Por Jorge Scherman Filer

Si puedo contar esta historia, si la puedo contar, estoy citando a Ariel Dorfman, es porque la he vivido junto al mundo, en esta coyuntura inédita del coronavirus.

    No es una historia feliz ni muchos menos. Está ya va acompañada de 880 mil muertos y 27 millones de contagiad@s/confirmad@s. Es una historia de dolor, de miedos, ¿cuándo me va a tocar?

Me tocó, ¿me recuperaré o pereceré? ¿Contagiaré a mis seres queridos? ¿A mis compatriotas?

Una pesadilla, pero despierto. Mirando el cielorraso, insomne. ¿Preguntándome qué hicimos para que la naturaleza nos devolviera este horror?

    Intuyo, para mí la intuición es la realidad, que no la respetamos, a la naturaleza digo, y se vengó. Ya nos venía anunciando con el calentamiento global y el cambio climático que no estaba satisfecha. L@s human@s se pasaron de rosca, le dijo al sol y la luna.

¿Por qué lo intuyo? El mismo sol y la luna lo contaron. El mar, el bosque, la montaña, la selva, todo había sido alterado, violado por el neoliberalismo. Y nosotr@s, todo sea dicho, fuimos incapaces de frenarlo. Más, nos subimos a su carro individualista y egoísta. A la Sociedad del Mall en vez de a la Plaza Pública.

Entonces ahora hay que repensarlo todo. Cuando un@ peca, por acción u omisión, solo cabe la expiación. Aquí no vale el yo no fui, quienes se opusieron al neoliberalismo desde su origen fueron poc@s en relación a la población de distintos países y del mundo.

Lo que hubo fueron muchas víctimas del neoliberalismo, y ahora nos tocó a tod@s aunque, por cierto, con mayor fuerza a l@s más vulnerables.

A sacudirse de las telarañas y luchar por la Plaza Pública. Esta vez, después del Covid-19, no debemos fallar como sociedad.