La cohesión y la coordinación entre Estados se desvanecieron, haciendo prevalecer intereses económicos y estrategias políticas egoístas, en detrimento de la salud mundial.

por Giulia Cesaria desde Brindisi*

Hoy reflexionaba sobre un artículo mío “El virus y la fragilidad de la bola de cristal de nuestra vida” publicado en Brindisi Report el 31 de marzo recién pasado, escrito mirando la pandemia hacia el futuro, este futuro que hoy se transformó en un presente muy diferente del imaginado. Contaba el después, simulando vivirlo realmente, de manera positiva, donde la humanidad, puesta a prueba por esta desgraciada experiencia, reencontraba su esencia natural, haciendo caer paredes de egoísmo, de atropellos, de luchas por el poder, olvidando odio y rencor. Contaba el respeto recobrado hacia los otros, la superficialidad dejada de lado en la buhardilla, el abrazo y la reconciliación con este mundo en el cual habíamos quedado atrapados, hecho de barreras poco éticas e hipócritas. Demolidas estas barreras, estábamos listos para partir de nuevo todos juntos sobre la misma barca, por un futuro mejor, más consciente, -y todos acreditados por los daños de la pandemia-.

5262450_1552_coppia_albergo_stanza

Pero, como muchas veces ocurre, la realidad desmiente lo que se auguraba. Pasado el miedo, todos  regresan a la vida de antes, dejando que el olvido se lleve tanto lo feo como lo bello de esta experiencia. Estamos solo en la fase 2. Los cantos de los balcones han terminado, el vecino regresa a ser el desconocido de siempre, las aglomeraciones vuelven a ser más vivas que antes, se infringen las reglas, se ignoran las eventuales consecuencias. Poco importa si los pubs, restaurantes, actividades comerciales, empresas cerrarán de nuevo, si mucha gente perderá su trabajo, si otros seguirán no teniendo qué comer. Si el problema no nos toca, desde el alto de nuestro microcosmos, sacamos, entonces, las mascarillas, nos deshacemos del distanciamiento social, y la fanfarronería y la arrogancia se vuelven las actitudes más divertidas y excitantes de exhibir, para regresar a la libertad tan anhelada.

5262086_1025_coronavirus

Mientras tanto las discusiones políticas se desencadenan: la preocupación por encontrar soluciones para hacer partir de nuevo el país parecen vanas y siempre equivocadas, la oposición ataca, exigen, invocan justicia social, listas para lanzar las bases de la próxima campaña electoral, porque éste es, además, el papel de toda oposición que se respeta, cualquiera sea el partido que la representa en este momento. Y nosotros, pobres ciudadanos, esperamos confiados que en este alboroto de soluciones opuestas, alguien desde las alturas nos defienda concretamente, mejorando nuestra desastrosa condición económica actual. Mientras la cohesión deseada y la coordinación entre Estados se desvanecieron, prevalecieron los intereses económicos y las estrategias políticas egoístas de cada uno, en detrimento de la salud mundial.

trump-corona

Entre los varios jefes de gobiernos y jefes de Estado no faltaron los negacionistas. Boris Johnson, después de haber sido contagiado por el Covid, se ha retractado, Jair Bolsonaro sigue mostrando seguridad, desafiando el virus a golpes de apretones de manos, comiendo hot dog y tomando Coca Cola en la calle, mientras continúa negando la fragilidad de los indígenas brasileños, al límite de un genocidio por la invasión ilegal, en la selva amazónica, por parte de agricultores y mineros en busca de oro.

Las grandes potencias -abandonando por el momento los históricos teatros de guerra-´´ se desencadenan con operaciones de “manipulación psicológica y cultural” contra nuevos enemigos a combatir, haciendo campañas de desinformación, lanzando fake news, eslóganes, como si fuesen confetis de carnaval, creando tensiones en última instancia para un retorno a la guerra fría.

Se hace gran uso de lo social, salvo condenarlo, cuando es más cómodo. Disparan sanciones económicas, acusaciones, amenazas contra los que propagaron el virus. La sensación es que todo está fuera de control, que peor que el virus es la locura, difícil de contener. Debo admitir que me  equivoqué, pensando que el ánimo del hombre pudiera reencontrar las dimensiones justas para una convivencia pacífica y revisando los errores, pudiera remediarlos. Y ahora me pregunto: ¿dónde está esta especie de globalidad solidaria, que me había imaginado? A la luz de los hechos una cosa es cierta, no estamos más en plena pandemia, pero seguramente en un gran pandemónium mundial.

* Escritora y gestora cultural. Publicado en Brindisi Report el 29 de mayo. Traducción al español de Annie Pauget.