Soliloquio

Por Luis Cifuentes Seves

En los años 90 iba mucho a un restobar con espectáculo, donde se realizaban actividades culturales y políticas. Se llamaba El Tuntún y quedaba en el centro de Santiago.

Un día cualquiera llegué al Tuntún alrededor de las 20:00 horas y veo, sentada sola, a una dama menor de treinta años, pelo negro, ojos azules, extraordinariamente hermosa y, por lo que se apreciaba, con un cuerpo fabuloso.

Por supuesto, viéndola sola, me acerqué y la saludé con gran respeto, porque no hay que embarrarla por atarantado. Me acogió con una encantadora sonrisa y me senté a la mesa mientras me presentaba. Le conté que yo era miembro del Grupo Tuntún, que organizaba foros, charlas, exposiciones y otras actividades en ese local. Pareció encantada, y asentía a todo mientras me miraba con sus tremendos ojos.

Me contó que estaba esperando a una amiga y que estaba feliz de que yo la acompañara en el intertanto.

La amiga nunca llegó, así es que después de un largo rato de conversa y muchas risas, me dijo que tenía que irse por trabajo pendiente. Ofrecí llevarla a su casa y aceptó. Al despedirnos, me pasó su tarjeta con su teléfono (yo no me había atrevido a pedírselo): “¡Ay, llámame de todas maneras para que nos juntemos de nuevo!”.

No podía creer mi buena suerte, así es que le respondí: “¡Encantadísimo!”, mientras pensaba qué piropo podía echarle que fuera original y sonara sincero, porque era seguro que ya le habían piropeado sus ojos, su boca, su nariz, sus orejas, su cabello, sus piernas, etcétera, es decir, el inventario completo de su anatomía.

Finalmente me salió: “Me encantaría verte de nuevo. Eres una dama tan dulce e inteligente”. Ella me brindó una sonrisa que entibió mi alma y me abrazó fuerte.

Dejé pasar una semana justa para llamarla, venciendo la tentación de hacerlo antes, porque uno nunca debe parecer desesperado, especialmente cuando lo está.

La llamé: “Hola, soy Lientur, del Tuntún.” Respondió: “¡Qué rico que llamaste, corazón!”. Pensé:“¿Corazón?” “¡Estoy super bien aspectado! ¡Capaz que confirme el quiebre en el segundo game! ¡Y con este monumento de mina!”.

La invité a un restaurante caro, para que no hubiera ninguna posibilidad de que se aparecieran los giles del Tuntún, que eran bolseros de antología. Bueno, ¿cuál es el objetivo de un segundo encuentro bien aspectado? ¡La conquista!

Un restaurante es el mejor lugar para batir lengua y conquistar con mate.¿Por qué con mate? Porque fue la carta buena que me tocó. A unos giles les toca ser bonitos, a otros, ser fuertes, a otros, ser talentosos en alguna de un inmenso conjunto de habilidades. Pues a mí me tocó mate. ¿Okey?

Por eso dediqué toda mi vida a leer libros del área humanística que son los que cortan más hielo con las minas güenas. Está más que demostrado que los temas humanísticos son MUCHO mejor gancho que los temas científicos, para ni mencionar a los tecnológicos.

Bueno. Como tenía mate, estudié Ingeniería y terminé de académico en la Universidad Nacional. ¿Hay otra?Allí creé toda una nueva área de investigación científica. Se llama Gamma-ray activated electron-photon-captureon severely twisted recoiled-coiled-coil surfaces, que abrevié EPCRC2. Pues bien, armé un pequeño, bien equipado laboratorio, un grupo chico de investigación con gente muy buena y nos pusimos a publicar: un paper p’allá, otro paper p’acá, otro p’acullá, “papersseminales”les pusimos, que contenían los fundamentos del área.Y luego seguimos con materiales específicos atingentes a Chile: cobre, molibdeno, renio, ¡lo más folklórico!

No teníamos ni la menor idea de para qué iba a servir, pero le echamos pa’delante. Ya se nos ocurriría algo.

Luego empezaron a publicar unos franceses, despuésunos holandeses, todo sobreEPCRC2. Eso produjo unas 20 citaciones. ¡Nada! Pero después se enteraron los chinos, los indios, los japoneses y los coreanos y empezó una avalancha de citaciones. ¡Los orientales le habían encontrado cientos de aplicaciones a este asunto!¡En dos años llegamos a 30 mil citaciones!

Alguien le contó al rector, que era el chico Frescobaldi. Le pueden sacar muchas cosas, pero no tiene un pelo de tonto. Entendió al tiro y se alarmó. Pensó: “si se enteran de que en la Nacional hay un gil con 30.000 citaciones y todavía lo tienen de Profesor Asociado, vamos a quedar como la mona”.

A los de la Universidad Sacra, que se lo pasan ocultando restos humanos de ex presidentes de la República en cajas fuertes, no se les pasa ni una sola caída de la Nacional ¡y la publicitan al tiro! Tiritan de rabia porque siempre los jodemosen el ranking de Shanghai, ¡que es el único que importa!

Frescobaldime conocía porque yo había apoyado su candidaturay me pidió un currículum por teléfono (“Oye, mándamelo como esté no más. Me interesan los puros papers y citaciones”) y cuando lo recibió, agarró una de esas medallas de Profesor Titular con cordónazul, que las tienen en una caja toda parchada con scotchen la Casa Central,le hizo grabar mi nombre en un rato,partió a mi facultad y me la colgó delante del decano y listo.Quedé de Titular ¡y yo nohabía postulado!¡Y a otros giles los hacen esperar años y años!

Ahora la gran pregunta es: en términos de conquista, ¿qué importancia tienen el EPCRC2, las 30.000 citaciones o la medalla de Titular? ¡Ninguna!Al 99% de las mujeres les vale madre el logro científico o académico de los hombres. ¡Lo encuentran fome!

Entonces quedamos de acuerdo en que, si alguien va a conquistar minas con sumate, porque otra gracia no tiene–no saca  nada con llorar–no queda otra que las humanidades. Ahora, esta gracia no se adquiere de un día para otro ni con leer un par de artículos en el suplemento de El Mercurio. No, no. Hay que leer, por muchos años, libros guatones y tediosos.Y no es sólo leer, sino que tomar notas, contrastar, buscar fuentes adicionales, etcètera.¡Muchísima pega!

Bueno. Estoy en un restaurante caro con esta tremenda mujer, que cada segundo que pasa la encuentro más rica, y parto la conquista con Filosofía.Hegel, la Fenomenología del Espíritu, la dialéctica hegeliana, que la unidad y lucha de contrarios, que la negación de la negación, que la ley del tránsito de los cambios cuantitativos a cualitativos… La damase ve como si estuviera hipnotizada.

Sigo con Economía: la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Está en el tercer tomo del Capital. Ese tomo no lo ha leído nadie. Ni siquiera Marx lo leyó, porque se publicó póstumamente. Marx murió el año 1883 y Engels recién vino a publicarlo en 1894. Engels murió el 95 y casi-casi no alcanza a publicarlo. ¡Nos habríamos quedado sin ley! Porque si después la hubieran publicado Kautsky o Bernstein, ¡algo le habrían cambiado! ¡Lo doy firmado! Le habrían puesto “ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en la medida de lo posible”. ¡Amarillos los giles!

Bueno, el tercer tomo ¡me lo leí enterito!No la pura sección 3. A todo esto, la dama escucha ¡más que interesada! Pero como que no se atreve a preguntar.

Paso a un tema que tiene fama de lady-killer: el corte epistemológico althusseriano. ¿Cuándo Marx deja de ser el joven Marx y se transforma en el Marx maduro? ¿Ah? Se sabe que fue después de los Manuscritos Económico Filosóficosde 1844, pero ¿cuándo? Althusser dijo que el corte estaba en1845, cuando se escriben La ideología alemana y las Tesis sobre Feuerbach. En este punto conviene siempre recalcar el poderoso esfuerzo de síntesis del Moro –a Marx le decían “el Moro”–que en once tesis que cubren apenas seis páginas resume y critica¡toda la obra de Feuerbach, trabajo de décadas!¡Sólo un genio podía hacer eso!

Yo me daba cuenta de que la mina estaba impresionada, pero estaba entendiendo. Las mujeres son ¡clever! En verdad, nos superan ¡en todo! A ver, no. Hay una sola cosa en que les ganamos: ¡el lanzamiento del martillo! Ese lo gana siempre un guatón polaco. El nombre cambia, pero el guatón es el mismo. Yo creo que los clonan.

En todo lo demás ganan ellas. ¡Son superiores a nosotros!¡Su-pe-rio-res!¡Si es casi un milagro quetodavía nos dejen tocarlas! Bueno, entro a mi último tema y me la juego con todo: los fenómenos civilizatorios de Toynbee. Le bato lengua hasta que levanta una manito. ¡Preciosa la manito! Como que me pide la palabra y me dice:“Oye…” Hace una pausa, se muerde el labio inferior, se frota un bracito y me habla con una voz perversa. ¡Siempre hacen eso las minas güenas! ¡Siempre! ¿Es que acaso no se dan cuenta de que cuando lo hacen, a nosotros¡¿nos hierve la sangre!? ¿No se dan cuenta de lo peligroso que es que a un gille hierva la sangre? ¡Se puede producir la desintegración de la protrombinay la muerte se produce en menos de 30 segundos! Lo peor es que sí se dan cuenta… es más ¡lo hacen de adrede!¡Vengo diciendo esto hace años y nadie me infla!

Y continúa con su vocecita: “Todo lo que me cuentas, corazoncito, es… ¡tan interesante! Y lo haces de una manera… ¡tan sexy!”. Estoy al borde de la muerte, pero sigue: “Esos contenidos que existen en el fondo del lago de la civilización… que ascienden a la superficie en un tránsito que puede durar miles de años,…que llegan a la superficie y se encuentran con la turbulencia, pero también con la banalidad de la sociedad, de la política, de la cultura oficial,… que no pueden ser comprendidos por la institucionalidad establecida… y que entonces sólo pueden expresarse por medio de las manifestaciones más primitivas e ingenuas de las artes populares… ¿podrían eventualmente volver a sumergirse y emprender un largo viaje hasta llegar a su punto de origen? ¿Ah?”

Hay que poner atención: la dama ha estado diez minutos en el tema, sólo sabe lo que yo mismo le he enseñado y es capaz de formular¡la única pregunta que Toynbee no fue capaz de responder! ¡La mina es clever! ¡Cleverde la clevería! ¡Diez veces más clever que yo! ¡Y más encima tiene un cuero fantástico!

Hice un estudio empírico de este tema, basado en cientos de observaciones. ¡Tenía una nube de puntos!Los grafiqué: en cordenadas puse el C. I. de la mina,y en abscisas puse una variable adimensional que representaba la calidad del cuero. La recta resultante (esto se llama regresión lineal) tenía un R2igual a 0.999999. Quod erat demonstrandum: las minas güenas, mientras mejor cuero tienen, más inteligentes son. ¡Una verdad irrefutable!

Escribí este hallazgo como short communication. Lo mandé a un journal de índice de impacto bajo, pero no importaba. La cuestión era publicarlo. Lo aceptaron al tiro. Los revisores gringos no se dieron ni cuenta de qué se trataba. Claro que en ninguna parte decía “cuero”. Le puse “Physical attributes”.

Y antes que se me olvide: una vez me tocó acompañar a un gringo de Cambridge que vino a un congreso en Santiago. Íbamos en auto, cuando de repente, este gil ve el cerro Manquehue. Había nevado, así es que se veía bonito. Me pregunta: “Nice little hill you have here! How high is it?”. Yo le respondí: “Three hundred meters higher than Ben Nevis, gringo weón”. No me entendió la última parte, pero se quedó ca-lla-di-to.Y el Ben Nevis ni siquiera es inglés. ¡Es escocés!

Bueno. La dama fabulosa me había hecho una pregunta y la pelota estaba en mi campo. “Mira, yo no puedo responder la pregunta que Toynbee no pudo. Pero avanzaré algunas hipótesis: varios autores han discutido la posibilidad que tú tan brillantemente mencionas. Yo me inclino por aquellos que piensan que, al final del descenso, los componentes del flujo reflejan pobremente la turbulencia de las corrientes superficiales y, dado que los contenidos del fondo del lago son tan potentes, los primeros son ignorados. Es decir, el descenso, si tuviera lugar,no produciríacambio alguno en los fundamentos de la civilización.

Es como si no ocurriera.”El objeto de mi deseo me contestó: “Mira, ricura: me parece respetable tu respuestay la voy a reflexionar. Todavía tengo dudas, pero igual te voy a dar un besito”.

Y me dio uno y sacó, lentamente, su lengüita de-li-cio-sa.

En este momento, algún poeta podría decir:

“El resto… es… ¡silencio!”

Pero no. El resto tuvo lugar en mi casa, fue bastante bullicioso y se repitió con frecuencia por cerca de un año.

¡Benditas Humanidades!