Por Alejandra Matus

Revista Paula como se conoce desde hace 50 años, editó su último número hace unos días. Copesa finiquitará a todo el equipo y mantendrá solo el nombre, para dárselo a la otra revista del conglomerado que se dirige al público femenino, Mujer, y que circula junto a La Tercera. La nueva administración -encabezada por el ex rector de la Universidad Adolfo Ibañez, Andrés Benítez y la ex ministra de la Mujer, Carolina Scmidt- explicó que la medida es necesaria para “ponerse a tono” con los tiempos y  “potenciar sus marcas” (que incluye a Revista Qué Pasa, otra revista del holding cuyo equipo será despedido, pero sin que el nombre desaparezca).

Como era de esperarse, la noticia convulsionó las redes sociales y se levantó un gran coro en que se escucharon muchas voces lamentando lo que el cierre de estos medios significa para el periodismo nacional; otras, que pusieron énfasis en lo inevitable de estos cierres, considerando la crisis del “modelo de negocios” de las revistas impresas en un mundo digitalizado; y algunas, que se alegraron diciendo que la revista era un producto dirigido a las elites y que no tenía más valor que servir de material para pasar el aburrimiento en peluquerías y consultas dentales.

Como he sido colaboradora estable de Paula por 16 años y he sido testigo de su proceso desde los días en que pertenecía al holding de El Mercurio, permítanme compartir algunos datos y reflexiones con ustedes:

1.-Sobre el modelo de negocios: Es cierto que la revolución digital ha significado la quiebra del viejo sistema de financiamiento de la prensa escrita que vivía del avisaje y en menor proporción de la venta de ejemplares y suscripciones. Pero el análisis tiene excepciones y, algunos gerentes y directores creativos, han encontrado fórmulas para mantener vivas grandes empresas periodísticas, especialmente aquellas cuyo contenido diferenciado es altamente apreciado por sus audiencias, como The New York Times, The Washington Post, The New Yorker. En el caso en particular de Paula, el año pasado perdió 140 millones de pesos. Una bicoca comparada con las pérdidas de miles de millones de otros productos del holding. Es más, las proyecciones para este año eran azules. Por lo que sé, el equipo de dirección de Paula tenía ideas y proyectos que podrían haber levantado los ingresos, sin sacrificar el equipo ni el contenido periodístico, pero nunca le pidieron la opinión, ni lo invitaron a las reuniones en que se decidió la suerte del medio.

El actual director de director de Negocios y Editorial de Grupo Copesa, Andrés Benítez, ha dicho que no entiende el pesar por la desaparición de Paula, porque “es justamente lo contrario. Paula pasa a circular todos los domingos con La Tercera, lo que significa que aumenta su frecuencia a semanal -hasta ahora era quincenal- y aumenta su circulación en más de siete veces”. Lo mismo se les dijo a los suscriptores en una carta que se distribuyó el viernes. ¿Por qué llorar? ¡Alegraos! Fue el mensaje. Lo que me lleva al segundo punto.

2.-No es lo mismo Paula que Revista Mujer. Y lo que sucederá a partir del domingo es que la Revista Mujer, que como el propio Benítez reconoce, tiene el sello puesto “en las tendencias, en la moda, belleza y salud, cocina y otros”, se pasa a llamar Paula. Pero eso no convierte a la primera en la segunda, porque su estructura de funcionamiento es muy distinta. Es cierto que Paula también tenía muchas páginas dedicadas a moda, tendencias y cocina de vanguardia, que eran las que atraían el avisaje, pero con una diferencia clave: el contenido periodístico de Paula no se definía en torno a un diseño de marketing. En buen chileno, no estaba hecho para acompañar a los avisos. Al revés, la idea era que las campañas publicitarias generaran recursos para dar libertad y vuelo a la pauta periodística. Incluso, en el último tiempo las direcciones periodísticas y de avisajes trabajaron a la par ideando estrategias que le dieran sustentabilidad a la revista, pero sin poner a las periodistas (eran fundamentalmente mujeres) al servicio de los avisos. Por eso, por más que a Mujer le pongan Paula, va a ser muy difícil que tengan el mismo sello periodístico.

3.-¿Y a quién le importa el periodismo?, dirán algunos. Ya se sabe y se ha recordado en las redes sociales, que la primera directora de la Revista, la gran Delia Vergara, puso el tema de la píldora anticonceptiva y cuestionó el papel tradicional que se le daba a la mujer ya en la década de los 60. Ese pasado es relevante y hay que honrarlo. Pero me parece que lo más importante es que, salvo algunos años de oscuridad en dictadura, la revista Paula siguió abordando temas de importancia y relevancia social, especialmente para las mujeres, hasta el último número. En lo personal, comencé a colaborar con la Revista en 2002, cuando la directora era Paula Recart y aún pertenecía al conglomerado de la familia Edwards, y continué cuando la revista fue comprada por Copesa y asumió como directora Milena Vodanovic y participé en su último número, que cerró ayer bajo la conducción de Constanza López. En estos dieciséis años escribí sobre actos de pedofilia en la Iglesia Católica cuando el tema aún no estallaba en Chile; sobre abusos de menores y violencia intrafamiliar en familias ABC1; sobre las huellas que dejó Colonia Dignidad en los niños que crecieron en ella; sobre una pareja de lesbianas que se casó en Canadá, cuando en Chile era imposible siquiera tocar el tema; sobre la vida y los dolores de Nábila Rifo, cuando aún había quienes la culpaban a ella por el ataque que sufrió. En casi todos, hubo dilemas profesionales, éticos y legales que resolver, pero siempre encontré en ese equipo la voluntad de resolverlos a la luz de los más altos estándares periodísticos. No he tenido editoras más difíciles y desafiantes que en Paula, y ese era el orgullo de escribir ahí.

4.-Sobre la supervivencia de los equipos: el periodismo, aunque no se vea desde afuera, es un trabajo fundamentalmente colaborativo. Requiere del esfuerzo, profesionalismo, tenacidad no sólo de quien firma un artículo, sino desde la dirección a la secretaria. Y pasa por muchos momentos importantes: desde la pauta, a la corrección de pruebas. Que los equipos se muevan como un solo cuerpo, con una voluntad común, en un medio ambiente turbulento como es la actualidad en cualquier circunstancia histórica, no es fácilmente replicable. Paula había conseguido un estilo macerado en 50 años de existencia y es lo que ahora se pierde de un plumazo.

5.-Sobre el origen social de su audiencia. Los pocos que no lamentan la pérdida dicen que era una revista cuica, para pasar el rato en la peluquería. Primero habría que decir que cualquier expresión escrita es elitista, porque deja fuera a un porcentaje importante de la población que no lee con la suficiente pericia como para entender buena parte de lo que se publica en revistas y diarios. ¿Significa eso que hay que abolir la palabra escrita y quedarnos solo con las expresiones orales o audiovisuales? La discusión -que puede ser larga- es bizantina. Los periodistas tenemos la obligación de promover los puntos de vista más amplios y plurales posibles, en los medios en los que estemos, en el marco de su línea editorial. Sería, en ese sentido, injusto culpar a Paula de no abordar ciertas contingencias políticas, pues no se encuadran en su línea editorial. Pero si Paula tenía una audiencia elitista, conozco pocos medios que desafíen a sus lectores con la valentía que lo hizo Paula, publicando en sus páginas temas que eran resistidos fundamentalmente por ellos. El valor que eso tiene para la democracia es enorme. Y si esa contribución se producía siguiendo un hilo en las redes sociales (donde Paula también brillaba) o en una peluquería, pues que fuera.

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