo; pero también te odio. -Yo también. En aquellos Johann Cruyff era el mejor futbolista del mundo y Caroline mi madre, aunque a ella no sé catalogarla como buena o mala. Sólo era mi madre y ante ello no tenía alternativa. A ella no le gustaba el fútbol, pero había muchas cosas que no le gustaban y que tal vez terminaron hundiéndola. La recuerdo como una mujer de unos 30 años, con el pelo negro, los ojos verdes, y la sonrisa a flor de labios. Cruyff sólo era opacado por Beckembauer. Mi madre no era opacada por nadie pues yo tenía contacto con pocas personas, de las cuales casi todos eran adultos, algunos más locos que otros. Vivíamos en Alicante, en el extremo sur de España y “El Holandés Volador” jugaba en el Barcelona, quien lo había comprado en la cifra más millonaria de aquellos inolvidables años 70. Otra cosa: España estaba bajo el mandato de Franco, pero ya estaba viejo y el “destape” se empezaba a advertir. No era mucho, pero según entendía, las discotecas se cerraban más tarde y varias revistas mostraban mujeres desnudas en sus páginas interiores. Además había atentados de la ETA, manifestaciones, y programas chistosos con la Rafaela Carra y un cómico bigotudo que se apodaba inteligentemente Bigote Arrocet, quien había...

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ADIÓS AL FÜHRER Jorge Teillier

Adiós al Führer, adiós a todo Führer habido o por haber. Adiós a todo Führer verdadero o falso, buenas noches, le digo, buenas noches con una íntima tristeza reaccionaria. Adiós al Führer que engullía tortas de selva negra mientras sus tanques se alimentaban de caminos de Europa. Adiós a todo Führer que ame a Wagner o la Giovinezza ya sea lampiño, barbudo o bigotudo. Adiós al Führer que en submarino huyó a Buenos Aires tras matar a Eva y a Blondi, su fiel perro. Desde los hielos lo oye llamar Miguel Serrano mas ni por mar ni por tierra podrán encontrarlo. Adiós a todo Führer que nos ordene sepultarnos con él tras contemplar cómo arden las ruinas de su Imperio, y entretanto no deja a nadie dormir tranquilo aunque no hayamos violado, ni robado, ni asesinado. Adiós a todo Führer que obligue a los poetas a censurar sus manuscritos o mantenerlos secretos bajo pena de mandarlos a su Isla o Archipiélago o a cortar caña bajo el sol de la Utopía. Adiós al Führer de la Antipoesía aunque a veces predique mejor que el Cristo de Elqui. Es mejor no enseñar dogma alguno, aunque sea ecológico, cuando ya no se puede partir a Chillán en bicicleta. Adiós al Chico Molina, cruel Führer de Lo Gallardo donde escribió El Lobo Estepario antes que Hermann Hesse, aunque N.S. Jesucristo murió por...

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Tatuando Santiago

Por Guido Flores El Antiguo Arte de Rayar los muros de la Ciudad Tatuando Santiago “Y yo grabaré mi nombre En la corteza de un tilo Pensando que eso no sirve Para nada… “ Desde que el hombre es hombre se ha dado cuenta que el popular ejercicio de rayar los muros, ha sido una manera de hacer que las ideas se perpetúen, en libertad, sin mano editorial. Sobre todo porque es el modo más barato de hacerlo. Todos, o casi todos alguna vez rayamos furtivamente el baño del colegio o nos atrevimos a publicar nuestros romances en el tronco de algún viejo árbol placero. Parece que ya está todo escrito, pero no: aun hay mucho por rayar. La ocupación del espacio público, hacer estos tatuajes imprudentes pareciera ser la muestra de la enorme necesidad de expresar algo que estamos seguros nunca serán públicos, que está ajeno al razonamiento oficialista que lo estandariza todo. La abuela de un amigo que perdí repetía cada vez que veía un rayado en el barrio donde crecí, “la muralla, es el papel de los canallas”. Claro, después me di cuenta que esos rayados llamaban a resistir el gobierno de Pinochet. Me parecía graciosa la señora, lo decía como en broma, pero lo decía en serio. Después comprendí que esas palabras condenaban la única manera de hacer públicas esas ideas, esos sentimientos que aquellos temerosos...

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El portero que odiaba el rock

Cuando el avión se posó en la losa del aeropuerto Cumbicá, Osmar Santos –el famoso locutor radial de Sao Paulo, apodado “O pai da materia”, algo así como “el rey de lo real”- estaba esperando.   Santos era un distinguido comentarista de fútbol, mitad empresario mitad periodista. Él sabía que podía obtener beneficios de Roberto Rojas, el arquero recién contratado por Sao Paulo. Había decidido llevarlo a un programa como invitado especial. No lo iba a entrevistar él; pero sí uno de sus periodistas.     Santos -un playboy pese a su estatura media, y su nariz partida al...

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