Por Ricardo Paredes Vargas

Desapareció RT –el canal ruso de noticias en español, de la oferta programática del cable operador TELSUR- y con ello la información objetiva y veraz, algo que los medios chilenos no pueden ofrecer por sus compromisos con esa minoría que posee la riqueza y genera las desigualdades e injusticias.

El panorama de los medios de comunicación en Chile es repulsivo. Esto ha sido así no solo en las actuales circunstancias, sino que a lo largo de la historia política del país. Durante el gobierno de Allende, el decano –es decir, El Mercurio, el que miente- a través de su propietario, el conspicuo señor Edwards Eastman, consiguió financiamiento de la CIA para que su periódico montara la campaña del terror destinada a desestabilizar al gobierno y preparar las condiciones para el golpe de Estado.

Hoy, existen dos conglomerados que constituyen lo que se ha denominado un duopolio. Ambos son aparentemente competidores, pero en lo ideológico representan a la derecha rancia de siempre. Y en concordancia con sus propósitos se han dedicado a des-informar, a mentir y, por si fuera poco, a desplegar la más burda propaganda, buscando instalar el miedo en población con la cobertura hasta el hartazgo de actos delictivos, criminalizando las manifestaciones de malestar social y haciendo de caja de resonancia de las opiniones de los líderes políticos desprestigiados y carentes de legitimidad por la corrupción en que han intervenido, ya activa, ya pasivamente. Y todo justificado por la defensa de sus “nobles” intereses que no son más que los intereses del capital, contrarios a los del pueblo.

Y en este punto caber decir, que sin ningún contrapeso que instale algún mínimo equilibrio, gracias a la complicidad de la Concertación que durante los años en el poder se dedicó a asfixiar a los medios de comunicación independientes que durante los años de dictadura habían manifestado su oposición decidida y vocación democrática. Aquellos medios escritos: HOY, APSI, ANÁLISIS, CAUCE, FORTÍN MAPOCHO, LA ÉPOCA, entre otros, fueron rápidamente acallados, negándoseles el avisaje necesario para su subsistencia y la existencia de una prensa independiente y de profunda vocación democrática. Podemos suponer, sin temor a equivocarnos, que esta medida fue uno de los tantos acuerdos espurios y secretos de la transición pactada con los militares, los “garantes” de la institucionalidad. Para subsistir en el universo mediático, hay que ser incondicional al sistema.

Los medios de comunicación audiovisuales, privados en su mayoría, obedecen a los intereses de sus propietarios. El canal nacional como se le llama, público en apariencia, es más de lo mismo, considerando su composición pluralista, o sea un vulgar cuoteo, entre los partidos de gobierno y los de la falsa oposición. Así nos muestran programas de falsos debates en que se confrontan dos posiciones “irreconciliables” la del oficialismo y la seudo-oposición. Y entrevistan a estos personeros, parlamentario, autoridades, genuinos representantes democráticos financiados con los millones de empresarios desinteresados que después manejarán con hilos invisibles pero fuertes a los “soberanos” para la aplicación de la agenda que cuida sus intereses y multiplica sus dividendos a costa de las mayorías empobrecidas y sometidas. Hay que asegurar la reelección. Para subsistir en la política, hay que ser incondicional al sistema.

Hubo a disposición de los inconformes una alternativa encarnada en RT que los operadores de televisión por cable incluyeron en su oferta programática, hasta que se dieron cuenta de que estaban quedando en vergüenza, porque este canal serio, veraz y objetivo echaba por tierra el tinglado de sus mentiras y entonces, zas, desapareció de la parrilla. Se acabó el contrato dijeron.

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Pero la verdad es que terminaron obedeciendo a sus verdaderos amos. Nada más. El gobierno de Trump amenazó con sancionar al canal RT y a la agencia Sputnik en los Estados Unidos. Jeannine Áñez, en Bolivia, y no por iniciativa propia, sino que siguiendo los dictados del Departamento de Estado excluyó a RT y busca la prohibición del canal TELESUR. Mauricio Macri estuvo a punto de retirarlo de la parrilla, pero terminó por convencerse de que era mayor el perjuicio así que resolvió cambiar de política.

Por acá, en el oasis de América, donde tenemos el mejor sistema de salud del planeta, el operador TELSUR (telefónica del sur) retiró a RT de su oferta. Sin aviso, total qué importan los abonados. Hacen lo que quieren, sin respetar a los abonados.

Y entonces se terminó una de las pocas alternativas de recibir información seria y confiable. Seguirán con su monótona letanía de la paz y el orden público y el respeto a las sacro-santas instituciones, insistiendo en el terror como arma de propaganda. No quieren competencia porque saben que la lucha es dura y la tienen perdida. Agotarán sus esfuerzos tratando de convencernos. La gente no les cree, abrimos los ojos y somos “caleta…”