Por Oscar Ariel Cabezas

Foto de Susana Hidalgo

Una de las principales protagonistas del estallido de la sociedad civil en Chile ha sido la bandera Mapuche. En contraste con la majestuosa bandera tricolor, la carga afectiva e histórica de las luchas por la emancipación de los pueblos originarios ha quedado impresa en la histórica foto de Susana Hidalgo .

En cambio, la bandera tricolor del Estado-nación, apropiada en las manos de la oligarquía blanca, aunque ha estado presente, no ha sido la protagonista de las manifestaciones . La bandera chilena representa mucho más a las clases sociales que se reconocen en lo que el filósofo Bolivar Echeverría llama blanquitud, que a las clases subalternas que componen la mayoría de la sociedad civil.

En la bandera Mapuche se ha expresado el reconocimiento de nuestra condición de mestizos y marranos, cuyo suelo patrio es la pluralidad social y no la casta acomodada en el blanqueo, el micro fascismo, el consumo y los privilegios, a costa del abuso de las mayorías.

La foto más emblemática de estas jornadas revela que la rubiocracia de la clase política y la blanquitud del congreso es vergonzosa; sigue la estela de la célebre reunión del presidente Piñera con Trump. Hay que recordar que el mandatario chileno mostró a Trump que la bandera chilena es una estrella más en la bandera de Estados Unidos.

De esta manera, el símbolo patrio, denigrado en el deseo de Piñera por convertir a Chile en una estrella más de la bandera que perpetró todos los golpes militares en America Latina, no iba a ser la protagonista de las manifestaciones. Tampoco iba a ocupar la memoria visual de la bandera mapuche en Plaza de la dignidad.

El estandarte de la patria se ha debilitado porque no logra desprenderse del racismo constitutivo e histórico de la clase política y de su deseo por negar la diversidad de un pueblo plurinacional, feminista y abierto a las disidencias.

75610601_10221032699153704_1653436166986268672_n

Mauricio Alipin Aniñir, el chico de la bandera

Somos mayoritariamente mestizos y de apellidos indios y marramos. Por eso, no debería extrañarle al gobierno que no nos representan. No debería extrañarles que la captura oligárquica de los símbolos patriarcales de la patria no los queremos, no los necesitamos.

Tampoco debería extrañarles que todos los símbolos patrios estén hoy en peligro de ser profanados. Afirmamos, en bicicleta o a pie, en nuestras mochilas o poleras, la dignidad de la bandera Mapuche y su protagonismo en primera línea, hasta que la dignidad se haga costumbre.

A la clase política de nuestro país, le haría muy bien dejar entrar al gobierno la bandera de la dignidad y escuchar el reclamo de justicia. Y, por cierto, a todes nos haría muy bien dejar entrar la Pachamama y la whipala que el sangriento golpe de Estado en Bolivia echó a punta de cañón.