Por Gonzalo Figueroa

Primero que todo (valga el “lugar común”), el título no es casual: es una
especie de homenaje que le hago a la Revista Deporte Total, a propósito del
titular suyo en un ejemplar de 1982 sobre un clásico entre Colo Colo y
Universidad de Chile.

En lo que concierne al primer derby de nuestro fútbol en este 2018, rescato
inicialmente las declaraciones de Juan Cristóbal Guarello y de Sergio
Vargas por radio ADN durante el entretiempo del pleito jugado este domingo
15 en el estadio Nacional “Julio Martínez Pradanos”: “…este partido no
terminará con 22 jugadores en cancha”, vaticinaron los “tenores”. Aquel
factor es el primero para explicar lo que ocurrió al final: tres expulsados
(Beasejour y Reyes por el equipo del chuncho; Opazo por el team del
cacique). Los antecedentes del lapso inicial, de por sí, no eran
halagüeños: siete tarjetas amarillas. En el complemento se sumaron seis más
y las rojas referidas.

El segundo factor (vinculante con el primero) es el descontrol de los
jugadores, pero sobre todo el de los de la “U”. No pretendo, sin embargo,
quedarme pegado en la caricatura de sustentada en el “encontrón” entre
Beausejour y Pinilla, y tampoco en el desempeño arbitral de Roberto Tobar
(el que, con aciertos y errores, da para un análisis más detallado). ¿Qué
hizo Colo Colo para ganar? Nada del otro mundo. ¿Qué hizo la “U” para
perder? Después del gol tempranero de Pinilla, en lugar de seguir
presionando se echó atrás y cayó (y perdió, claro) en la lógica de la
“choreza”.

Es cierto: a los diez minutos ganaba 1 a 0 y, entre los albos, ya estaban
amonestados Baeza y Zaldivia.  Dicho de otro modo, cuando debía seguir
encajonando al rival y mantener la serenidad, retrocedió, permitió la
irrupción del nerviosismo y, en consecuencia, eligió el camino erróneo:
responder a las “chuletas” o incitarlas. Da lo mismo si el primer foul
fuerte fue de Baeza o del mismo Beausejour.

Si la escuadra universitaria completa hubiese mantenido las enormes ganas y
mejor fútbol del joven Araos (en cuyas destrezas deben estar puestos los
ojos del entrenador de la selección, Reinaldo Rueda), los titulares de los
medios informativos hubieran sido otros. El brasileño Vaz tuvo un buen
cometido general en el primer tiempo. Cuando Paredes detectó sus
debilidades (o, mejor dicho, su desconocimiento acerca del rival a marcar y
cierta lentitud) y las del resto de la defensa adversaria, el zurdo
goleador que juega con el engañoso número 7 en su camiseta (antiguamente
atribuible al puntero derecho), fue letal para las pretensiones azules.
Pero lo fue tal como ha ocurrido en lo que ha transcurrido de 2018: sin
sobresalir en demasía (la única diferencia fue su superada sequía temporal:
marcó el primer y el segundo goles). ¿Valdivia? Asistencias en el segundo y
el tercer tantos. ¿Valdés? Casi nada de lo que mejor sabe

Y me cuelgo del ya clásico goleador del cacique porque (insisto) Colo Colo
ganó sin brillar. Después del error inicial, paró bien al equipo atrás, fue
más ordenado  y bastaron algunos claros (“regalos” del adversario) para
concretar sus tres tantos. ¿Sus protagonistas principales allí? Para
variar, los citados Paredes y Valdivia. ¿Qué ocurrirá cuando no estén?
¿Volverán Vidal y Barrios?.

*Estrategias, motivaciones, claves del partido y proyecciones*

Guede se salva porque es “hombre de pizarra” (como dicen algunos
comentaristas): lee bien las proyecciones de esta clase de partidos antes
y, cuando hay problemas en el transcurso de éstos, las lee mejor. Las
miradas más sensatas entre los hinchas del club popular pronostican algo
parecido a un despegue a contar de ahora, más allá de la idea en caliente
del técnico argentino en el sentido de que a “U” lo “salvó una vez más”. Lo
que viene en el ámbito interno, quizás, casi da lo mismo: el campeonato es
largo y, en efecto, quedan 21 fechas.

¿Hoyos? Un gran motivador que en los clásicos se diluye por falta de
reacción y cambios a destiempo.  No son pocas las voces que han señalado
que Guerra y Schultz debieron haber entrado antes en el partido del
domingo. Aunque suene raro exponerlo como cierre de un párrafo, la campaña
de Universidad de Chile ha sido casi perfecta en el plano local.

En una mirada enfocada más en el plano internacional, el próximo rival del
cacique en la Copa Libertadores es Delfín: a principios de mayo y de
visita. Algunos dirán: “una pequeña bestia negra”. ¡Ojo!, que el panorama
ahí está igualmente difícil dada las mejores posiciones de Atlético
Nacional y Bolívar en el grupo respectivo, más la irregularidad del
representativo nacional.

En el caso de los universitarios hay un mejor desempeño en la Libertadores.
Las miradas están centradas en Cruzeiro: jueves 19 en el estadio Nacional
por el más importante torneo de clubes de nuestro continente. ¿Podrán
resarcirse psicológicamente los azules después del todavía fresquito (y
analizado aquí en este artículo) 3×1 propinado por Colo Colo?

Creo, en todo caso, que fue un buen partido el clásico, básicamente por sus
emociones aunque la brusquedad lo enredó un tanto. Primo lo psicológico por
sobre lo estratégico y, estos dos aspectos a su vez, por sobre el fútbol de
alto vuelo.

La rusticidad no es una buena estrategia, pero cuando se acompaña de la
experiencia de los “elegidos” y los “obsequios” del rival, puede sacar
sonrisas. Algunos dirán ahora: ¿De qué crisis me hablan?”.

Ésas fueron las claves del partido. Nada más.

 

*Gonzalo Figueroa CeaPeriodistahttp://gonzalofigueroacea.blogspot.com/
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