Por José M. Carrera

En un conversatorio de homenaje, organizado junto a los hermanos del Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez y en representación de la Brigada Salvador Allende, expusimos nuestro sentir colectivo. Desarrollo esas reflexiones:

Sin dudas, cada uno de nosotros recuerda en el lugar donde se encontraba en esos aciagos días de 1987 -en plena dictadura- y el impacto de ese crimen. Eran tres hermanas: Elizabeth Escobar, Patricia Quiroz y Esther Cabrera; y nueve hermanos: Recaredo Valenzuela, Patricio Acosta, Waldemar Henríquez, Wilson Henríquez, Julio Guerra, Joaquín Valenzuela, Ricardo Rivera, Ricardo Silva y Manuel Valencia, sus edades fluctuaban entre los veinte y treinta años solamente.

Debido al carácter clandestino de la lucha contra la dictadura de las FFAA, Carabineros y la derecha chilena, la mayoría no conocíamos el nombre verdadero de esas y esos combatientes, obviamente de sus tareas, tampoco podíamos haber tenido el privilegio de impregnarnos de la fuerza altiva que emanan de sus miradas en los retratos que se distribuyen de ellos. Los chilenos, sobre todos los más jóvenes, conocen ahora los rostros de nuestros doce compañeros y compañeras en la masacre conocida como la Matanza de Corpus Christi.

Viene al caso recordar el contexto político de esos días:

-Eran tiempos de intensas y oscuras negociaciones entre los personeros de la dictadura y dirigentes de la futura Concertación, avalados todos por el gobierno de EEUU. El atentado al tirano y el caso arsenales sucedidos el año anterior (1986) estaban muy presentes.

-Entre los políticos oportunistas, surgían voces para condenar al FPMR y su lucha, sembrando miedo, terror, “son militaristas” decían, era la oportunidad para aplastar la lucha revolucionaria y aislar más todavía al PC de las negociaciones. Surgían epítetos condenatorios y nuevos calificativos políticos, “faltos de realismo político”, “fetichistas de las armas”, “bajos de nivel político”, “chileno-sandinistas”, “hijos de Castro”, “guerrilleristas”, “influenciados por sus formaciones militares”, etc., etc.

-La visita del Papa en abril del 87, había subido los tonos de la lucha popular, sobre todo después de los enfrentamientos en el recibimiento del Papa en La Bandera, a pesar de que el FPMR indicó una tregua momentánea.

-Se negociaba la salida de Pinochet y la izquierda tradicional se plegaba a las transacciones, por acción u omisión, abandonando sin tapujos y vergonzosamente principios, hundiendo cualquier salida potencialmente más popular.

-El gobierno de EEUU no quería al PC en las negociaciones y la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, cual yanaconas, obedecía.

-En el Partido Comunista rebrotaba esa discusión, en plena lucha y clandestinidad, desarmando ánimos, intentando relevar responsabilidades. Reflotan pensamientos de los que en lo interno no querían más o nunca quisieron a la estrategia de Sublevación Nacional y al FPMR.

-El aislamiento de los que seguían combatiendo en primera línea (el Frente entre ellos) era cada vez más evidente, lo que sumado al desgaste en la lucha, detenciones, repeticiones o errores en el modus operandi, rutinas, flaquezas en los métodos conspirativos, excesos de confianza, afectaba.

Eran momentos en que para algunos todo se podía poner en dudas, hasta borrar con el codo los objetivos finales que por la boca vociferaban.

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En este contexto que analizamos entran los agentes de la dictadura, que actuaron como los criminales que eran, sabían que a los entregados y cobardes hay que invitarlos a conversar, a otros, los indecisos, solo neutralizarlos con el miedo, y a los intransigentes, como nuestros hermanos y hermanas, había que asesinarlos, para intentar producir los efectos de terror que necesitaban. Y esos asesinos actuaron el 15 y 16 de junio de 1987.

Un montaje cubrió ese crimen. El gobierno golpista y sus órganos de inteligencia tildaron de «enfrentamiento» el suceso y luego en la post dictadura dilataron la justicia por años y años. Solo la valentía y decisión de los familiares hizo el milagro para que fluyera la verdad, ellos nunca creyeron la versión “oficial” y lograron que la justicia chilena los encausara y condenara.

Finalmente los asesinos, claro que en correspondencia con la filosofía golpista y cómplice de la Transición, recibieron condenas insignificantes, “en la medida de lo posible”, que cumplen en cárceles de privilegio, conservando sus grados militares y premiados con jubilaciones millonarias.

No se debe olvidar tampoco que el vil asesinato de los militantes del FPMR, fue mostrado por prensa de la dictadura, El Mercurio, La Segunda, La Tercera y la televisión servil, como un enfrentamiento y no un asesinato.

A todos nos impacta visitar las calles y lugares donde resistieron y mataron a nuestros hermanos. Cruzar el portón de fierro oxidado de la casa de Pedro Donoso en la comuna de Recoleta, uno de los lugares de la masacre, se siente el frío de la muerte en los pasillos arruinados y en el piso que ahora es de tierra, por el abandono del lugar. Ver sus nombres escritos en los mismos sitios donde fueran asesinados, claro que impacta.

Surge la pregunta. ¿Vale la pena recordar el contexto que se vivía cuando nuestros 12 hermanos y hermanas fueron asesinados salvajemente? Si, debemos hacerlo, estamos seguros que esa terquedad de todos estos años por no olvidar la heroicidad y también las traiciones, lo que identificamos como nuestra memoria, ha dado rutas de perseverancia y dignidad en la actualidad, sus ejemplos fueron símbolos presentes el 2019 en la Revuelta de Octubre.

Este 15 y 16 de junio de 2020 en plena pandemia, lo más seguro, es que no podremos estar presente en los lugares sagrados donde fueron asesinados, muchos compañeros y compañeras, de diferentes formas los recordarán nuevamente, jamás serán olvidados.

 

Santiago de Chile, junio 2020