Por Roberto Valencia

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Los principales locales comerciales del sector oriente siguen tapizados con planchas de zinc, mostrando al exterior la metáfora de nuestra organización económica.
Y es que el zinc es un elemento que representa una seguridad endeble, frágil, como nuestra economía tomadora de precios, con servicios de bajo valor agregado y un mercado laboral con bajas rentas. Tanto el zinc, como una economía con estas características, se abolla rápidamente, al igual que las expectativas que generan en las subjetividades de la población. Unos pensaban que el oasis iba a ser siempre estable, fuerte como el acero, pero la realidad es que terminó siendo protegido por el zinc, un metal maleable y dúctil, que puede funcionar hasta ciertos límites.
El zinc, en el lugar destinado a las vitrinas, ahora también tiene la función de tapar, de esconder. El éxito, que es la centralidad superficial que muestra hacia afuera la organización económica a la chilena, ahora es cubierto por la plancha de zinc abollada, rayada, cuestionada por el paso del disenso.
Detrás de los vidrios que cubre el zinc se representa un repliegue hacia adentro del poder económico que tienen las grandes empresas. «Me gustas cuando te blindas porque estás como ausente», reza un escrito sobre las superficie de zinc de Providencia, representando justamente la promesa perdida de las expectativas que el poder político puso en vitrina para ofrecer a la ciudadanía, desde la fragilidad, desde los temas de forma y no de fondo.