Por Gonzalo Figueroa Cea
Estamos claros: es como una gota que se eleva alto en el aire tras pegar un manotazo al agua depositada en una fuente. Conforme a esta metáfora, no es gran cosa todavía, pero en lo que ha sido hasta ahora un desafortunado año para el fútbol chileno, esa gota es harto decir. Y eso tiene un alto valor.
Colo Colo está en cuartos de final de la Copa Libertadores en un 2018 donde Universidad de Chile vivió un breve éxtasis para luego caer en una larga agonía, donde sólo una mejoría en el campeonato nacional y la obtención de la Copa Chile podrían darle continuidad a la era Kudelka y así resucitar un proyecto; donde Deportes Temuco, de la mano de Miguel Ponce, le ganó bien de ida y de vuelta al históricamente linajudo San Lorenzo de Almagro, pero quedó fuera de la Sudamericana producto de un error reglamentario; donde el resto de los equipos que participaron en competencias internacionales estuvieron lejos de marcar precedentes relevantes; y donde pese a que la selección se rearmó bajo la batuta del colombiano Reinaldo Rueda, pesó mucho su ausencia en el mundial de Rusia, donde Francia, Croacia, Bélgica e Inglaterra nos dieron lecciones de disciplina, cohesión, compromiso y entrega.
Creo que el Colo Colo de Tito Tapia tuvo harto de esos últimos atributos que señalé. No es poco señalar que el mismo entrenador enfatizó, tras el partido con Corinthians del miércoles 29 en Brasil, que el equipo del cacique tuvo el mérito de eliminar a una de las escuadras que había sido calificada entre las favoritas para obtener el más cotizado trofeo de clubes del continente (y que me perdone la gente de la Concacaf, pero lo es). Eso da cuenta de un atributo extra: creérsela.
1-1
Jorge Valdivia, el jugador más gravitante de los albos en esta reciente llave de la Libertadores (basta con recordar el origen de los goles decisivos) dio otra clave: Colo Colo tiene jugadores coperos. Y este aspecto, más todo lo expuesto, constituyen la ecuación para explicar por qué el elenco de Macul está encumbrado en el plano internacional.
Convengamos en que no ha sido un gran año para Colo Colo en el plano local y que, en el internacional, ha ido notoriamente de menos a más. En el frente interno, pese a contar con el mejor plantel, no ha logrado establecer en el campeonato nacional las diferencias favorables que desean siempre los hinchas del club más popular de nuestro balompié. Agreguemos a eso su temprana eliminación de la Copa Chile. En la misma Libertadores el desempeño ha sido irregular si uno considera que clasificó casi raspando a octavos merced al empate obtenido en un partido trabajadísimo frente a Atlético Nacional en Colombia. Es difícil olvidar la derrota en el mismo Monumental ante el modesto Delfín de Ecuador. Todavía estaba el trasandino Pablo Guede en la banca.
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Segundo semestre que hasta ahora ilusiona
La segunda parte del año para el club de Pedreros ha sido diferente: con el timón de Tapia, la presencia de jugadores como Damián Díaz y Lucas Barrios, más aquellas enseñanzas del mundial a las que me referí, el cacique tuvo un segundo aire. Pese a las dosificaciones que no han dado pie para una regularidad ante los rivales del frente local, queda expuesto que en la zaga, tanto allí como en los pleitos de la Libertadores, Zaldivia, Barroso e Insaurralde son prenda de garantía; que a su vez Opazo, Carmona y Baeza, quienes usualmente giran entre la contención, el enlace y la creación, ya se consolidan; que en cuanto al tridente de oro: Valdés, Valdivia y Paredes (éste último con algunos altibajos), son insustituibles; y que en el arco Orión, cada vez que ha sido requerido, demuestra su enorme valía en un puesto que ha tenido, entre sus insignes dueños históricos, a Misael Escuti, Mario Osbén, Roberto “Cóndor” Rojas, Daniel Morón y Claudio Bravo en sus respectivas épocas.
Quizás el ajustado triunfo por el torneo nacional ante la “U” (clásico en Pedreros que desniveló un emocionado Insaurralde) y la reciente derrota (con sabor a triunfo) ante Corinthians por la apetecida Libertadores, no reflejen al Colo Colo más deseado por sus hinchas, pero sí a aquel Colo Colo que más disfruta, el que recuerda a la frase ochentera que ocupaba en un lienzo enorme su barra oficial: “fuerza, garra y corazón”.
Colo Colo le había ganado 1 a 0 a Corinthians en la cancha del David Arrelano (ver artículo anterior) haciendo un partidazo en que mereció más. Y, en la vuelta, de visita y sabiendo que la “cuenta de ahorro” no era suficiente y que su adversario saldría a presionar con todo (lo que evidentemente aconteció), protagonizó un enfrentamiento inteligente porque supo aguantar y jugo con la desesperación del rival…Recordemos que, mientras más nos acercamos a la final, más coperos son los pleitos: nadie da la más mínima ventaja, hay tendencia a hacer tiempo a conveniencia y los duelos son duros (de lo contrario habría que preguntarle a Barroso, quien quedó muy golpeado).
Por favor: no quiero centrarme en la veteranía de algunos de los principales referentes (el tema por sí solo da para un reportaje), pero Valdivia tiene razón: si varios de los referentes ya pasaron largamente el umbral de los 30 años y mantienen un buen nivel, eso siempre será una ventaja más que un problema de falta de proyección. Y esa experiencia, sobre todo en instancias decisivas de la principal contienda continental de clubes, pesa favorablemente y mucho.
En efecto, Corinthians sembró la ilusión de sus hinchas con los goles de Jádson y Roger, pero Lucas Barrios fue vital en empezar a sepultar esa ilusión y cimentar aquella de los albos, que esperan una hazaña similar a la de 1973 y, sobre todo, a la de 1991. En 1997 se estuvo cerca de la gloria (semifinales) y, 21 años después, existe la posibilidad real de igualar esa marca y superarla. El húngaro Platko hubiese pensando en sacarle partido a la estrategia, el igualmente recordado Luis Álamos y el trasandino Borghi habrían apelado a la belleza, el croata Jozic a la concentración y el paraguayo Benítez a la disciplina. Esa conjunción, más la garra tradicional del club popular, es la fórmula ideal que nos permite ilusionarnos.
Santiago y Sao Paulo nuevamente serán las ciudades decisivas, pero la instancia es distinta: cuartos de final, y el rival también. Ya pasó Corinthians; y, si Colo Colo llegara a adjudicarse la llave, Palmeiras también será parte del pasado.