Dicen que escribir es un camino de sanación. Dicen que escribir es enfrentarse a tus demonios. Dice que escribir es reescribirse a sí mismo y tal vez al fin entender. ¿Entender qué? Se dicen tantas cosas y no se dice nada.
Lo saben bien aquellos que saben que la vida es un laberinto. Lo supo Borges, lo supo Umberto Eco, quien escribió En el nombre de la rosa. Lo supo Nietzsche con su Anticristo, que Dios ha muerto y demás.
En realidad uno avanza en la vida, se va poniendo viejo, canoso, duerme menos y mal, y descubre que cada uno no entiende un carajo, que no entiende nada.
Se supone que se hace anciano y más sabio. Es mentira, con los años la vejez te va traicionando. Te haces más lento de corazón, de mente y de cuerpo. La unidad del ser – corazón, mente y cuerpo- flaquea, va flaqueando sin remedio.
Te vas acercando al momento final, cuando cerrarás los ojos por últimas vez, y allí te ves impotente, lábil, derrotado. No hay San Pedro con Las Llaves del Reino. Tras ese umbral está la Nada. De la que viniste y adonde arribarás. No hay nada allí (estoy parafraseando -y jugando con mis palabras-, a Silvio Rodríguez), sino el fin definitivo.
Intuyo que con las sociedades pasa algo similar. Parece que todo se mueve, pero en realidad no se mueva Nada. Ya lo vio Sábato, no nos hemos movido un ápice en humanidad, sino apenas en tecnología y destrucción.
No nos hemos movido en cuidar al Otro; en cuidar y respetar a los seres amados más cercanos (sobre todo a l@s niñ@s y mujeres, el puto patriarcado que maneja el poder); en cuidar a la Naturaleza; ni en cuidar Nada que no nos de ganancias inmediatas. A ganancias económicas me refiero.
La analogía cae por su propio peso. A nuestras sociedades San Pedro no les dará Las Llaves de Reino. No habrá acceso al Cielo para Nadie.
Lo dijo el curioso Nietzsche, y lo repito: Dios ha muerto.
Y agrego para cerrar: Dios jamás ha existido y no la hará jamás.
No hay salvación neoliberal, ni en este mundo ni en el más allá.

Jorge Scherman Filer
Economista y escritor