Por Persus Nibaes

 Hace unos días leía una entrevista al poeta y performista Francisco Vargas Huaiquimilla donde él hablaba que los problemas de interés en las relaciones interpersonales también se daban en las relaciones homo. Él decía que se suponía que las relaciones entre personas del mismo sexo deberían ser más desinteresadas porque se supone que el homosexual está deconstruido del patriarcado, pero afirmaba que no es así y que los intereses de clase estaban también instalados en la comunidad LGTB. A Francisco le creo porque es un tipo lúcido y un buen poeta, de hecho me encantó reseñar su libro Factory. Además, no es divo como otros de la escena homo que más que buenos poetas son tipos insoportables. Como uno que no voy a mencionar pero que todos saben quién es. ¿Qué es lo que hace que un poeta marginal se convierta en divo? Pues el arribismo. Tomo este ejemplo solo para introducir el análisis a esta enfermedad cultural que azota Chile. Según como lo veo, desde este punto de vista el culpable de mucho males que está padeciendo Chile es el arribismo.

Veamos. Históricamente la sociedad chilena se construyó sobre la base de una cultura europea instalada sobre las ruinas de una cultura indígena arrasada. Esto no lo digo yo, lo explican muy bien historiadores y sociólogos, por ejemplo el libro “Siútico” de Óscar Contardo lo explica muy bien. Una sociedad que históricamente mira hacia Europa y le da la espalda a sus raíces indígenas. Según el psicólogo chileno Jorge Gissi en sus trabajos de identidad latinoamericana, sufrimos de un síndrome de Edipo no resuelto y de un síndrome de Electra terrible. Por un lado amamos a nuestras madres, pero nos avergonzamos de ellas porque representan nuestro origen indígena. ¿Cuántas de nuestras madres se han teñido el pelo para verse más blancas y más europeas? Muchas. En relación al padre, tenemos este síndrome en que el padre es el europeo blanco que llegó a hacerse la América y que se mezcló sexual y culturalmente con las mujeres indígenas. Pero que no nos quiere porque salimos chicos y morenos a nuestra madre. Admiramos al europeo y los admiramos más cuando nos ignora. Estos traumas de la Conquista se pasaron a la Colonia y luego a la República porque obviamente la República y su democracia es un sistema europeo.

Hablamos de dioses europeos (el mito es de oriente pero la religión cristiana es romana) en un idioma europeo, sobre conceptos europeos, pero no somos europeos. Somos mestizos latinoamericanos. Por eso es necesario para muchos de los chilenos diferenciarse. Una poeta y antologadora mediocre del sur de Chile le dice a los 4 vientos sus orígenes suizos. En mi familia se llenan la boca con sus apellidos alemanes. Ejemplos podemos encontrar muchos. Es gente chilena tiñéndose el pelo, diferenciándose por sus nombres de los otros, los rotos, los flaites, los sin nada. Allí veo el error de nuestra cultura, porque los sin nada, los patipelados como dijo una vieja de la elite política que ha saqueado este país son los que han dicho ¡basta!

Tenemos una sociedad donde el arribismo no solamente ha diferenciado culturalmente a la gente, sino que desde la dictadura de Pinochet, también nos han diferenciado política y económicamente. Antes también fue así, pero nunca desde la política institucional de las AFPs. Desde la constitución de 1980 se ha construido una mordaza legal para que los patipelados no puedan llegar nunca más al poder. Allende fue acribillado en la Moneda por darle a los patipelados medio litro de leche en el colegio. Es lo mínimo para que un país estudie y trabaje en la pirámide de las necesidades, según Maslow. Lo explicaba Fernando Monckeberg cuando fundó Conin o Corporación para la Nutrición Infantil.

Luego de la dictadura -en la llamada Transición a la Democracia- los gobiernos Concertacionistas y de Piñera han gobernado desde el arribismo, quitándole todo lo posible al sujeto patipelado. Perfeccionando un modelo neoliberal pensado desde la Universidad de Chicago para robarle al Estado las empresas y traspasar el capital nacional a manos privadas. Los concertacionistas y la Nueva Mayoría nunca trataron de cambiar el modelo, sino más bien lo perfeccionaron. Frei vendió las carreteras, Lagos vendió a los estudiantes a la banca, Piñera vendió el mar. Lagos perfeccionó las AFPs y un largo etcétera. Todo motivado por un profundo odio hacia el pobre. Aparofobia se llama el miedo al pobre, yo diría odio al pobre. Se legisla para empobrecer más al pobre. Un país OCDE como Chile con niveles de desigualdad iguales a los de Ruanda en África no puede seguir enriqueciendo más a los ya multimillonarios ricos y quitándole más a los pobres.

El alza de los pasajes de metro detonaron la Revolución. Opino que es un Revolución en el sentido que la lucha ha tomado tintes revolucionarios al pedir cambios estructurales. Ya no queremos que solo cambie la AFP, ya no queremos que solo baje el valor del pasaje de Metro. Queremos cambios de base. Pero mi cuestionamiento es mucho más profundo. Me pregunto: ¿Qué es lo que motiva a un político, un sujeto cualquiera a legislar en contra de su propio país? ¿Dónde se ha perdido el sentido común de la política que es el bien social? En qué momento los que fueron a estudiar a Chicago volvieron con más ganas de robarnos todo. Incluso los que fueron a estudiar a Alemania como Axel Kaiser, quien subsidiado por el Estado chileno y el alemán vuelve con una retórica de odio hacia el pobre y escribe un esbirro de libro llamado la Dictadura de la Igualdad, donde se cree un filósofo alemán de esos teóricos del Materialismo Histórico y pretende escribir un libro supuestamente filosófico que no es más que proselitismo neoliberal barato y sin fuentes. ¿Qué lo motiva a pedir una sociedad más desigual? Pues el arribismo. Hemos hablado largo y tendido con mi amigo pianista, musicólogo de la Universidad de Talca y miembro de la Sociedad Chilena de la Historia de la Iglesia sobre este tema. El arribismo es el motor que lleva por delante la diferenciación entre las personas. El arribismo está instalado en nuestras familias, en nuestra psiquis. Es la forma como nos comportamos con el otro. Además de haber creado una institucionalidad política que reproduce el arribismo en términos económicos como el saqueo del agua, los bosques, el mar. Se ha creado una cultura del arribismo en nuestras relaciones personales. ¿Quién dijo que la privatización de la educación debía ponerle nombres en inglés a nuestros colegios? Recuerdo cuando trabajaba en el colegio Matthei de Osorno, los otros colegios de la misma corporación educativa era el Osorno College. ¿Es mejor un colegio porque se llame College y no colegio? ¿Por qué proliferaron los School y no los liceos? Si hasta mi amigo guardia al que le decimos Super 8 se dio cuenta que me digan Mister en vez de profesor es una estupidez. A tanto ha llegado la estupidez que una de mis primas que me odia y me tiene una envidia terrible, me dijo después que yo volví de estudiar un semestre en Alemania:

-¿Te discriminaron los alemanes? Obvio po, si tienes una cara de indio.

Yo no le contesté, porque entiendo que su envidia es superior a mi rabia y mi desprecio. Mi tía Teresa que es morena me contó que siempre de niña la trataron de india en mi familia. El desprecio por el pobre se ha traducido en un país que desprecia su propia gente. Que sueña con vivir en Europa. Que no quisiera por nada del mundo ser indígena. El arribismo lo podemos ver en nuestros propios familiares. Se niegan a si mismos pues en el fondo somos todos clase media. Nuestro error fue pasarle el gobierno a la clase alta y tratar de aparentar que somos clase alta. Pero vivimos todos de un sueldo. Hasta el más millonario dueño de algún medio de producción lo puede perder todo. Nadie tiene garantizado una riqueza infinita. Y si fuera así, ¿no deberías acaso compartir?

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¿Qué enfermedad tiene Piñera y sus secuaces que no se cansan de acumular? La enfermedad de la que está enfermo el país de Chile se llama arribismo. Es que ella tiene un apellido mejor me dijo un primo. En un viaje desde Colombia a Chile pude comprobar como en cada aeropuerto en que me acercaba a Chile iban apareciendo los cuicos chilenos.

El rico colombiano se viste bien, tiene ropa y maletas de marca pero es simpático. Es bonachón. El rico peruano también, quizás en Perú y Colombia también hay gente enferma de esto. Pero es el rico chileno, el que necesita hablar con la papa en la boca y que todo el aeropuerto se entere que estuvo en Miami. Yo he recorrido Europa y he estado en África y en Centro y Norte América y muchas veces en Argentina y Colombia y jamás se me ocurriría llegar al aeropuerto hablando fuerte y contando que estuve en Miami. ¿Por qué el chileno necesita aparentar? Si está claro que todos los que estamos en un aeropuerto hemos llegado lejos, quizás con mucho o poco esfuerzo. ¿Por qué es necesario que todo el mundo sepa que veraneas en Miami? Se llama enfermedad del arribismo y mientras no solucionemos eso y nos hagamos ver como sociedad por un psicólogo social, difícilmente vamos a construir un país justo y más equitativo. La tontería se va a seguir reproduciendo otro siglo. La única diferencia es que ya no tenemos miedo de decirlo.

Después si me preguntan por qué no les hablo vuelvan a leer aquí, desde el principio y vean en su corazón. Si su supuesta superioridad de clase está basada en un arribismo materialista o cultural, no se extrañen que los cambios no lleguen. Debemos cambiar adentro primero para luego cambiar afuera. De todas manera igual me carga esta moralina que acabo de decir, igual te pegaría un combo en hocico weón arribista, quizás te sirva pa sacarte la papa de la boca. Sigo siendo flaite, pero con doctorado, pa que te pique más el trasero.