Por Hugo Dimter P.

Fotos de Fernando Lavoz

-Mataron otro mapuche- le digo a mi hijo luego de ver comentarios en Facebook que advierten de la tragedia en ciernes.
-Sí- responde él compungido, como si no tuviéramos bastante con tragedias y desigualdad, y advierto en su rostro una rabia contenida, disfrazada de pena, que luego sentiría en gran parte de la población, independiente de que sean mapuches o no.
Luego sintonizamos, ingenuamente, TVN buscando la ratificación de una noticia que nunca darán, por lo menos esa noche. Habían pasado escasas horas del asesinato de Camilo Catrillanca. La ira, la rabia, la impotencia y la desinformación iban en aumento. Misteriosamente el gobierno guardaba silencio. Y eso era señal de que algo malo tramaban. El silencio, vaya que lo sabemos, era sinónimo de montaje, de mentiras, o de un burdo engaño del que se hacía participe La Tercera, Canal 13 y radio Bío Bío. Habían aparecido breves notas sobre un supuesto robo de vehículos a unas profesoras en Ercilla, un enfrentamiento con Carabineros (esos medios utilizaron el concepto de enfrentamiento) y eso nos hizo recordar a la CNI. Por obra de magia habíamos retrocedido 40 años a un ambiente dictatorial donde los derechos humanos de una parte de la población valían menos que cero.
De forma inmediata la reacción de una parte de la ciudadanía se hizo sentir en contraposición a la de aquellos que, en un juicio insensible, señalaban su sorpresa ante las rápidas manifestaciones de rechazo en Plaza Italia argumentando que a todos los chilenos los tienen con la soga al cuello con temas como las AFP, la educación, la salud y la delincuencia, y nadie hace nada, y que en esos ámbitos también debería haber protestas severas. Queda de manifiesto que el individualismo, el estar bien ellos pero no el resto, se ha apoderado de sus almas, y que no son pocos. La desidia y el egoísmo es tomado como aliado por los gobiernos de turno, tan antidemocráticos como fiel reflejo de una clase política- económica que busca perpetuarse hasta que se lo permita la cuenta corriente del electorado.
Camilo Catrillanca tenía 24 años años, vivía en Temocuicui y estaba casado. Al momento de ser asesinado manejaba un tractor en compañía de un muchacho de 15 años, y esperaba volver temprano a su casa para besar a su hija. Nunca volvió. Cuatro integrantes del Comando Jungla -una fuerza policial especializada en matar- se lo impidieron. Es más, avalados por el apoyo del gobierno y las decenas de montajes impunes, decidieron crear el de ellos y borraron las tarjetas de memoria de sus cámaras donde se evidenciaba el asesinato del joven mapuche que ultimaron por la espalda.
El joven de 15 años M.P.C. -testigo presencial de los hechos- relata que “Camilo iba manejando y me grita ‘agáchate’, me agacho y miro hacia la izquierda y veo que está botando una cosa amarilla por la nariz. Paré el tractor, me bajé con los brazos en alto y grito ‘le dieron, le dieron’”.
El menor de edad narra que los policías lo lanzaron al suelo y luego lo subieron a una tanqueta. “Ahí dentro, un carabinero se sacó la cinta de grabación, la guardó. Puso otra cinta en la cámara y comenzó a grabar”. Y agrega: “Nosotros estábamos en la casa de Marcelo, con Camilo, y luego salimos hacia la casa de Camilo en La Romana. Nos pillamos que estaba cortado el camino y tratamos de pasar por un atajo, cuando nos encontramos con FF.EE. (Fuerzas Especiales) a pie. Ellos aparecieron de repente apuntando, aparecen 20 FF.EE. de infantería y comenzaron a disparar a quemarropa”, narra. El adolescente también recuerda que “cuando estaba esposado, va un carabinero por detrás y me pega con la UCI (sic), viene otro por detrás, al que le decían coronel, y me pegó nuevamente”. Las agresiones continuaron: “Me pegan un ‘paipe’ (manotazo en la cabeza) y me golpean con la puerta de la tanqueta y me suben”.
El menor de edad fue atado con esposas de plástico y recibió puntapiés propinados por efectivos policiales. “Cuando me detienen, a Camilo lo bajan del tractor y se gritaban ‘la mansa cagaíta, p’a qué chucha se pusieron a huevear’”, revela el adolescente, quien luego fue trasladado a la comisaría de Collipulli.

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Después de ver videos antiguos donde Camilo encaraba a Carabineros en protesta por la militarización de La Araucanía, por el despojo de su pueblo y por los crímenes impunes de muchos peñis, llego a la conclusión que Carabineros, siguiendo las órdenes de los grupos económicos y políticos que tienen intereses en el Wallmapu, fueron por él para matarlo. Lo tenían identificado. Sabían que era valiente y que no daría su mano a torcer. No ha sucedido en siglos menos iba a suceder ahora. Camilo era un líder y una amenaza. Entonces decidieron matarlo a sangre fría, más aún cuando Andrés Chadwick, dijo que el ex lautarista Carlos Gutiérrez Quiduleo, detenido en Angol y formalizado por el asalto al banco Security, en 2007, tras el cual murió el carabinero Luis Moyano, “recibía protección permanente en la comunidad de Temucuicui”. Eso fue publicado en La Tercera. Entonces había que tomar venganza. Uno por uno, como en los viejos tiempos de la CNI y Alvaro Corbalán.

“Aquí no sólo se han vulnerado los derechos de las personas en los territorios afectados por la acción del llamado Comando Jungla, sino también el derecho a la comunicación y a la información que debiera prevalecer en una democracia“, señaló el Colegio de Periodistas criticando al gobierno. Tuvo que pasar dos días para que el gobierno saliera a decir qué fue lo que sucedió. Sin embargo La Tercera fue insistente, hasta hoy, en la tesis del robo de vehículos y de los malos antecedentes de Catrillanca. El papel de los medios de comunicación del duopolio, más las típicas radios como Agricultura y Duna fue nefasta.

Temocuicui significa puente colorado, y deriva de un fruto rojo oscuro medicinal. En esa comunidad mapuche de 140 familias (1000 personas en 2550 hectáreas) distante cuatro kilómetros de Ercilla se han dado las más enconadas batallas por la recuperación de tierras contra la forestal Mininco y su protectorado policial. Cruzando el puente El pozón se llega a la comunidad. Ahí y afuera todos se conocen. Desde Rene Urban hasta los Huenchullan.

La Comunidad de Temocuicui ha sido vista como una amenaza. Una especie de Ucrania con deseos independentistas. Y, claro, para quienes manejan esas teorías conspirativas de ultraderecha la solución se rige a sangre y fuego. Desde los tiempos de Frei, Lagos y Bachelet, quien hoy en la ONU ha guardado un miserable silencio. Pero no es solo eso. También hay un tema económico donde la vida vale poco.
El padre de Camilo ha dicho que Carabineros deseaba matar a alguien de Temocuicui y así dejar un precedente. Muy cierto.
Matte y Angelini son los verdaderos culpables. Piñera es solo un títere, al igual que Chadwick, Alfredo Moreno y el general Hermès Soto. Las empresas de Matte con la CMPC, y de Angelini con Bosques Arauco, quienes manejan el 79% de la producción nacional, más el abogado Jorge Carey, crearon -indirectamente- el Comando Jungla. A ellos les interesaba. Ellos vieron que la mejor forma de asegurar el despojo de las comunidades era tomar el modelo norteamericano establecido en Colombia y meterle bala a los mapuches. Esa es su lógica. A balazos iban a ganar dinero. Y lo han hecho, desde que se creó el decreto Ley 701, firmado por Pinochet en 1974, donde el Estado otorga subsidios a la actividad forestal en nuestro país. Es necesaria una nueva Ley de Fomento Forestal que entregue estímulos a los pequeños y medianos propietarios, con herramientas para poder desarrollar técnicamente estas plantaciones de forma apropiada, mejorando la capacidad de comercialización de los productos que generan y, adicionalmente, estimulando el desarrollo de plantaciones con especies nativas. Eso impide los monopolios y colusiones.
En el funeral de Camilo Catrillanca su padre llamó a la unidad del pueblo mapuche. Hay muchos con los colmillos bien afilados que ven en esa unidad un impedimento a seguir teniendo poder y beneficios económicos. Pero está también el ciudadano común de derecha que odia a los mapuches y que celebra su exterminio. Se dicen chilenos, aman su bandera, quieren el orden, la mujer en la casa, que nada cambie. No tienen salud, ni pensión, ni educación, ni justicia pero aún así se sienten bien como si su cerebro estuviera formateado para acatar órdenes de líderes nefastos. Son los cómplices del sistema y vaya que hay demasiados. La inexistente cultura, la mala educación y los medios del duopolio son sus aliados. Pero el mundo mapuche -salvo excepciones- no ha caído en ese juego. Ya no son campo de estudio de otros; sino ellos mismos son su campo de estudio y entonces han avanzado. Recibiendo palos, siendo encarcelados, siendo asesinados pero nunca retrocediendo. Pasando de la invisibilización a que el resto del país entienda sus justas demandas. Han cometido errores? Por supuesto. Tal vez el más grandes es el hermetismo que algunas veces les juega en contra. Nunca hay que desechar la cooperación bien intencionada.

Los animales viven mejor que nosotros en comunidad. Y ellos no andan rezando ni haciendo teatro de amar al prójimo cuando avalan asesinatos y egoísmos. Chile, país de ilusiones. ¿Cuándo iremos a cambiar? Menos que cero, eso es lo que valen nuestros supuestos líderes. Son todos ellos representantes de la maldad más ruin avalando asesinatos.
Uno ha aprendido sus nombres de memoria:
Agustina Huenupe Pavian (2001)
Mauricio Huenupe Pavian (2001)
Jorge Antonio Suarez Marihuan (2001)
Edmundo Alex Lemunao Saavedra (2002)
Julio Alberto Huentecura Llancaleo (2004)
Zenén Alfonso Diaz Nécul (2005)
Jose Gerardo Huenante Huenante (2005)
Juan Lorenzo Collihuin Catril (2006)
Matias Valentin Catrileo Quezada (2008)
Johnny Cariqueo Yañez (2008)
Jaime Facundo Mendoza Collío (2009)
Rodrigo Melinao Lican (2013)
José Mauricio Quintriqueo Huaiquimil (2014)
Victor Manuel Mendoza Collío (2014).
Y ahora Camilo Catrillanca.
Las batallas en el mundo mapuche se dan en el cielo y en la tierra. El paraíso se pelea acá abajo y arriba también. El asesinato de Catrillanca demuestra que no hay democracia ni para mapuches ni para chilenos. Acá lo qué hay es un grupo de poderosos cuya codicia impera rigiendo los destinos de todo un país, incluyendo la nación mapuche.

Desde el gobierno de Bachelet -el 2008- que la militarización se ha intensificado en el Wallmapu. ¿Curioso no? Más compra de equipos, más presupuesto y dineros que se pierden en ires y venires con el Pacogate como telón de fondo. Carabineros se ha transformado en un organismo de dudosa reputación. Lo fue y lo sigue siendo. Pero aún así es un excelente aliado del empresariado y de la ultraderecha. Siempre lo ha sido y lo seguirá siendo. Cómo podría entenderse tanto apoyo que reciben? Y entonces aparecen los medios y su lavado de imagen, (lo de canal 13 es inmoral) es ahí que aparece el Intendente Mayol y el Ministro de Interior llorando porque algunos quieren destruir a Carabineros. Los robots en las redes sociales se echan a andar y por obra del Espíritu Santo aparecen mensajes de apoyo ante noticias que ponen en duda lo más evidente.
La Fallaci escribió esto y me hace sentido con Camilo Catrillanca:

“[…] el verdadero hérore no se rinde nunca. De los demás no le distingue el gran gesto inicial o la fiereza con que afronta las torturas y la muerte, sino la constancia con que se repite, la paciencia con que sufre y reacciona, el orgullo con que esconde sus padecimientos y los escupe a la cara de quien se los impone. Su secreto es no resignarse, no considerarse víctima, no mostrar a los demás tristeza o desesperación. Y, si se da el caso, recurrir al arma de la ironía y del sarcasmo, claros aliados de un hombre encadenado”.
Camilo era un hombre decidido. De su boca salían argumentos, y hasta las palabrotas tenían un sentido que rayaba más en la libertad que en el insulto. ¿Qué duda cabe? No le tenía miedo a la muerte. Cómo tenerla si había visto morir a muchos de sus amigos, a jóvenes estoicos como él que desafiaban a aquellos que les querían quitar lo más preciado: la libertad y autonomía de su pueblo.
El viento y la lluvia lo nombran en Ercilla y avanzan por cada costado de este Chile gris. Para algunos como Camilo el miedo es un pecado. Y Camilo no pecó.

 
“Se necesita un acuerdo político general, donde la unidad del pueblo mapuche y la sociedad chilena aboguen por la paz”, señalan desde La Moneda consternados y casi hasta las lágrimas.Si el camino, como dice Chadwick, no es solo enfocado en seguridad ciudadana, sino en cuotas, tierras, desmilitarizar la zona; en los problemas reales, donde se ha fallado rotundamente, entonces uno podría preguntarse: Y por qué no lo han hecho? Por qué han ido en el camino contrario? Es evidente que desean reprimir, asesinar, torturar niños, avalar el despojo, y aniquilar la resistencia de las comunidades. Entonces uno podría compartir la pregunta del poeta Raúl Zurita: Éste es su nuevo país? Llegaron los tiempos mejores para el pueblo mapuche? Perdónenme, pero hay que ser muy caradura: ni siquiera los dejan vender sus verduras en Temuco. Para ellos valen menos que cero.