Publicado en 2010 y escrito por Carlos González y Braian Quezada, resume el acontecer de nuestro balompié vinculante con política entre los años 70 y 80.
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Por Gonzalo Figueroa Cea
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En los comienzos de la década pasada los periodistas Carlos González Lucay y Braian Quezada Jara aportaron a la literatura sobre fútbol de la presente década una nueva y documentada mirada crítica a lo que fue el fútbol profesional chileno entre 1973 y 1990, período en que los destinos de nuestro país eran determinados por el gobierno de facto liderado por el general Augusto Pinochet.
Esa mirada (a propósito de conceptos asociados a operaciones militares) fue denominada «A discreción», un libro publicado por editorial Forja en septiembre de 2010. Subtitulado «Viaje al corazón del fútbol chileno bajo la dictadura militar», allí los autores invitaban a los lectores a revelar detalles relevantes de la relación entre los mandamases «del deporte rey» por estos pagos y el régimen militar. Dicho otro modo, una especie de gran angular de 17 años, el que abarca desde la controvertida clasificación de la selección chilena al Mundial de Alemania (eliminó la Unión Soviética), pasando por el nacimiento del juego de la Polla Gol, la transoformación de la actividad en un rubro enpresarizado (las camisetas con publicidad fueron la primera gran señal del cambio) y el extravagante manejo de los dirigentes en materia de conseguir financiamiento en momentos de deudas notablemente apremiantes, hasta los vergonzosos acontecimientos asociados al «Maracanazo» del 89.
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1980s-Caszely
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Apoyado por el Centro de Ecología Aplicada (CEA), patrocinado por la Comisión Bicentenario y avalado en sus páginas de presentación por figuras consagradas del periodismo deportivo nacional como César Betancourt, Edgardo Marín, Luis Omar Tapia y Marco Sotomayor, «A discreción» incluye en su tramo final un interesante guiño a quienes gozan del plano estadístico-deportivo: las tablas de posiciones de los campeonatos nacionales y las liguillas de Primera División que tuvieron lugar en el lapso investigado: 1973-1989.
Comparto a la vez algunos párrafos que encontré notablemente interesantes dentro de un generoso y documentado repertorio de datos, en cuyas diversas fuentes figura la primera edición del libro de Daniel Matamala, «Goles y autogoles», publicada en 2001:
«Nos inclinamos a pensar que Pinochet seguía la doctrina del laissez-faire, laissez.passer («dejad hacer-dejad pasar»), pues prefería delegar en sus hombres de confianza el manejo del deporte en general. Pero cuando llegaban a sus oídos los grandes problemas de la actividad, especialmente los del fútbol, exigía soluciones inmediatas y definitivas. Era consciente de la repercusión social que éste tenia, y debía actuar rápido para mantener la distracción en una sociedad que pasó de la confianza a la decepción con el régimen, en especial después de la crisis económica de 1982. Su pragmatismo a la hora de gobernar quedaba de manifiesto cada vez que algún escándalo deportivo sacudía a la opinión pública: movía las piezas y cambiaba de cargos, sin perseguir ni castigar a los responsables».
(página 20)
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«Años después, una época de bonanza económica trae al fútbol chileno la llamada «Plata Dulce». A fines de 1975 nacía el Sistema de Pronósticos Deportivos Polla Gol, que en poco tiempo llegaría a repartir premios cercanos al millón de dólares, y en parte gracias a sus ganancias, permitiría que regresaran a Chile varias figuras de la Selección Nacional que jugaban en el extranjero, como Elías Figueroa (a Palestino y luego a Colo Colo), Alberto Quintano (a Universidad de Chile) o Carlos Caszely (a Colo Colo). La danza de millones sin control traería nefastas consecuencias algunos años después».
(página 23)
 
«Al estadio asistieron 17.148 espectadores que vieron el gol más patético de la historia. La FIFA le dio el triunfo a Chile sobre la URSS por 2-0 y el 5 de enero de 1974, el Comité Ejecutivo de la FIFA ratificó la clasificación de nuestros país a la cita germana. Sin embargo, los recuerdos de esa nefasta jornada aún se mantiene en la memoria de sus protagonistas, especialmente entre quienes se vistieron de corto y se prestaron para el montaje, como el propio «Pollo» Véliz:
 
«Fue lo más terrible que viví, porque entrando al Estadio Nacional todavía veíamos las paredes con los orificios por los simulacros de fusilamiento, que después describieron los historiadores…y luego de jugar un partido de esa naturaleza, me cuestiono por qué haberlo jugado. ¿Qué hubiera pasado si me hubiera negado a jugar ese partido? Pero era mi pasión y había que cumplir con ese sueño de ir a un Mundial de Fútbol», recuerda el ex puntero haciendo un paralelismo entre los simulacros de fusilamiento y el de este partido, tan singular que jamás existió».
 
(página 40)
 
«En enero de 1979, Chile se aprestaba a disputar el Sudamericano Juvenil en Paysandú, Uruguay. Aquella Selección era encabezada por el director técnico Pedro García, quien estaba a cargo de un grupo de jugadores que no podían superar los 19 años. Sin embargo, apenas un futbolista cumplía con la edad reglamentaria. Incluso habia «muchachos», como Iván Soto, que estaban pasados hasta en tres años del límite».
 
(página 49) 
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«Leonardo Véliz recuerda esa época con espanto: «Pongo como ejemplo a Sandrino Castec, quien era un chico que recién venía saliendo de la «U», Orlando Mondaca y Julio Crisosto, (quienes) cambiaban de auto todos los meses. (Ésa) era la plata dulce». 
 
Una opinión similar tiene de esos tiempos, el director técnico Ignacio Prieto, quien a principios de los ´80 entrenaba a las series menores de Universidad Católica, y con posterioridad, tomaría al plantel de honor del cuadro de la franja:
 
A mis jugadores les decía: ‘Al que llegue con un auto nuevo antes de los 20 años, no lo dejo. No pueden tener antes’. Y llegaron. Así que un día le desinflé los neumáticos a uno y éste me dijo:
 
-¿Qué hago ahora?
-No sé, poh, hueón. Sí tenis plata para comprarte un auto, traéte a un hueón que te lo venga a inflar. O que te venga a buscar.
 
Antes de eso hay una casa, un departamento, para él o su familia, o una cama para dormir. Habia jugadores que tenían auto, pero que sus camas eran así (hace el gesto de que están hundidas). Dormían mal y tenían problemas en la espalda».
 
(página 56)
 
«A mí me tocó recibir puñetes e insultos, porque el estadio no llegaba nunca. Porque el estadio estaba en Iquique…porque se remató, por esto y lo otro, que aquí que allá…La Corfuch munca tuvo tuición sobre eso, era la Inmobiliaria que tenía directores y accionistas aparte. Uno de los cuales era la Corfuch», recuerda Ambrosio Rodríguez, amigo y sucesor de Rolando Molina en el cuadro laico».
 
(página 74)
 
«El escándalo de la Polla Gol, en que tres árbitros de Primera División se coludieron para arreglar una fecha completa del Campeonato Nacional en su favor, no tuvo repercusión alguna en el momento que se produjo (septiembre de 1978). Pero ocho años más tarde, el programa «Informe Especial», de Televisión Nacional, emitió, el 12 de agosto de 1986, un reportaje llamado «Viaje al submundo de los árbitros». En la oportunidad prestaron trestimonio tres jueces que confirmaban el arreglo de partidos, involucrando a Adolfo Reginatto, Alberto Martínez y Víctor Ojeda, entre otros. Finalmente, el tema desapareció de los medios a comienzos de septiembre, por causa al fallido atentado al general Pinochet. También se especula que fue por la amenaza de suicidio de Reginatto -quien por entonces era el profesor de los árbitros- ante el director del diario La Tercera, Alberto Guerrero».
 
(página 133, cuyo pie de página informa que los referís entrevistados fueron Robinson Luengo, Rafael Hormazabal y Walter Krauss)