Colo-Colo y Argentinos Juniors, 1980

Por Hugo Dimter

El partido amistoso jugado el 13 de marzo de 1980 entre Colo Colo y Argentinos Juniors fue la ocasión para que los chilenos conocieran a un muchacho del que el mundo comenzaba a hablar: Diego Armando Maradona. Curiosamente este match reunió todos los ingredientes que, posteriormente, marcarían su vida. El talento, la picardía, el engaño y el escándalo se unieron esa noche en una profecía de lo que años más tarde iba a establecerse como la leyenda de el «Pibe de Oro».

Curiosamente esta no era la primera vez que Maradona visitaba Chile. Cinco años antes -en 1975- había cruzado la cordillera con las divisiones inferiores de Argentinos Juniors
como le confidenció a María Angélica De Luigi en una entrevista a Las Últimas
Noticias. De este acontecimiento no hay mayores referencias. El 75 Diego era un
absoluto desconocido que establecía sus primeras armas en un club profesional, con tan
buenos augurios que un año más tarde, octubre, debutaría en primera frente a Talleres
de Córdoba. A partir de ese momento todo sería vertiginoso. El llamado a la selección
juvenil, el título en Japón, el llamado a la selección adulta, su no convocatoria al
Mundial del 78, el premio al mejor jugador de América el 79, y así llegamos a marzo
del 80.

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Entre la duda y el asombro

Colo-Colo en aquel año 80 estaba con una enorme deuda de arrastre y su presidente Luis Alberto Simian, junto a un desconocido pero empeñoso ejecutivo de Televisión Nacional -Pedro Cárdenas- después dirigente de la «U», decidieron hacer una especie de Colo-Colotón para reunir dinero. A Cárdenas no se le ocurrió mejor idea que traer a ese muchacho llamado Maradona.

Como un reguero de pólvora poco a poco se fue comentando en todo ámbito acerca de este partido. Maradona, Maradona, algunos no lo conocían muy bien, otros lo habían oído nombrar; los más entendidos visto algún partido por televisión. Faltando dos días se habían vendido más de 40 mil entradas, pese a que el partido iba a ser televisado. Diego no era Gardel; él quería ser Travolta con sus aterciopelados botines Puma de cuero de canguro. Su ritmo era el dribbling, y su música el gol. Fiebre de sábado por la tarde en el estadio de turno. Diego bailaba en el césped y la gente lo amaba. Era joven. famoso y pronto muy, pero muy, rico. Pero lleguemos a un axioma. Lo no material no puede ser abordado con métodos que corresponden a lo material. Nada de lo que digamos de Diego se elevará a la altura de su celestial genio.

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Colo-Colo

27 años después la mayoría de los amantes del balompié recuerdan a ese Colo-Colo de
los años 80. De aquel añoso baúl ochenteno salen los Caszely, Vasconcelos, Osbén.
Leonel Herrera, Carlos Rivas, y Mané Ponce. ¡Qué equipo tenía Pedro Morales, el DT!: La única
manifestación popular por aquellos años. Uno de los excepcionales signos de
creatividad permitido. Y las masas los seguían. Entre la bruma y desolación brotaban estos jugadores que alegraban por una hora y media a todo Chile. Claro, para algunos era un volador de luces sobre lo que realmente sucedía, otros quisieron arrimarse al pueblo colocolino haciendo socio a Pinochet; todos sabían que aquello era una farsa. Caszelly era el principal opositor de esta estúpida idea.

Naturaleza Maradoniana

«La vida cambia, pero yo no. Uno tiene más obligaciones y además cuando tengo un rato libre me quedo en casa porque si salgo a comer o voy a algún lado se forma un lío bárbaro. Se empieza a juntar la gente y… En los negocios me ofrecen muchas cosas. pero no agarro cualquiera. Hace poco me ofrecieron bastante por hacerle propaganda a una marca de cigarrillos y dije que no. ¡Si yo no fumo! Eso lo ven los chicos y por ahí quieren fumar como Maradona. A una marca de vinos también le dije que no. Yo no voy a aceptar ninguna publicidad que me haga distraer del fútbol. Si hay que firmar un contrato, voy cuando tengo el tiempo libre, a la hora que quiero. Si no les gusta chau, no la hago. La fama tiene muchas cosas… la noche, las mujeres, gente que viene a proponer negocios, las cartas que llegan, los periodistas… En todo caso yo salgo de lunes a miércoles y me guardo de jueves a sábado. Pero todo normal. Yo sé que por ahí a otros muchachos no sé le presentan las mismas cosas que a mí, pero yo sé cuando vienen por Maradona. Escucho todos los consejos, pero en el fondo pienso que la fama no me va a cambiar así no más. No sueño con tener millones de dólares», señalaba Maradona antes del partido. Diego era otra persona y no estaba contaminado, como sí lo estaría a partir de 1982.

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El match

El martes 10 de marzo de 1980 amaneció de forma extraña. A pesar de estar nublado el calor se hizo sentir con inusual fuerza, como si se hubiese liberado tras un prolongado período. En la tarde ya hacían más de 25 grados. A la hora del encuentro una ligera brisa se depositó sobre Santiago como un reconfortante bálsamo. El estadio estaba lleno y minutos antes se sorteó un auto en base a la numeración de los 70 mil boletos que arrojaron un excelente borderó de ocho millones de pesos. Cuando los argentinos salieron a la cancha con sus casaquillas rojas un sonoro abucheo los recibió indicándoles que no eran bienvenidos, pero esto no los amilanó; esperaban mucho más. A pesar de eso estaban tranquilos: tenían a Maradona.

Las horas previas habían sido de ajetreo para Diego: entrevistas y seguimientos de hinchas que deseaban conocerlo. Ahora tenía que demostrar porqué era considerado uno de los mejores, dejando de lado la parafernalia de las luces, flash y micrófonos.

A las 22 horas en punto el arbitro Víctor Ojeda dio por iniciado el partido Los colocolinos no estaban dispuestos a ser comparsa, y jugadores como Eddio Inostroza y Leonel Herrera miraban con el ceño fruncido y los dientes apretados y Maradona y Cia. Durante el primer minutos ya Diego agarró un balón en la mitad de la cancha y con asombrosa velocidad dejó petrificados a los volantes defensivos, creando una bella jugada que abortó Inostroza. El encuentro estuvo parejo y con una intensidad pocas veces vista. El juego era vertiginoso. Pasados los 10 minutos Diego comenzó a hacer de las suyas. La galería estaba fascinada. Había válido la pena pagar la entrada.

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Un héroe en escándalos

Definitivamente el equipo argentino basaba todo su potencial en el joven Maradona. En el campeonato trasandino iban primeros luego de las jornadas iniciales, pero aún así tenían falencias que los hacían ver permeables. Y  esto fue aprovechado por Colo-Colo que en el minuto 42 del primer tiempo se puso en ventaja tras memorable jugada y definición de Carlos Caszely.

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El juego se fue tornando duro y apenas a seis minutos de comenzar el segundo período Caszely alargó las cifras tras pase de Inostroza, produciendo que los ánimos se caldearan en el cuadro che.  No le duró mucho la alegría al cuadro albo ya que tras falla de Osbén, a quien se le soltó un centro de Maradona, Molnar puso el descuento. Los argentinos daban y recibían por igual. Sin embargo los reclamos contra el árbitro Ojeda se hicieron más reiterativos y al referí se le fue el encuentro de las manos tras expulsar al che Doménech debido a reiterativos fouls.  A los 76 nuevamente Molnar pone el empate tras centro endiablado de Morel luego de ganarle una disputa a Galindo.

Colo-Colo no baja los brazos y a los 84 Mane Ponce sirve un virtuoso tiro libre que se clava en el arco del portero Rigante. 3 por 2. Los últimos minutos fueron caóticos, y luego de una violenta falta de Leonel Herrera contra Maradona, éste se quedó botado en el suelo en el vértice de una de las áreas. Diego es sacado en camilla y los argentinos se fueron en contra el árbitro quien expulsó a dos más. Esa fue la génesis del retiro de Argentinos Juniors de la cancha de Macul. La gente, pese a este incidente, estaba feliz por la actuación del “Pibe de Oro”, y la de Colo Colo. El héroe de la jornada se había visto inmiscuido en un escándalo pero pese a ello la gente lo había visto dando espectáculo con el balón que posteriormente nunca más entregaría en sus visitas a nuestro país.