Por Loren Sanchis Nica desde París

Desde el 17 de noviembre el movimiento popular de los « chalecos amarillos » surgió en Francia para oponerse a la política de reajuste del gobierno de Emmanuel Macron. Entre 220.00 y 120.000 personas se movilizan a lo largo de Francia durante estas semanas y no quieren dejar el terreno hasta que el Presidente cambie su política y dimita.

  • Loren Sanchis, militante sindical, estuvo presente en la concentración de los Campos Eliseos este sábado 8 de diciembre.
  • Las organizaciones sindicales y políticas de izquierda tratan de construir una convergencia de las reivindicaciones y de las acciones.

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Hoy, como todos los sábados desde hace un mes, los Campos Elíseos son uno de los puntos de reunión y de confrontación al gobierno de Macron, quien, recórdemos fue  funcionario público y especialista en inversión bancaria; empleado y asociado del banco francés Rothschild & Cie, para luego ejercer posteriormente como asesor económico del ex presidente François Hollande en el 2012, y quien el 26 de agosto de 2014 fue nombrado ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales.

De hecho, hoy los reclamos son muy diversos, siendo algunos más bien “patronales” contra todos los impuestos y otros “sociales” por la justicia frente a los impuestos y contra el « aplastamiento de los más pobres y precarios. Lo que plantea la cuestión de la fragilidad de un movimiento de este tipo: sin autoridades, sin programa aprobado, sin organización interna. Más aún cuando los empresarios privados tienen garantías como en Lorient (región de Bretaña), la semana pasada y por ello abandonaron la lucha y dieron la espalda a los pobres.

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Frente a la posición de la gendarmería móvil en el Arco de Triunfo, la extrema derecha y los realistas (flores de lis, pequeñoburgueses rebeldes, boinas militares…) provocaron disturbios tal como el golpe fallido de 1934. No olvidemos que los barrios acomodados del 8vo y 16to es el territorio donde ellos viven.

En cuanto al perímetro de seguridad los Campos Elíseos fueron una verdadera trampa. Un poco más lejos, en las provincias, comienzan los controles en las estaciones de ferrocarril y las carreteras que conducen a París (en la estación de mi ciudad, luego de varios minutos de registrarme y controlar mi documento de identidad, por orden del superior, se tomó una foto de mi pasaporte). Es repetitivo y extenuante: debemos pasar nuevos controles y retenes hasta hacer convergencia hacia los Campos Elíseos. Los agentes móviles, la Brigada Anti-Criminalidad (BAC) y otras fuerzas se extendieron para cerrar todas las vías de acceso, excepto 2 ó 3, para filtrar, por lo que vi. Y una vez dentro, nos mandaron gases lacrimógenos, recibimos proyectiles (yo, de una granada anti-cerco en la pierna). Vi a un hombre recibiendo un proyectil de flashball en la cabeza, otro en el brazo y dos charcos de sangre a la derecha por la plaza Charles de Gaulle (Arco del Triunfo)… Entonces, aquí, la policía se divirtió al cortar la avenida, causando movimientos de la multitud hacia la izquierda, hacia la derecha o de regreso al Concorde cuando no estábamos atrapados frente a la plaza Charles de Gaulle. Cinco horas de gas y proyectiles. ¡Gracias Macron!

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Yo tenía un chaleco amarillo y un broche de la CGT. Conocí a otros cégétistas (SNCF, jubilados o educación) que ya no podían seguir siendo espectadores y que optaron por venir a París para hablar con los movilizados de este movimiento sin precedentes. La bandera roja estampada con la efigie del Che Guevara fue nuestro punto de reunión. Y es cierto que hubo diversidad, en los reclamos, en las clases sociales, en los orígenes (he conocido a chicas de Argelia, de las Antillas, personas de todos lados y de todos modos, no importa), pero estaba vivo y discutimos cuando podíamos respirar: justicia ante los impuestos, servicios públicos, racismo, solidaridad, lucha de clase… Un ambiente comparable al de 1995 en Francia. Todos estaban discutiendo e inventando un futuro juntos. La gente se sentía realmente ciudadana.Lo cierto es que hemos sido violentados y la ira no ha disminuido.

“Recibimos tus balas de goma, pero aun así la iniciativa para acabar con la violencia es tuya, Emmanuel Macron”. Lo cierto es que si el gobierno no da un giro social en su política las movilizaciones seguirán en todo el territorio.