Por Tomás Lagomarsino

Foto de Juan Manuel Núñez Méndez

 

Chile cambió y ahora la institucionalidad de nuestro país tiene que adaptarse a los requerimientos del Pueblo. Una nueva Constitución es inminente y el derecho a la salud cumple un rol fundamental en este nuevo país que empieza a nacer.

 

El Chile que aún no termina de desaparecer, solo ha garantizado el libre e igualitario acceso a las atenciones de salud, lo que en la práctica significa que hay que invocar el derecho a la vida, es decir, que una persona esté muriendo para que el Estado concurra a protegerlo. Lo único que este Estado ha garantizado es la libertad de elegir entre un sistema estatal o uno privado.

Este nuevo país que está naciendo debe garantizar la salud como un derecho constitucional y sujeto a la influencia de las determinantes sociales como son el trabajo, el ingreso familiar, la educación, la vivienda, el género, la orientación sexual, el transporte, el ambiente libre de contaminación, la pertenencia a un Pueblo Originario, entre otros. En ningún caso esta nueva Constitución debe considerar una supremacía del derecho a la propiedad por sobre el derecho a la salud. No. Eso debe quedar en el antiguo Chile.

Este país que está naciendo no está disponible para medias tintas, hoy no estamos para pedir un Seguro Nacional de Salud. Hoy debemos exigir un Sistema Único de Salud. El antiguo Chile no tiene UN sistema de salud, sino tiene múltiples como son aquellos encabezados por Fonasa, cada una de las Isapres, las Mutuales para accidentes y enfermedades laborales, las Fuerzas Armadas, la Teletón, entre otros. Cada uno de estos sistemas que han convivido hasta ahora entregan una salud diferente, desigual, una salud de injusticia social y que está sujeta a la capacidad de pago de los ciudadanos.

Este Chile que está naciendo debe contar con un Sistema Único de Salud que garantice que no dependa del bolsillo de cada persona, la salud a la cual pueda acceder. Esta salud debe ser financiada directamente por impuestos generales, progresivos, donde más pagan los que más ganan y sin cotizaciones que disminuyan el salario de los trabajadores. Este sistema que está naciendo es seguridad social en su más amplio sentido de universalidad y solidaridad.

Este Sistema Único de Salud que está naciendo basa su atención en prestadores públicos, correctamente financiados, donde se transfieren recursos a los hospitales de acuerdo a los costos reales para que no se endeuden y puedan contar con los trabajadores, insumos, medicamentos y equipamiento que necesitan. Por otro lado, financia un per cápita que permite realizar promoción y prevención en la Atención Primaria de verdad. Una inserta en el territorio y las comunidades, humanizada y al servicio de las personas.

Es momento de transformar nuestro sistema de salud estructuralmente, en el fondo y la forma, a través de una Asamblea Constituyente donde la salud esté garantizada como un derecho de carácter multidimensional e influenciado por las determinantes sociales y un modelo de Sistema Único de Salud con énfasis en la promoción de la salud y prevención de la enfermedad.

Este derecho a la salud que está naciendo no solo se lo debemos a todas y todos los que han luchando en las calles, a aquellos que han sido reprimidos y vulnerados en sus derechos estas semanas. Se lo debemos también a todos nuestros compañeros que fueron reprimidos sistemáticamente por un Estado indolente, que no consideró la salud como un derecho y que fallecieron por no tener los recursos, en listas de espera de muerte y que solo podrán ser recordados dignamente por un Pueblo que exige un Sistema Único de Salud.