Por Jorge Scherman

Desde el gobierno de Sebastián Piñera se asumía que todo iba bien en el manejo del Covid-19. Se “aplanaba la curva” y entrábamos en un periodo de “nueva normalidad”. Se quitaban cuarentenas a comunas del Barrio Alto (Las Condes, Lo Barnechea, Providencia y Vitacura) y otras comunas. O bien, se decretaban en otras sin hablar con los alcaldes. La verdad es que Piñera-Mañalich no escuchaban a nadie y actuaban arbitrariamente.

El caso más emblemático fue el de Iskia Siches, presidenta del Colegio Médico, quien el 20 de Marzo afirmó:

«… debido al fracaso de esta estrategia resulta imprescindible el cierre total de la Región Metropolitana el día de hoy, manteniendo el funcionamiento de servicios básicos, su abastecimiento y distribución. Le pido a todas las personas que quieren colaborar con esta crisis, que se queden en sus casas».

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No se oye padre. En la medida que los contagiados/confirmados y muertos comenzaron a crecer a ritmos exponenciales, la curva apuntaba al cielo, me gusta decir, Mañalich debió ceder el 13 de Mayo: “Cuarentena total en Santiago, porque hay una catástrofe que nadie pudo prever”. Mentira, Siches se los dijo siete semanas antes. La doctora trabaja en la Unidad de Inmunología del Hospital San José en Independencia.

Soberbia, arrogancia, ceguera, la economía sobre la salud de l@s chilenos. Mañalich tuvo que bajar la guardia y dijo dos cuestiones importantes: 1) reconocía que la pandemia había comenzado en el sector oriente de Santiago (léase Barrio Alto, lo que muchos sabíamos), y que de allí se había propagado, y 2) que desconocía la magnitud de la pobreza y el hacinamiento en la R.M. Es decir, quiénes trajeron el Covid-19 al país fueron los ricos, y su ignorancia de la realidad. Y con esta declaración que cito a continuación lo dijo todo sobre su porfía para manejar la pandemia al lado de Piñera:

«Hay que entender que nadie es infalible. Creo que la expresión del presidente de la República en el sentido de decir ´nos estamos preparando para una nueva normalidad´ fue una expresión adecuada para el momento que vivíamos».

 Los hechos después lo contradijeron.

En la primera semana de junio, y gracias a este par de ineptos, Chile ya es Top 1 en el mundo en la Tasa de Incidencia Acumulada (TIA, confirmados x 100 mil habitantes): 569 (como me dijo con sarcasmo un amigo, el único Top 1 que habíamos tenido fue el Chino Ríos). Nuestro país esta 13° del orbe en confirmados, a pesar de que ocupa el 62° lugar en población entre 200 países. Chile está por encima de los demás grandes afectados por el Covid-19 y una alta TIA: 2) Estados Unidos: 553; 3) Perú: 516; 4) España: 513; 5) Reino Unido: 411; y 6) Italia: 387 (véase el cuadro a continuación).

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Señalemos que estas cifras corresponden al 1°/6, y que con los datos entregados hoy que se refieren a las cifras de ayer, 2/6, la TIA de nuestro país subió desde el señalados 569 a 594. Nada menos que 25 puntos en 1 día. La explicación es simple, ayer tuvimos la alta cifra de 4.942 nuevos contagiados. El declive continúa.

Dentro de los Top 15 mundial en confirmados Chile supera no solo a los 5 cinco países ya nombrados (Top 2 a Top 6), sino a otros 9: 7) Rusia; 8) Francia; 9) Brasil; 10) Canadá; 11) Alemania; 12) Turquía; 13) Irán; 14) México; y 15) India.

Chile es el país con la menor población de los Top 15 y, sin embargo, es el que le ha ido peor a juzgar por la TIA. ¿Por qué?

A mi juicio por políticas de salud inmunológicas y epidemiológicas erráticas y erradas, improvisación, tozudez y falta de transparencia del gobierno, carencia de un acuerdo entre los actores políticos/sociales (como en Portugal), expertos que no han sido escuchados, “expertos” que en la práctica no lo son, un líder (Piñera) sin aura (a diferencia, por ejemplo, de Ángela Merkel), y un ejecutivo (el equipo de gobierno) que no entiende cabalmente de qué se trata el problema.

En síntesis, una administración que heredó el alzamiento social del 18-O y en vez de enfrentar el coronavirus en forma, lo pensó como una oportunidad para aplacar el movimiento de rebeldía. Tenemos al frente, pensaron, un problema “neutro” o “transversal” que diluye el malestar. Quédese en su casa, para algunos, aislamiento social. Use mascarilla y manténgase a metro y medio de su prójimo.

Yo les pregunto: ¿cuándo pase la pandemia qué van a hacer? El pueblo llano estará doblemente cabreado. Por las razones que llevaron al 18-O, y por el hambre, pobreza, hacinamiento y mayor desempleo debido a las políticas con que manejaron la crisis del coronavirus.

Si le hubieran hecho caso a Iskia Siches, cuarentena total en la Región Metropolitana en la tercera semana de marzo, mucho de este caos actual podría haberse evitado.