Por Gonzalo Figueroa Cea

Tras la clasificación al mundial -alcanzada mediante un brillante vicecampeonato en la Copa América 2018- realizada en nuestro país en abril, nuestra selección femenina de fútbol no sólo deslumbró a la afición y a la prensa, sino que alimentó esperanzas bastante razonables.
Con altas asistencias de público en el estadio La Portada de La Serena (el torneo también se jugó en el Francisco Sánchez Rumoroso, de Coquimbo, en la región del mismo nombre), el equipo de José Letelier hizo una campaña maciza, en el penúltimo pleito goleó 4 a 0 a la respetable selección argentina, decretó su paso a la copa del mundo y tuvo en la portera Christiane Endler, en Camila Sáez, en María José Rojas y en Yanara Aedo, entre otras jugadoras, a sus grandes figuras en el marco de la competencia.

Acto seguido también escribí un artículo en Urbe Salvaje, donde puse relieve el gran impulso que significaba para el balompié de damas el éxito deportivo del evento en su integridad y, en lo particular, en la moral de las muchachas, algo no menor considerando todavía ciertos tintes semiprofesionales en la categoría (esta materia en sí misma da para un artículo aparte).

Pasado algo más de un año, y cierta etapa previa algo irregular, las jóvenes ya están en Francia, han vuelto a despertar un genuino interés y, si bien es cierto la derrota ante Suecia en los minutos finales (0x2) en Rennes fue dolorosa, estuvo dentro de los cálculos y reveló un partido inteligente y eficaz de Chile al menos hasta el minuto 72 (27 del segundo tiempo) cuando fue interrumpido por la copiosa lluvia primaveral. Luego,
reanudado el duelo, las fuerzas empezaron a flaquear y este factor tuvo consecuencias: la desconcentración fue fatal en el primer tanto, de Kasovare Asilani (minuto 83) y en el segundo (cuarto minuto de descuento), aunque primó el talento neto de su autora, la delantera Madelen Janogy

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Cuando vi los primeros partidos de la presente cita planetaria -y varios de ellos de equipos que son claramente favoritos-, me asusté. No lo planteo en un sentido patológico, sino que en uno de mínima preocupación por nuestras compatriotas y, en una mirada de proyección, pensando en una competencia deportiva mejor desarrollada en Chile (quisiera verla, por cierto).
Alemania, Francia, Brasil, Italia, Noruega y Holanda, por nombrar sólo algunas de las que jugaron en los primeros días, están entre las 15 mejores selecciones del planeta y, de acuerdo sólo a los compactos de los vídeos de sus enfrentamientos, respondieron a sus pergaminos. La pregunta, de por sí, cayó espontánea en torno a Chile: ¿hasta donde aguantará ante Suecia?. La selección auriazul es novena en el escalafón FIFA y, la nuestra, está en el lugar 39.

Es cierto: fue una derrota clara, pero en tiempos alejados de los abominables «triunfos morales» no debemos tener complejos en señalar que Chile hizo un partido inteligente ante un rival muy superior en el papel previo. Yo creo que las muchachas dieron el máximo hasta que las fuerzas empezaron a menguar. Desde el primer minuto demostraron un compromiso, una motivación y una concentración de alto vuelo. Aunque las suecas tuvieron por largos pasaje el control del partido, las chilenas se pararon disciplinadamente en el fondo, lucharon de igual a igual en la posesión de
la pelota, aunque con limpieza; y corrieron como si estuvieran en instancias más decisivas.

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No hay duda que la guardavallas Christiane Endler fue la gran figura del partido. En los dos goles nada tuvo que hacer y entre las pelotas «con veneno» que le llegaron, la del minuto 25 sobresalió con un manotazo felino a ras de piso, tras el desvío de Nilla Fischer consecuencia del cabezazo de Linda Sembrant. Se distinguieron también en el plano defensivo y por las bandas Su Helen Galaz y Javiera Toro, la incansable Yanara Aedo en el mediocampo, las atacantes Daniela Zamora y Rosario Balmaceda, las centrocampistas Karen Araya y Francisca Lara, y la delantera María José Urrutia. Las tres últimas mencionadas se crearon las mejores ocasiones de anotar para las chilenas. La más vistosa fue la de Karen Araya, quien complicó a la meta escandinava, Hedvig Lindahl, con un tiro de distancia.

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Ojalá que con Estados Unidos (domingo 16) muestren similar espíritu de lucha y contra las tailandesas (jueves 20) -por lo visto, el rival más débil del grupo- logren un cupo para la fase siguiente de la Copa del Mundo Femenina. ¡Hay esperanzas!