Por Ricardo Paredes Vargas

Profesor

Sebastián Piñera -aún Presidente de la República- promulgó, dicen, la ley que permite el retiro del 10 % de las cuentas de capitalización individual en las AFPs. Y digo dicen, porque no hubo ceremonia, ni cadena nacional, donde los canales de televisión siempre están  dispuestos a brindar ante el más mínimo anuncio de su excelencia. Imagino un Presidente amurrado, dolido –como debe de sentirse un jugador empedernido que siempre jugó a ganador, sin espíritu “deportivo” ni preocupado del fair-play- que no quiere mostrar el rostro de la derrota, es decir como un mal perdedor. Priva, así, de esa pequeña satisfacción a sus adversarios, que a estas alturas de su mandato ya son casi toda la población, incluidos muchos de sus antiguos partidarios. Tan enojados o dolidos quedaron. Eso, después de las derrotas que su postura sufrió en las dos cámaras del congreso. Gonzalo Blumel, Ministro del Interior, de quien piden su destitución casi todos, aunque por diferentes motivos –que van desde las violaciones de Derechos Humanos a su escaso liderazgo para ejercer el cargo; Claudio Alvarado, Ministro Secretario General de la Presidencia –nominado para dicho cargo por su extraordinaria muñeca política que le permitiría, auguraban, desempeñar un fluido rol de articulador con el congreso que, por ahora, articuló puras derrotas -tres para ser exactos-, e Ignacio Briones, Ministro de Hacienda. Un trío que, entre plañidos, lamenta el daño a la economía, a las pensiones y a los pobres jubilados, actuales y futuros. Conmueve su preocupación ante los afectados por esta infame economía. Pero entre los más derrotados están los dueños de las AFPs, que lucran con el capital de los trabajadores y ven cercano el fin de su negociado.

Paradojal e irónico lo que está sucediendo. Las vueltas de la vida dirán otros. La tensión va de un integrante a otro de la misma familia. Lo que Sebastián hizo durante la dictadura, hoy todos lo saben. Que su hermano José –Ministro del Trabajo y Previsión Social, también fue ministro de Minería- implantó la Reforma Laboral, que destruyó décadas de conquistas de los trabajadores, y creó el sistema de AFPs, también es de todos sabido. Pero lo que nadie imaginó es que el primero se transformaría en el enterrador del sistema. Ello, pese a las claras instrucciones recibidas, que luego adquirieron el tono de amenaza y de siniestras profecías. Pareciera que se va a cerrar un círculo y crece la expectativa.

Pero, descartados la aplicación del veto presidencial y el recurso al Tribunal Constitucional, ¿cabrá esperar alguna jugada de parte de quien suele desestimar el principio del tercer excluido cuando le conviene? No olvidar que, a lo largo de la historia, los gobernantes de esta angosta faja de tierra –que, salvo excepciones, han sido del mismo color político- han vulnerado leyes, haciendo de la transgresión norma rigida.

En otro orden de cosas, hoy también, la justicia francesa dejó en prisión preventiva a Nicolás Zepeda, quien se encontraba en arresto domiciliario total en su casa en Viña del Mar desde el 26 de junio. Este miércoles en la noche, fue detenido por la PDI y en la mañana de ayer jueves fue extraditado a Francia donde quedó detenido a petición de la fiscalía francesa que exige que Zepeda sea juzgado bajo la ley francesa por la desaparición y presunto homicidio de la ciudadana japonesa Narumi Kurosaki.

También hoy, la I. Corte de Apelaciones de Temuco revocó la prisión domiciliaria de Martín Pradenas Dürr, sustentada en los endebles argumentos jurídicos de su irreprochable conducta anterior y por no representar un peligro para la sociedad.  

Dijo el señor Gaspar Calderón, abogado de don Martín, en su intervención en defensa de su representado, haciendo gala de su estricta moral: “La embriaguez era de ella no de Martín, ella venía de antes. Martín es un chico interesante tiene aspecto de actor de cine”. Argumentación falaz y machista, la del señor abogado. Las integrantes de “Las Tesis” en su performance que tuvo repercusión mundial cantan “Y la culpa no era mía…”. Cuánta fuerza y verdad. Habría que decir: la fuerza de la verdad.

Sin embargo, el juez de garantía don Federico Gutiérrez –que, con toda seguridad y basado en su severa formación ignora performances y Tesis- consideró acreditada la violación de Antonia Barra, pero estableció que no existen los antecedentes para que se configuren los otros tres delitos por los que está acusado el sujeto. Y su decisión fue que el imputado Pradenas quede con las medidas cautelares de arresto domiciliario total, arraigo nacional y prohibición de acercarse a las víctimas.

Casi al terminar el día, un órgano de la prensa local de Osorno, Paislobo Prensa, informa:

“Ministro Álvaro Mesa procesa a Carabineros (R) por secuestro calificado en Osorno

El ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de las jurisdicciones de Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Coyhaique, Álvaro Mesa Latorre, sometió a proceso a tres miembros de Carabineros en retiro, por su responsabilidad en el delito de secuestro calificado del estudiante Marcelo del Carmen Gutiérrez Gómez, de 17 años de edad y miembro del Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER). En la resolución (causa rol 14-2013 V), el ministro Mesa Latorre encausó a Adrián José Fernández Hernández, Jorge Daniel Garcés Garcés y Rodolfo Segundo Cheuquelaf Lorenzo, en calidad de autores del delito perpetrado a partir del 5 de octubre de 1973, en el sector de Bahía Mansa de Osorno.”

Qué tienen en común estos hechos. Un análisis profundo permitiría quizá descubrir varios factores, pero quiero detenerme en uno que me parece fundamental para lo que viene. La presión ciudadana ante casos de manifiesta injusticia ha hecho que las autoridades hayan tenido que adoptar medidas que, inicialmente, repudiaban, o cambiar decisiones que habían adoptado. Ello sucede porque, después de años sin haber sido escuchados, la lección indica que sólo la demanda y la protesta ciudadana son eficaces como herramienta política. Se han caído las paredes de la celda individualista y egoísta en que debíamos vivir como condición para alcanzar el éxito y la felicidad. En estas circunstancias miserables, de necesidades sin fin, solo nosotros somos capaces de ayudarnos, lo que llevó a cambiar nuestro modo de relacionarnos. Y nos hemos dado cuenta de que solos no logramos crecer como lo que en esencia somos, seres humanos. También  nos dimos cuenta de que el abuso a cualquier otro es una afrenta a cada uno de nosotros. Ah, y hay que agregar que no importa el rango o la distancia, ya sea temporal o espacial, la justicia debe alcanzar a los culpables. Para que sea justa en esencia y no solo en apariencia.