UNA SONRISA EN MEDIO DE UN MAR DE LÁGRIMAS

Jorge Scherman Filer

Oceanía es un continente extenso, compuesto por 14 países (islas, la mayoría muy pequeñas), de los cuales solo en cuatro casos Johns Hopkins (JH), University of Medicine/Coronavirus Resource Center, la fuente oficial y más aceptada, lleva el conteo de confirmados y muertos por el Covid-19. Estos países son: Australia, Fiyi, Nueva Zelanda y Papúa Nueva Guinea.

    En conjunto tienen 40,2 millones de habitantes, dominando claramente Australia (63,5%). Las diez islas menores sin información de JH tienen en total una población de 1,2 millones, y no poseo información de lo que está pasando allí con el coronavirus.    

    Ahora, Nueva Zelanda y Australia, son el Top 1 y Top 2 con indicadores muy similares sino casi idénticos (a pesar de que Australia tiene una población cinco veces más alta que Nueva Zelanda). Tanto en sus Tasa de Incidencia Acumulada (TIA, confirmados por 100 mil habitantes), Tasa de Letalidad y Mortalidad (véase el cuadro a continuación).

Destaquemos que son muy bajas para los estándares internacionales. Un gran logro de este par de países, a los que suman Fiyi y Papúa Nueva Guinea, con indicadores de Covid-19 casi insignificantes, 18 y 11 confirmados, respectivamente, y 0 muertos en ambos casos. El caso de Papúa Nueva Guinea es increíble, con 8,9 millones de habitantes y una TIA de 0,1 (la de Fiyi 2,0).

¿Cómo se explica esta realidad que no deja de ser alentadora y transmite esperanza? Los casos de Australia y Nueva Zelanda son emblemáticos en la lucha contra el coronavirus, a pesar de las estrategias fueron diferentes. Cito in extenso para no repetir lo que han dicho muy bien otr@s respecto a ambos países (artículo de La Tercera, Francisca Forni, 8/6):

Covid-19: Nueva Zelandia y Australia aplanan la curva y vuelven a la normalidad

“Con dos estrategias muy distintas, tanto Australia como su vecina Nueva Zelandia lograron aplanar la curva del Covid-19 en sus respectivos territorios. Mientras que Scott Morrison, el primer ministro australiano, optó por no frenar la economía del país evitando declarar una cuarentena obligatoria, su homóloga neozelandesa, Jacinda Ardern, decidió aplicar un estricto y temprano confinamiento a sus ciudadanos a partir del 26 de marzo.

Nueva Zelandia –con 1.504 casos y 22 muertes entre sus cinco millones de habitantes- anunció hoy que habían dado de alta al último paciente que estaba en aislamiento por coronavirus, explicando que ya no quedan casos activos en el país.

‘No tener casos activos por primera vez desde el 28 de febrero es sin duda un hito importante en nuestro camino, pero como hemos dicho anteriormente, será esencial mantener la vigilancia contra el Covid-19’, aclaró a través de un comunicado el director general del ministerio de Salud, Ashley Bloomfield.

Nueva Zelandia, que ha sido elogiada a nivel internacional por su respuesta a la pandemia, pasó por un confinamiento estricto de siete semanas, que se dio por finalizado en mayo. El archipiélago no registra nuevos contagios hace 17 días y hace una semana que había solo un caso activo.

Observando los resultados, el gobierno anunció hoy la relajación de las medidas al nivel más bajo, lo que permitirá que la población vuelva a sus trabajos y reanude sus actividades cotidianas, con ciertas precauciones. Por ejemplo, se utilizará un código QR que habrá que escanear con el celular al entrar y salir de negocios, lo que permitirá un rápido rastreo si surge un nuevo brote.

Ardern señaló con optimismo que ‘hoy, 75 días después (de declarar estado de emergencia), estamos listos’ para volver a la normalidad. Ya el 18 de mayo, miles de niños habían vuelto a las e scuelas debido al éxito de la estrategia neozelandesa para frenar la propagación del virus.

El método australiano, por su parte, se basó en buscar un punto medio entre el confinamiento de la población y permitir que siguieran las actividades esenciales. Así, se fueron aplicando medidas para restringir el movimiento y las reuniones desde mediados de marzo, que incluyeron el cierre de bares, clubes, iglesias y otros espacios públicos, además de la limitación de la venta de bebidas y alimentos.

A pesar de que el gobierno australiano hizo un llamado a mantener abiertas las escuelas y guarderías para aquellos padres que debían seguir trabajando, muchas de ellas cerraron y decidieron continuar sus clases a través de aulas virtuales. Sin embargo, el 25 de mayo pudieron reanudar sus clases presenciales decenas de miles de alumnos de preescolar, primaria y secundaria en diversos estados, tras una cuarentena de dos meses.

Aunque en el inicio del brote Morrison fue duramente criticado por la lentitud de su reacción, la estrategia aplicada -además de la baja densidad poblacional y la cultura australiana de respetar las reglas- permitió que el sistema sanitario no se viera gravemente afectado y se evitara un mayor número de muertes. Australia, con más de 25 millones de habitantes, registra actualmente 7.265 casos y 102 fallecidos por coronavirus.

A principios de mayo ambos países ya parecían haber controlado el virus, e incluso propusieron crear una “burbuja de viaje” para incentivar el turismo y otro tipo de intercambios entre ellos. “Una zona de viaje a través del mar de Tasmania segura de Covid-19 sería mutuamente beneficiosa. Ayudaría a nuestra recuperación comercial y económica, a impulsar los sectores del turismo y el transporte, a mejorar los encuentros deportivos y a reunir a familias y amigos”, decía el comunicado conjunto publicado por Ardern y su homólogo australiano.

Aunque ambos líderes tienen ideologías distintas y se han enfrentado en reiteradas ocasiones, decidieron dejar de lado sus diferencias para avanzar en la reapertura de sus territorios. “Si hay un país en el mundo con el que podamos reconectarnos primero, sin duda ese es Nueva Zelandia”, dijo Morrison hace algunas semanas.

La noticia fue un alivio para la industria turística, que ha sido de las más castigadas por la pandemia. Cerca de un millón y medio de australianos visita Nueva Zelandia cada año, lo que representa un 40% del total de turistas. Australia, por su parte, recibe a 1,4 millones de neozelandeses anualmente, lo que equivale a un 15% del total de visitas”.

https://www.latercera.com/mundo/noticia/covid-19-nueva-zelandia-y-australia-aplanan-la-curva-y-vuelven-a-la-normalidad/FDCBQPMDNJBZNLGLVZ3UHQF4CM/

En el caso de Fiyi se confirmó el primer caso de coronavirus, un hombre que viajó fuera del país. Fue el propio Primer Ministro, Bainimarama, quien lo dio a conocer al país. Era un joven de 27 años, en esta isla situada en el sur del océano Pacífico.

https://www.europapress.es/internacional/noticia-fiji-confirma-primer-caso-coronavirus-hombre-viajo-fuera-pais-20200319060853.html

Recordemos que hoy Fiyi tiene 18 confirmados y 0 muertos.

La economía de las islas Fiyi depende en gran medida del turismo. La meta es crear una zona libre de Covid-19 para acoger turistas de Australia y Nueva Zelanda, principales viajeros a Fiyi, previo al coronavirus. La Burbuja Bula (“hola” en fiyiano) “ofrecerá a los turistas de estos países una zona VIP al descender del avión y transportarlos a una playa aislada. Canberra [capital de Australia] y Wellington [capital de Nueva Zelanda] comenzaron en mayo discusiones para crear su propia ‘burbuja’ común, donde se levantarían las restricciones de viaje impuestas por Covid-19 a ambos lados del mar de Tasmania, con idea de extenderla a islas del Pacífico”.

https://www.biobiochile.cl/noticias/sociedad/curiosidades/2020/06/24/fiyi-creara-una-burbuja-turistica-sin-coronavirus.shtml

Y para cerrar con Fiyi: “Mientras Australia y Nueva Zelanda diseñan su ‘burbuja’, el mismo o inclusive mayor éxito de Fiyi en la lucha contra el coronavirus nos ubica en posición de abrir una vía en el Pacífico”, declaró el Primer Ministro fiyiano, Bainimarama. (“Fiyi creará una ‘burbuja’ turística sin coronavirus”, Agence France-Presse, 24/6).

Por último, para terminar con Oceanía, Papúa Nueva Guinea siguió una estrategia más estricta. Prohibió todos los viajeros de países de Asia y cerró la frontera con Indonesia desde el 30/1.  Cuando se presentaron nuevos casos el 16/4 en el Distrito Nacional Capital (DNC) y la Provincia de Occidente, se procedió a un cierre de emergencia del DNC, con toque de queda desde las 20 P.M. hasta las 6 A.M. Se prohibieron las reuniones superiores a cuatro personas, el transporte público, se suspendió el consumo de alcohol y la venta de nueces de betel (dañinas para la salud). Además, se prohibieron los viajes aéreos domésticos, y se cerraron las salas de juego, los nights clubs, los deportes y sus clubes, y los servicios religiosos.

Esta estrategia parece haber dados frutos. El 3/5 se levantó el toque de queda, y la prohibición de consumo de alcohol. Pero las reuniones permanecieron prohibidas, se ha impuesto el distanciamiento social y el lavado de manos previo al ingreso a los servicios religiosos. Las escuelas volvieron a abrir el 5/5, aunque algunas requieren mascarillas y otras han enviado a sus estudiantes de vuelta a casa (sobre lo dicho de Papúa Nueva Guinea, traducción personal del inglés: https://en.wikipedia.org/wiki/COVID-19_pandemic_in_Papua_New_Guinea)

            Todo lo anterior en un país, ya dijimos, con 11 confirmados y 0 muertos. Y con unos indicadores de Covid-19 que deben ser de los más bajos a nivel mundial. Un ejemplo a seguir.

En síntesis, Oceanía como continente muestra el mejor performance del mundo frente al coronavirus. Uno se pregunta por qué. Y surgen dos intuiciones. Son países-islas y están muy alejados del resto del mundo. Pero también enfrentaron la pandemia con seriedad, una estrategia de protección estricta de sus poblaciones. Los buenos resultados están a la vista.

            Bien por el pueblo llano de Oceanía. Eliminaron la curva.