Por Gonzalo Figueroa C.

Seré directo y descartaré todo rebuscamiento teórico para referirme al desempeño de la selección chilena en sus dos recientes partidos amistosos, los primeros de la era del colombiano Reinaldo Rueda como “deté”: positivo es el adjetivo que resume todo.Independientemente de la jerarquía de las escuadras adversarias (me permito un comentario al margen: Dinamarca me generó una mejor impresión que Suecia): si éstas están en un nivel A, B ó C, o presentaron un equipo A, B ó C, lo relevante es que me gustó como se plantó Chile en ambos duelos, sobretodo en Estocolmo el sábado 24. 


No se trata de comparar con el mejor equipo que pudo haber parado más de alguna vez Sampaoli (quien, dicho de paso, no lo está pasando bien hoy con Argentina) o Bielsa, pero el hecho de ir al frente, salir a presionar arriba, acudir al área rival con peligro la mayor cantidad de veces posible, es también parte de la “vocación Rueda”. Aunque hayan sido dos partidos de fútbol amistosos, el caleño demostró que su libreto es similar al de los mencionados técnicos trasandinos que adiestraron a la “roja de todos”. Eso brinda tranquilidad.
Es cierto que los suecos empataron segundos después (desatención defensiva que aprovechó Toivonen) tras el gol de Vidal (minuto 22), pero hubo escasas aproximaciones de peligro al arco de Herrera. Las actuaciones de Maripán y Roco dejaron instalada la idea, algo mañosa por su argumentación parcial, de que los centrales deben ser sí o sí muy altos (ambos se empinan sobre el metro 90 de estatura), pero la altura no puede suplir la agilidad. No obstante la actuación de la dupla fue aplaudida. “Un frontón” consigan los hinchas de vocabulario más simple.

A la falta de fineza, de mayor involucramiento o, sencillamente, de protagonismo de Sánchez, Aránguiz y Vargas (circunstancial, creo yo), no obstante el habitual pundonor de los tres, irrumpieron la claridad y todas las ganas, en los tramos finales del partido, de Castillo y Bolados, el autor del definitivo 2 a 1, ya en en la agonía.


Dinamarca

En el partido contra Dinamarca, en Aalborg el martes 27, se repitió un tanto el esquema pero con más aproximaciones de los locales. Chile sufrió: Herrera fue gran figura, sino la mejor. El adversario tuvo en el portero Schmeichel, Cornelius, Eriksen, Braithwaite, Sisto y Shöne a sus jugadores más destacados. Maripán -tan bien en el primer duelo- tuvo más de algún contratiempo. 

Así como algunos consagrados no estuvieron a la altura de lo que se espera de ellos ante Suecia, Medel siguió la tendencia pero igualmente sus ganas no se quedaron en los camarines, lo que siempre se agradece. En cambio, Paulo Díaz, Hernández, Sagal y, nuevamente, Castillo, sobresalieron en un Chile que fue de más a menos. En comparación al partido con Suecia, Vidal no se notó y Alexis volvió a hacer distinguibles sus atributos más elogiados. Pero, pese a que hubo ocasiones de lado y lado, el tanteador no se movió. En el análisis global de los dos partidos mención aparte, entre los experimentados, merecen Beausejour e Isla.

Age Hareide, el entrenador danés, sostuvo que Chile es el mejor equipo que ha enfrentado desde que se hizo a cargo del seleccionado europeo hace un par de años. Hay que valorar esas palabras. No es confiarse, sino considerarlo con la mesura que corresponde: falta un año y fracción para la Copa América de Brasil y, cuatro temporadas, para el mundial de Qatar. Es cierto: faltaron jugadores importantes y que debiesen seguir como titulares fijos. ¿Bravo? Cuento aparte. ¿Valdivia, Paredes, Valdés, Pinilla o Fuenzalida? Vienen de vuelta, pero…¿Por qué no? 

El próximo examinador será otra escuadra mundialista: Polonia, el 8 de junio. Hay tiempo para observar, convocar y probar. Por de pronto, el consejo es actuar con la mesura debida. Empero hay tranquilidad y optimismo.