Entrevista a la escritora Andrea Amosson

La novela que revela el Iquique peruano

Por Rodrigo Ramos Bañados

En “Las mujeres de la guerra”, la escritora Andrea Amosson, detalla pasajes desconocidos de la historia de Iquique, antecedentes que recopiló tras una exhaustiva investigación.

“Con la invasión, Vera percibió el cambio de ánimo en Iquique. De pronto no se hablaba de otra cosa y el bullicio propio de la ciudad dio paso a la circunspección. La gente susurraba, deseaban ocultar los acentos que antes con tanta honra se exhibían a altos decibeles. Los ciudadanos chilenos se volvieron blanco jugoso de la rabia local después del desembarco. Aunque nunca fueron muy ruidosos, ahora ya ni la boca abrían cuando se les veía por las calles, haciendo mandados o dirigiéndose a sus labores, tratando de mantener un perfil bajo. Aun así, un par de trompadas se dieron con los bolivianos en rincones vacíos y a cualquier hora….”

El extracto anterior es de la novela Las Mujeres de la Guerra (2019, Ediciones B) de la escritora nortina radicada en Estados Unidos, Andrea Amosson (Antofagasta, 1973). Dentro de  los aciertos de la novela sobresalen los tensos días en Iquique, que siguieron la invasión chilena a Antofagasta, el 14 de febrero de 1879.

Andrea Amosson es periodista y escritora. Como escritora ha logrado reconocimiento dentro del mundo latino en Estados Unidos, especialmente en Texas, el estado donde vive con su familia. Andrea dirige talleres de escritura y mantiene una serie de proyectos literarios tanto en Chile como en Estados Unidos. La novela Las Mujeres de la Guerra, que por estos días cumplió un año de su publicación, se ha transformado en su novela más conocida.

Desde Carrollton, Texas,  Andrea nos respondió la siguiente entrevista.

  • ¿Cómo surge crear esta lograda atmósfera de Iquique pre invasión chilena?
  • Tuve que leer mucho sobre el tema de la Guerra del Pacífico en general, por supuesto y sobre Iquique cuando pertenecía al Perú, en particular. Era vital conocer la vida de la ciudad antes del bloqueo por parte de la flota chilena, así es que acudí a fuentes específicas de Perú y me topé con una tesis de grado que trata sobre Iquique bajo administración peruana que fue un verdadero tesoro. También usé Memoria chilena, Armada de Chile, Icarito, entre otros web y publicaciones electrónicas, además de leer libros físicos que me mandó mi editora desde Chile.
  • A partir de lo que iba leyendo, iba visualizando la situación de los chilenos en el norte cuando Chile desembarcó en Antofagasta, territorio boliviano en la época. Y después, cuando se endurecieron las posturas, cómo se debe haber sentido la población civil peruana, chilena, boliviana, los inmigrantes europeos, en una guerra que debe haber parecido bastante ilógica a ratos.
  • Para recrear el momento en que los chilenos son expulsados de Iquique por la declaración de guerra usé como inspiración una ilustración que encontré en alguno de los tantos documentos en línea que revisé. La ilustración era sencilla, en blanco y negro, pero era el anuncio de lo que vendría para toda la ciudad, el bloqueo del puerto, la incertidumbre, el miedo y la inseguridad de toda la población; y la posterior liberación por parte de la escuadra peruana.
  • En términos de atmósfera emocional, también es posible recurrir a eventos recientes que tienen en común el mismo tenor. Por ejemplo, el temor de los indocumentados aquí en Estados Unidos, o el rechazo pregonado desde ciertas cúpulas de poder hacia “el otro”, la xenofobia que nos acompaña, lamentablemente, como una espina en el costado a los seres humanos.
  • ¿Cómo fue el proceso de investigación, me imagino que apasionante?
  • Fue un proceso largo e intensivo. Lo que más me llamó la atención fueron las catástrofes naturales que sufría la ciudad, terremotos, marejadas, enfermedades tropicales traídas por los barcos que venían de zonas ecuatoriales que casi liquidaban a toda la población. Los iquiqueños sufrían también ataques de piratas que desembarcaban y arrasaban con todo. También tuvieron incendios que consumieron casi la totalidad del centro de la ciudad. Realmente era una vida de plaga bíblica, muy dura, en condiciones extremas, con agua para beber que llegaba en barriles desde Arica o desalinizada allí mismo. Pero aún así prevalecía el deseo de quedarse y seguir desarrollándose, atrayendo a inmigrantes de tantos y tan diversos países. Otro punto de interés fue inferir que para el Perú Iquique no era tan importante, siendo una de sus ciudades más australes, mientras que Arica sí lo era, por tener las cajas reales que cobraban los impuestos de la zona.

Paseos por Baquedano

-¿Por qué le interesó escribir de Iquique, la idea la tenía preconcebida o se fue dando por la misma necesidad que exige la historia? 

-La semilla de escribir algo sobre Iquique se plantó cuando vivimos cuatro meses allí, a inicios de 2017. Mis hijos fueron a la escuela, caminábamos mucho por la costanera, íbamos a pasear a la Plaza Prat y a la calle Baquedano; el 21 de mayo tomamos la lancha para ir a la boya que marca el lugar donde se hundió la Esmeralda. Incluso uno de mis hijos participó en el desfile y el otro visitó la réplica de la Esmeralda y salió impactado al enterarse de que había niños que eran soldados y marinos.

-Además, de niña pasé muchos veranos en Iquique, en casa de una tía abuela que ya falleció, pero tengo familiares allí aún. Mis padres y yo viajábamos de la salitrera Pedro de Valdivia a Iquique bastante seguido.

– Diría que la experiencia de 2017 fue de primera mano, pero también diferente, sin saber que se traduciría en una novela, pero me rondaban preguntas viviendo allí: ¿dónde están las historias del mar?, ¿por qué le damos la espalda al océano y nos abocamos al desierto? Y la que más me perseguía: ¿dónde están las mujeres del mar?

-Imagino que su formación periodística le llevó en la ficción de la novela, a crear ese periódico Iquique al Día ¿Algún referente real para crear el personaje del periodista o es pura ficción? 

-La creación del periódico ficticio surgió de investigar y entender qué publicaciones existían en la ciudad y qué fines cumplían. Por otro lado, el trabajo periodístico era de los poquísimos accesibles a las mujeres de la época, que con gran suerte se desempeñaban como dactilógrafas o secretarias, pero había un grupo de mujeres que se lanzaban al mar, a explorar y reportar lo que veían. Tenemos el caso de las británicas, que se trasladaban a las colonias en África y desde allí enviaban sus reportes. Para crear a Vera no usé un referente único, sino que más bien su desarrollo avanzaba conforme me respondía ciertas preguntas: ¿qué trabajos podían hacer las mujeres en esa época?, ¿esto es algo que Vera realizaría?, ¿esto es parte de la mentalidad de la época? Además, ahí hay otra clave por la cual Vera es la que viaja, ella tiene los medios para hacerlo.

Por otro lado, el formato de crónicas periodísticas me sirvió para entregar datos duros, dar a conocer fechas y hechos que ocurrieron sin recurrir a la ficción. Los textos son recreados pero la información es verídica.

Novela histórica

-¿Por qué  una novela histórica como ésta, qué la motiva a escribirla y la novela histórica será algo constante en su obra?

-La verdad es que descubrí con la novela histórica una perfecta armonía entre periodismo y literatura para mí. Mi formación periodística me ayuda a buscar información y encontrarla en relativamente pocos pasos, así como cotejarla con publicaciones de los países vecinos. Cotejé lo que decía Perú, Bolivia y Chile para mantener la neutralidad lo más posible. Descubrir el pasado de mi país, de lugares que ahora son parte de Chile, es fascinante, pero al mismo tiempo trasladarse a otras locaciones, como Dubrovnik, que era de Dalmacia en esa época; o Nueva York, donde Vera reside por algunos años, encontrar datos curiosos como que el zoológico de Central Park recién se estaba fundando; o que en Iquique recién se estaba construyendo el icónico reloj de la plaza Prat, es muy atractivo para mí. La creación de estos mundos a través de la palabra, sin las restricciones del periodismo, pero sí con la base investigativa del peridiosmo, hacen que la novela histórica me guste muchísimo.

-Yo entre libros me dedico a escribir otros géneros porque necesito “sacudirme” la voz narrativa de la obra recién terminada, imagínate que llevo a los personajes dentro de mi cabeza entre 18 meses y 2 años en promedio, así es que sin las pausas entre medio los libros sonarían igual, serían parecidos en términos del narrador. Pero además lo hago para ejercitar, mantener el oficio y ampliar mi registro; por ejemplo, tengo un par de novelas a medio hacer que son del género contemporáneo y una que es un laboratorio de estilos y géneros, pero esas obras por el momento no me interesan que se publiquen, mientras que las novelas históricas sí, que atienden a una necesidad de comunicarme y conectar con los lectores; mientras que las otras obras que escribo atienden a una necesidad mía. Me sirve también para resolver mi nostalgia por la patria perdida; y conocer y entender nuestro pasado, las bases de quienes somos ahora los chilenos y las chilenas.

-¿Proyecta otras novelas que tengan como locación Iquique o el norte de chileno?

-Siempre vuelvo al norte chileno en mis obras, soy antofagastina de nacimiento y pampina de corazón. Llevo el desierto y la experiencia de crecer en una oficina salitrera como un tatuaje, no te puedes desprender de esa identidad primigenia. Así es que sí, de una u otra manera, el norte chileno siempre está presente, a veces es una presencia absoluta, como en las novelas Las Mujeres de la Guerra o Las Lunas de Atacama -mi primera novela histórica-; y en otras algunos de los personajes provienen del norte aunque estén en Santiago o en otras partes del mundo incluso.