Por Dr. Tito Tricot

Camilo Catrillanca trabajaba tranquilamente en su tractor cuando un balazo
de Carabineros le destrozó la cabeza. A Alex Lemun, de apenas 17 años lo
mataron de un disparo en la cabeza también en 2002. El primero de la
comunidad de Temucuicui y, el segundo de la comunidad de Requen Lemun.
Ambos en noviembre. Han pasado 16 años y aún no se ha hecho justicia en el
caso de Alex, como posiblemente tampoco suceda ahora, pues ya el gobierno
ha entregado todo el respaldo a Carabineros.

El Comando Jungla, entrenado especialmente en Colombia para una guerra
inexistente, ingresó a la comunidad de Temucuicui con 200 efectivos,
armamentos y vehículos. Mataron a un comunero, hirieron a otros y
detuvieron a tres menores, quienes también fueron golpeados para luego ser
llevados al CESFAM de Ercilla.

Todo lo anterior tan sólo unas semanas después que el gobierno del
presidente Sebastián Piñera presentara el Plan Desarrollo y Paz en La
Araucanía 2018-2026. Seis meses de reuniones, contactos con organizaciones
y expertos de distinta índole, sectores sociales e instituciones, para
elaborar una propuesta de política pública -cuyo uno de sus principales
artífices y futuro candidato presidencial es el ministro de Desarrollo
Social Alfredo Moreno- comienza con el asesinato de un comunero mapuche. Un
Plan que había nacido moribundo, puesto que no incluyó a todas las
organizaciones mapuches, o temas fundamentales como la autonomía, la
representación política en algunas de sus formas, la plurinacionalidad,
entre otras, hoy está destinado, creo, a seguir el mismo derrotero de todos
los “Acuerdos”, “Planes” y “Comisiones de grandilocuentes títulos
establecidos por todos los gobiernos anteriores que no han servidos para
absolutamente nada.

 

Todas las políticas indígenas desde la década del  noventa hasta el día de
hoy han sido un completo y absoluto fracaso, de lo contrario no habría
conflicto chileno-mapuche, no habría comando jungla, no habría 1400
carabineros, PDI y efectivos de inteligencia desplegados en territorio
mapuche. El Estado no ha querido entender que este no es un problema
policial o militar, tampoco económico o de pobreza: este es un tema
político, un conflicto entre iguales. Conflicto que fue iniciado con la
usurpación militar violenta del Estado chileno del territorio mapuche. El
Territorio mapuche es un territorio ocupado por un Estado extranjero.

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En marzo de este año cuando el presidente Piñera recién anunciaba en Temuco
que se confeccionaría un Plan para la región de La Araucanía, decía: “no
existe ninguna posibilidad de un progreso sustentable y duradero, mientras
no logremos hacer justicia a nuestros pueblos
originarios, mientras no logremos avanzar con unidad y en paz, y
entender que somos todos hijos del mismo Dios”. Para Piñera y las clases
dominantes, desde el siglo XIX son “nuestros pueblos originarios”, es el
sentido de propiedad privada empresarial, la neoliberalización del
indígena, de la tierra, del territorio. De allí la defensa de las
forestales, las hidroeléctricas, los agricultores. Es la instalación del
ideario etnocéntrico y racista donde el blanco es superior al mapuche, por
eso han transcurrido 16 años desde asesinato de Alex Lemun y nada. ¿Cuántos
pasarán en el caso de Camilo Catrillanca? ¿Habrá otro montaje como en la
operación Huracán? ¿Tendrá la justicia chilena la última palabra o los
mapuche?

Claro, porque el  Estado, racista y etnocéntrico,  sigue sin entender  que
este en un problema político, por lo tanto el conflicto tiene para largo.

Dr. Tito Tricot
Director

Centro de Estudios de América Latina y el Caribe-CEALC