Como sociedad tan moderna vivimos tiempos de múltiples contrasentidos. Obviamente se observan estados y niveles de desarrollo, de progreso. El buen uso de la inteligencia hace posible esos logros a escala mundial, pero se acusa -y se habla- también de una sociedad humana contrahecha.

Una expresión de uso frecuente en Chile es ‘ calidad de vida ‘, está en declaraciones de gobiernos, parlamentos y otras instituciones. Suele acontecer que de tanto decirla se hace vana palabra. También hay serias dificultades para señalar qué se entiende por tal concepto.

A cada paso se constata que los derechos de las personas, de los seres humanos ‘ urbi et orbi ‘ se vulneran, así sucede con los niños, los jóvenes, los trabajadores, las mujeres y los ancianos. Nadie escapa en particular en nuestro país al atropello, a la negación de sus derechos. Existen declaraciones ‘ oficiales ‘ además, que proclaman que como país vamos en pos del desarrollo – un mandatario llegó a decir que ‘ estamos en el umbral ‘ de esa cima – , tal vez quiso decir de su situación personal, o de su clase social. 

Impacta en estos días observar en televisión que un niño se transforma en publicista de una entidad bancaria, otros menores suelen aparecer como personajes en telenovelas, expresiones éstas de franca mediocridad, porque de arte, nada. En ambos casos se trata de una manifiesta vulneración de los derechos de la infancia.

La Convención sobre derechos del niño, consagrada por Naciones Unidas data de 1989, es un acuerdo internacional reciente. En el mundo por siglos los menores de 18 años han sido objeto de atropellos, de brutal explotación hasta la esclavitud. Hoy las cosas no parecen tan distintas. En Chile niños y jóvenes sin escuelas, carentes de atención médica, obligados al trabajo, y objeto de una serie de maltratos institucionales – entiéndase SENAME, cárceles y otros organismos -.

La decadencia ha instalado su cetro en la sociedad. La mencionada televisión chilena, que debiera cumplir un rol de alto mérito, es la negación de ese objetivo, es la suma expresión de una feroz mercantilización de los canales que conduce a la chabacanería que el medio cada día proyecta. Es lo que prevalece. 

Lo que la escuela hace por la mañana, la televisión lo deshace por la tarde.

Carlos Poblete Ávila, Profesor de Estado